Gómez empieza su gestión al frente del museo de arte contemporáneo con un examen de autoconocimiento. El 15 de diciembre inauguró “El museo somos todxs”, un proyecto participativo en el que invita al público a cuestionarse y repensar esta institución dentro del espacio público.

Por Carlos Fuller / Fotos de Raquel Foinquinos

Nicolás Gómez Echeverri

A lo largo de su carrera como artista, Nicolás Gómez Echeverri ha realizado catorce exposiciones colectivas y seis individuales.

“Nunca vamos a ser el MoMA, el Tate o el Reina Sofía”, reconoce el colombiano Nicolás Gómez Echeverri, flamante director del Museo de Arte Contemporáneo (MAC). “Cada contexto es diferente: por la sensibilidad del público, sus instituciones, sus modelos de gestión, los artistas que tiene. No existen modelos de museo, cada uno se va definiendo de acuerdo a las redes y vínculos que desarrolla con sus comunidades”.

Justamente esa es la idea detrás de la muestra “El museo somos todxs”, que se inauguró el 15 de diciembre: recibir feedback del público. En esa misma línea, Gómez ya se ha reunido con sus vecinos, los artistas barranquinos, para detectar las fortalezas y debilidades del MAC en este momento de transición.

—En tiempos de Instagram y Pinterest, ¿sirve de algo un museo?

—Para encontrarnos como sociedad. Cierto: las redes nos ofrecen un flujo constante de imágenes de fácil acceso y de manera inmediata, pero esta es una experiencia individual. Un museo debe ser todo lo contrario: un espacio colectivo, donde se privilegien los tiempos largos y las propuestas complejas. Esa típica queja “voy al museo y no entiendo nada” es buenísima, porque demuestra que se están generando situaciones que requieren de reflexión. El flujo inmediato debe existir y es innegable: así es el mundo hoy. Pero hay otro nivel que complementa nuestra experiencia vital.

—A pocos meses de haber aterrizado en Lima, ¿cuáles dirías que son las similitudes y diferencias entre las escenas artísticas de Colombia y Perú?

—Desafortunadamente, coincidimos en que el consumo cultural es pobre en ambos contextos. No nos enseñaron a valorarlo, y las instituciones culturales tienen que hacer grandes esfuerzos para volverse atractivas. Quizá en Colombia esté algo más presente la idea de museo de arte contemporáneo. En el Perú, la línea antropológica y de patrimonio es muy sólida, pero la institucionalidad alrededor de la práctica contemporánea es una preocupación muy reciente.

—¿Te parece correcto que en Lima tengamos dos ferias de arte que prácticamente compiten entre ellas, Parc y Art Lima?

—Todo lo que implique visibilizar la creación y el arte me parece perfecto. Lo que sí me preocupa es que toda la atención mediática y del público se concentre en un solo momento del año. El desafío es generar programaciones más extendidas, en las que cada agente de la escena artística pueda tener su hora de brillar. Tomemos el ámbito académico, por ejemplo. ¿Dónde está ese momento del año en el que se discute teóricamente sobre arte, con seminarios y talleres? Las ferias generan un movimiento que es positivo, pero el arte no solo existe en abril.