El psicólogo social analiza cambios culturales, pérdida de juego libre, crisis de atención y nuevas regulaciones educativas que buscan proteger desarrollo juvenil frente al entorno digital

Por: Redacción COSAS

En Estados Unidos, el debate sobre infancia y tecnología tomó fuerza tras la publicación de La generación ansiosa, libro del psicólogo social Jonathan Haidt, profesor en la Universidad de Nueva York, cuyas ideas influyen hoy en políticas públicas, normas escolares y decisiones familiares relacionadas con uso de teléfonos inteligentes, plataformas sociales, autonomía infantil y bienestar emocional, en un contexto donde legisladores, docentes y padres buscan respuestas frente al aumento de ansiedad, depresión y problemas de concentración entre menores.

Jonathan Haidt sostiene La generación ansiosa, donde recuerda que “a los 5 años, el cerebro humano tiene el 90 por ciento de su tamaño adulto y tiene más neuronas que cuando seas adulto”, subrayando la importancia del juego temprano.

Durante la conversación con el periodista Ezra Klein, Haidt recordó el rol biológico del juego en el desarrollo humano. “La infancia es la respuesta de la evolución a la pregunta: ¿Cómo se puede tener una criatura cultural con un cerebro grande?” explicó. Luego añadió: “Tienes que jugar mucho. Tienes que practicar todo tipo de cosas —todo tipo de maniobras y habilidades sociales— para decirle a tu cerebro cómo configurarse para tener la forma adulta.”

El académico subrayó la importancia de la plasticidad cerebral temprana: “Si te centras en el desarrollo cerebral, especialmente en una especie cultural de cerebros grandes como la nuestra, existe un período plástico en el que las cosas entran y moldean quién eres.” Y advirtió sobre consecuencias de limitar experiencias físicas y sociales: “Pero si no juegas en la infancia, no vas a llegar a la edad adulta adecuadamente.”

Sobre datos neurológicos, precisó: “a los 5 años, el cerebro humano tiene el 90 por ciento de su tamaño adulto y tiene más neuronas que cuando seas adulto.” Además detalló cómo la repetición moldea conexiones: “Y como dicen los neurocientíficos, las neuronas que se activan juntas se conectan entre sí.”

Del juego entre amigos al teléfono

Klein evocó su niñez con libertad para moverse en grupo, mientras Haidt señaló que ese modelo fue norma histórica: “Así es como siempre ha sido la infancia humana.” También criticó la sobreprotección moderna: “Pensamos: «Los secuestrarán. No podemos dejarlos ir a otro pasillo del supermercado. O a un hombre con una furgoneta blanca… todas estas locuras llegan en los 90».”

Miradas fijas en la pantalla, notificaciones constantes y la impaciencia típica de la era digital.

Según el investigador, la crianza cambió de forma brusca durante esa década. “Hay una gráfica extraña en el libro que muestra la cantidad de horas que las mujeres dedican a la crianza de sus hijos”, indicó, destacando un aumento marcado del tiempo parental directo, acompañado por menor autonomía infantil.

Sobre la idea de “tiempo de calidad”, fue tajante: “Definitivamente no es cierto.” Luego explicó qué sí resulta esencial: “Necesitas una relación cálida, de confianza y amorosa. Necesitas brindar estructura, orden y disciplina.” También alertó sobre efectos en adultos: “Así que sí, la crianza moderna no es buena para los niños, y ciertamente no es buena para los adultos.”

Pantallas, redes sociales y salud mental

El punto de inflexión, según Haidt, llegó con dispositivos móviles conectados permanentemente. “Es la transición a una infancia basada en teléfonos inteligentes y tabletas. Fue entonces cuando todos los indicadores de enfermedad mental comenzaron a aumentar, alrededor de 2012 o 2013.”

Durante la grabación del podcast, Haidt reflexiona sobre infancia y tecnología mientras comenta que “es simplemente malo que las adolescentes publiquen constantemente fotos de ellas mismas en Internet para que otras personas las califiquen”.

El especialista diferenció tipos de uso digital. Recordó experiencias de videojuegos compartidos y contrastó con dinámicas actuales: “Mientras que las chicas están solas en su cuenta de Instagram. Puede que se rían de un meme o algo así, pero no comparten la risa.”

Frente a la dificultad cultural para emitir juicios de valor, defendió una postura directa: “Es simplemente malo. No quiero que estés mirando la pantalla todo el tiempo. Creo que no es la forma de ser humano”.

Atención en riesgo

El deterioro de la concentración preocupa especialmente. “Creo que subestimé enormemente el daño que está ocurriendo”, reconoció. Distinguió entre consumo pasivo y uso interactivo: “Una pantalla táctil es un dispositivo de entrenamiento conductual.”

Explicó el mecanismo: “recibes un estímulo, das una respuesta y luego obtienes una recompensa, que te da un poco de dopamina y te hace querer hacerlo una y otra y otra vez.” Concluyó con advertencia clara: “Así que una pantalla táctil puede entrenar a tu hijo como un entrenador de circo puede entrenar a un animal.”

Absorbido por la pantalla, mantiene la mirada fija y el cuerpo quieto, atrapado en un flujo digital que no suelta su atención.

El diagnóstico final resultó contundente: “Pero nuestros hijos son la generación menos próspera que conocemos, sin duda en la era moderna.” Aun así, destacó un dato revelador: “el 50 % de la Generación Z dijo que preferiría que TikTok nunca se hubiera inventado.” Según explicó, muchos jóvenes sienten dependencia, junto con miedo al aislamiento social.