Mercado de votos: acostumbrados a sus certeros estudios sobre la sociedad y el consumo en el Perú, esta vez Rolando Arellano, gurú del marketing, se sumerge en las pantanosas aguas de la política local. Enseguida analiza el actual panorama electoral a la luz de “Vamos a comprar un político”, su más reciente libro.

“Le damos más importancia a la compra de un refrigerador que a la elección de un presidente”, asegura Arellano.

“Le damos más importancia a la compra de un refrigerador que a la elección de un presidente”, asegura Arellano.

En tu libro “Vamos a comprar un político” desarrollas un ejercicio comparativo entre comprar un bien y elegir una autoridad. En el primer caso, sostienes que hemos aprendido bastante y estudiamos muy bien la compra de una refrigeradora o un auto. Viendo el actual proceso electoral, ¿cómo definimos nuestra elección?

Somos poco estructurados. Ponemos más cuidado en la elección de un electrodoméstico que en algo mucho más importante como es quién va a administrar los bienes de todos nosotros. Se demuestra en las elecciones: la elección depende del humor con el que nos levantamos. Y eso no ocurre cuando quieres comprar una refrigeradora, tú no te levantas y dices: “Hoy me compro una refrigeradora grande y de marca desconocida”. Nos falta madurar mucho en el tema político. Tenemos un aprendizaje en el consumo, pero no en lo que es y significa la democracia.

 ¿Por qué tenemos un electorado inmaduro?

Se ha generado un círculo vicioso de oferta y demanda. Lo que vemos ahora es que se tiende a echar la culpa a los propios candidatos. Decimos: “Cómo es posible que no tengamos candidatos adecuados”. Pero resulta que tenemos esos candidatos porque el electorado no exige otra cosa. El problema nunca se mira por el lado de la demanda. Siempre se mira por la oferta. Y creo que la solución no va por tener mejores candidatos, sino que va más bien porque la gente exija más a estas personas. Es lo que llamo la “alfabetización democrática”.

En tu libro defines “política” como “la búsqueda del bien común”. ¿No sabemos vivir en sociedad?, ¿no apreciamos las cosas comunes?

Debemos entender que el Perú es una sociedad nueva y distinta, y que no tiene más de unos treinta años. Es una sociedad que se está formando fundamentalmente sobre la base del individualismo. Los últimos años de crecimiento son tales porque cada uno de nosotros ha hecho lo posible por proteger a su familia y hacer empresa. La única forma de sobrevivir y crecer ha sido cuidarse uno solo y olvidarse del resto. De hecho, la informalidad es el símbolo más grande. Decir: “Mira, yo no pago impuestos que son para todos porque esa plata la voy a usar para mí. Y voy a construir mi casa donde pueda, y si eso genera un problema para el resto, no pasa nada. Y voy a meter mi carro y si el otro no puede pasar es su problema. Es una sociedad que se ha ido formando en un sentimiento individual. Detrás de todo no hay estructuras, no hay Estado ni un gobierno que controle. Esto ha generado que hasta ahora el crecimiento haya sido dado en grupos pequeños: mi familia, y eventualmente mis primos, mis amigos. Por ello, no tenemos un sentimiento de nación todavía. Aún está por formarse, así como el sentido de bienes comunes.

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“Se dice que los peruanos y los latinos somos machistas, pero la verdad es que somos mucho menos machistas que en Estados Unidos, donde por primera vez se ve la posibilidad de que una mujer siquiera sea candidata presidencial”.

¿Cómo elige el peruano a su candidato? En tu libro das a entender que espor razones emotivas o estéticas.

En parte sí. Porque si tú analizas todas las opiniones y preguntas sobre el porqué un elector votaría por las nuevas opciones, tipo Guzmán, encuentras que es porque es joven, o porque simplemente no lo conozco, es nuevo. Eso es absolutamente irracional. El hecho de que sea nuevo es absurdo. En el otro extremo, ¿por qué votarías tú por Keiko? Bueno, porque su papá hizo esto o aquello. Está bien. ¿Y ella? O sea, ¿porque yo quiero a su papá traslado el voto? No hay una racionalidad en esa respuesta. Lo mismo sucede en el caso de la mayoría de candidatos. ¿Por qué no voto por Alan? Porque se le puso un sobrenombre y eso borró todas las opciones. Si tú analizas, todo es muy irracional.

En el caso de Keiko: ¿el electorado está eligiendo en función al pasado o el hecho de que sea mujer tiene peso?

Creo que el elemento central es el pasado, una cierta garantía, entre comillas, de lo que se hizo antes. Incluso, obviando lo que ella podrá hacer después. Eso tiene mucho que ver con que no hay mejores opciones. En el fondo, hasta el caso de Keiko es más un voto de excepción que de opción. Lo que sucede es que si la gente tuviera opciones, diría que prefiere un grupo con un pasado libre de corrupción. Pero dentro de las opciones que tengo esta es la que yo considero menos mala.

¿Puede una mujer llegar a ser presidente en el Perú?

Absolutamente. No solo en el Perú, el mundo ya está preparado. Siempre se dice que los peruanos y los latinos somos machistas, pero la verdad es que somos mucho menos machistas que Estados Unidos, donde por primera vez se ve la posibilidad de que una mujer siquiera sea candidata. La participación de la mujer en el Congreso de ese país no llega al 20%, y en cambio en el Perú estamos por el 40%. Se tienen candidaturas donde toda la plancha es de mujeres, y ningún partido va sin plancha donde esté la figura femenina. El Perú es un país mucho más matriarcal de lo que pensamos.

Conoce más del análisis de Arellano en COSAS 588.

Texto: Tito Casto
Fotos: Edward Alba