Conversamos con el creador de The Florida Project, el filme que, desde la perspectiva de los niños que actúan en él, cuenta la historia de Moonee y Halley, una pequeña de seis años y su madre. Ellas sobreviven en The Magic Castle, un motel morado con forma de castillo, en Orlando, tan cerca y tan lejos del paraíso de todo niño: Disney. La cinta, que le ha valido a Willem Dafoe su tercera nominación a Mejor Actor de Reparto en los Premios Oscar, se estrena en el Perú el 22 de febrero.

Por Vania Dale Alvarado

Sean Baker

Después de que a Sean Baker se le ocurrió filmar una película entera con varios iPhone, su nombre empezó a sonar fuerte en los círculos especializados del cine alrededor del mundo. Desde su primera proyección en el Festival de Sundance, Tangerine, su quinto filme, que narra la singular historia de dos trabajadoras sexuales transgénero de los barrios bajos de Los Ángeles, cosechó excelentes críticas y fanáticos por su originalidad y atrevimiento.

Una reacción similar ha generado The Florida Project. El encanto del filme radica, esta vez, en la cuidadosa selección de un elenco, que, en su mayoría, está conformado por actores sin experiencia, con la excepción de Willem Dafoe, quien aporta el toque justo de expertise a la cinta; y también en la atinada decisión de filmarla en 35 mm, un formato que, como contó Baker en esta entrevista y al contrario de lo que podría pensarse, fomentó la disciplina en los actores primerizos. “La gente piensa que trabajar con niños es una receta para el desastre, y que combinarlo con 35 mm, definitivamente, representa un problema; pero ocurrió lo contrario: fue la manera perfecta de mantenerlos concentrados, porque lo volvió real para ellos, que han crecido en un mundo digital”. Además de todo eso, está el universo de colores pastel en que se desarrolla la historia –cortesía de Alexis Zabé, director de fotografía de la película, y a quien Baker dice admirar tremendamente–, las locaciones que parecen sets de grabación creados especialmente para la cinta, pero que son reales; y, por supuesto, una trama que no deja indiferente a nadie, pero que no toma el a veces tedioso camino del aleccionamiento, sino el de la empatía.

Sean Baker

En “The Florida Project”, Willem Dafoe da vida a Bobby, el encargado de The Magic Castle. A Brooklynn Prince, su fabulosa interpretación de Moonee la hizo acreedora al premio a Mejor Intérprete Juvenil en los Critic’s Choice Awards.

Dijiste que no esperabas nominaciones al Oscar. ¿Por qué?

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Estoy muy feliz de que Willem (Dafoe) haya sido nominado, y de que Get Out, Phantom Thread y Dunkerque también, porque siento que son las películas más fuertes del año. Al mismo tiempo, reconozco que en este proceso todo se trata del dinero puesto en la campaña y de que la gente tiene que haber visto la película para votar, y yo sé que no hay suficiente gente que la haya visto. Ojalá eso cambie con la nominación de Willem, pero, en primer lugar, nunca hice este filme para ganar premios, lo hice por otras razones, así que nunca esperé nominaciones, y, por lo tanto, no estoy decepcionado (ríe). Es gracioso, porque algunas personas sí las esperaban… algunas de mi equipo, incluso, estaban muy molestas. Mi agente, por ejemplo. Yo le dije: “¿Cuál es la gran cosa? ¡No hay problema!”. De hecho, creo que es cool, porque en veinte años la gente podrá ver la película y decir, tal vez: “Esta debió estar nominada”. Cuando pienso en mis cintas favoritas, me doy cuenta de que ninguna fue nominada, así que estoy en buena compañía (ríe).

¿Has experimentado alguna disyuntiva entre el mensaje que quieres dar y la libre expresión de tu arte?

No, no hasta ahora, pero tengo que decirte que definitivamente es algo que está en mi mente. Por ejemplo, si quisiera que la historia de mi próxima película no tuviera que ver con una problemática importante más que con un personaje particular, me pregunto cómo lo tomarían los críticos y la audiencia ¿Dirían: “¿por qué Sean ya no trabaja con sujetos marginales? ¿Acaso no le importan más?”? Esa es una interrogante que tengo todo el tiempo. No quiero ser pintado como el que se centra solo en personajes marginales, así no es como hago mis filmes. Todos vienen de diferentes inspiraciones orgánicas. No es mi intención buscar el siguiente, porque, en realidad, sería insultante si yo dijera: “Ok, ¿cuál es el próximo grupo de personas marginadas que debería tomar en cuenta?”. Así que sí me he cuestionado durante mucho tiempo cómo reaccionaría la gente ante una película mía que no hiciera eso. Va a ser algo interesante de ver.

Sean Baker

La película no solo expone la problemática de los “indigentes ocultos”, personas que se vieron obligadas a vivir en moteles a raíz de la crisis hipotecaria de 2008, sino que es una celebración de la niñez y la amistad.

¿Cuán difícil y cuán satisfactorio es ser un director independiente?

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Estoy muy feliz de poder hacer las películas que quiero hacer y ser reconocido lo suficiente como para conseguir financiamiento. Creo que es más de lo que podría pedir: que me paguen por hacer mi arte. ¿Cómo podría ser más afortunado? No quiero trabajar para los grandes estudios ni para nadie que me imponga cosas. Si no tengo el corte final en mis filmes, entonces no quiero hacerlos. Eso es lo que creo que no me permite subir la vara en esos términos, y me refiero a que no creo que termine haciendo una película de Marvel, por ejemplo, simplemente porque no puedo delegar mi corte final, por eso es que estoy –digamos– atrapado en esta instancia.

Es decir que si Netflix te llamara mañana para hacer una película, dirías que no.

¡Oh, sí! Definitivamente diría que no. Aprecio mucho a compañías como A24, Magnolia o Sony Pictures Classic que aún creen en esta experiencia comunal y única de ver una película en el cine, rodeado de extraños. Todavía creo en eso.

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