Los desafíos que ha impuesto la emergencia sanitaria desencadenada por la pandemia del COVID-19 han obligado a que las grandes empresas peruanas replanteen por completo sus procesos y dinámicas. El Grupo AJE, no obstante, ya había iniciado una importante transformación mucho antes de que el coronavirus llegara a nuestras vidas. 

Por Redacción COSAS

“El compromiso con la sociedad que tenemos desde AJE es uno de nuestros pilares y lo asumimos como un deber de la empresa. Pese a la dificultad que se presentó con la cadena de distribución, en AJE priorizamos el cuidado por mantenerla, desarrollando protocolos de bioseguridad alineados a las recomendaciones del Minsa. Proteger a nuestros colaboradores y, por supuesto, a nuestros usuarios, ha sido una de nuestras principales preocupaciones como empresa responsable”, asegura Jorge López-Doriga, director global de Comunicaciones y Sostenibilidad del Grupo AJE, sobre los retos que ha impuesto la emergencia sanitaria desde el inicio de la cuarentena poco más de tres meses atrás. Los cierto es que el Grupo AJE no se quedó nunca con los brazos cruzados.

Al inicio mismo de la pandemia, cuando las fronteras internacionales se cerraron, el grupo empresarial realizó una donación de bebidas a los peruanos varados en el aeropuerto de Cancún, México. Luego, ha realizado donaciones masivas a la Policía Nacional del Perú, las Fuerzas Armadas del Perú y la Compañía de Bomberos Voluntarios del Perú (en sus sedes de Chiclayo, Huachipa, Lambayeque y Pimentel), además de a un sinnúmero de organizaciones e instituciones públicas y privadas, como el Banco de Alimentos Perú, el Indec, Cáritas Yauyos, el Consejo Shipibo Konibo Xetebo, la Dirección Regional de Salud de Ucayali y el Gobierno Regional de Loreto, entre muchos otros.

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Jorge López-Dóriga, el segundo desde la izquierda, junto con Liza Masias, directora de Desarrollo Comercial de Inkaterra; y Miguel Ángel Atausupa, de la municipalidad de Machu Picchu, quien recibió la donación de una compactadora de plásticos para dicha localidad.

¿Cómo cree que ha cambiado el concepto de responsabilidad social para las empresas más grandes en los últimos años?

Nosotros cambiamos el término “responsabilidad social”. Ese es un concepto de la Revolución Industrial. AJE tiene un compromiso social empresarial. La responsabilidad social es entendida en la mayoría de casos como filantropía, como iniciativas puntuales que realizan algunas empresas. Nosotros creemos que el compromiso social debe estar en tu ‘core business’. En Loreto hay 5 millones de hectáreas de selva amazónica donde se encuentra acumulado el 40% del carbono del Perú. Si esta selva se deforesta, mandaríamos a la atmósfera 30 veces más CO2 que los incendios de Australia.

Conservando esta selva de Loreto, logramos ahorrar más emisiones que si todas las empresas del planeta se convirtieran a una economía circular. Nos hemos aliado con el Minam para proteger esta área. ¿Cómo? Protegiendo y poniendo en valor los maravillosos superfrutos que crecen allá y que nos ofrece la naturaleza y empoderando a los guardianes de esta selva. ¿Para protegerlos qué hacemos? Bebidas de este fruto. Ese es nuestro compromiso social empresarial. No respondemos a una necesidad del mercado, respondemos a una necesidad de la madre tierra.

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“El COVID-19 representa una tragedia para todos, pero nos ha dado también la oportunidad de reflexionar y tomar conciencia sobre la necesidad urgente de cuidar el medio ambiente”, asegura López-Doriga.

Desde antes de la crisis por el COVID-19, AJE ha venido trabajando con las comunidades de diferentes localidades de la selva y la sierra para hacer productos de frutos nacionales. ¿Qué otros proyectos de este tipo tienen en mente?

La experiencia con BIO ha sido increíble. Si bien los peruanos ya conocían frutos como el camu camu y el aguaje, teníamos que ver cuál era la respuesta ante productos hechos a base de estos frutos amazónicos. Según datos que obtuvimos en un estudio de mercado, el 60% de los usuarios en Latinoamérica quiere comprar productos que protejan el medioambiente, porque lo valoran y se preocupan por él. Y, en el caso específico del peruano, está interesado en cuidar su salud y mejorar su sistema inmunológico. Estos frutos son superalimentos. Apostar por ellos significa mucho y tiene un gran impacto.

Aunque parezca mentira, su uso y comercialización pueden evitar la deforestación de los bosques en la Amazonía. Cuando una comunidad tiene ingresos y recursos, sus propios miembros protegen esa zona. Nuestro objetivo, ahora, es consolidarnos con BIO. Queremos llegar al Acuerdo de París y aportar al bienestar de la humanidad. Tenemos que proteger y cuidar la Amazonía y los bosques. Ahí está puesta toda nuestra concentración, atención y esfuerzo por el momento.

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Para AJE, el trabajo coordinado con las comunidades amazónicas es una prioridad.

¿Cuáles son los principales desafíos que conlleva desarrollar productos en las partes menos conectadas del país, como la selva o ciertos puntos de la sierra? ¿Cómo manejan esta situación?

Para AJE siempre ha sido un sueño poner en valor la biodiversidad del país. El lanzamiento de la línea BIO nos permitió alcanzar ese objetivo mientras trabajamos para proteger a la Amazonía, un espacio de suma importancia no solo para el Perú, sino también para el mundo. Liderar esta revolución natural es posible gracias a las alianzas estratégicas y el trabajo en equipo y a la coordinación con organismos del Estado. Trabajamos de la mano del Minam, que nos ha facilitado la implementación de nuestros planes de manejo con las comunidades; también con el Servicio Natural de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp), para ponerlas en valor y proteger a sus guardianes.

Trabajamos con los gobiernos regionales, las ONG y, por supuesto, con las propias comunidades a las que ayudamos para crear cooperativas con valor local; ellas son las que van a dar ese empuje al proyecto que se esté ejecutando para consolidarlo de manera exitosa. Todo esto nos ha permitido desarrollar cadenas de distribución eficientes, que incorporan el cuidado del medio ambiente. En el Perú de hoy es necesario cambiar el concepto de progreso. El progreso no es cemento, el progreso es proteger lo verde.

cocona responsabilidad social

Para el Grupo AJE, es imprescindible que en el Perú se empiece a revalorizar lo que López-Doriga llama ‘el oro verde’: los bosques y la naturaleza de nuestra región amazónica.

El Grupo AJE se formó haciendo de una crisis una oportunidad, en momentos en los que el país padecía por el terrorismo y una economía debilitada. ¿Cómo ven ahora la salida a esta crisis económica? ¿Qué lecciones nos podrían compartir?

Es cierto, los inicios de la empresa estuvieron enmarcados en una coyuntura de incertidumbre e inseguridad. La familia Añaños encontró una oportunidad en medio de esa crisis para llegar con sus productos a una población muy afectada, generando trabajo y dinamizando la economía local para ir creciendo, internacionalizarse y llegar a ser lo que es hoy AJE. Ese es el espíritu que queremos transmitir a los peruanos, recordar que las dificultades siempre van a presentarse y, con trabajo duro y solidario, podemos salir adelante, incluso de la situación que hoy estamos atravesando.

La crisis que nos plantea la situación actual, no solo con el coronavirus sino con el cambio climático, presenta una oportunidad para el Perú, y el Grupo AJE quiere liderarla. Cada vez más, el mundo pide productos naturales y biodiversos, y ePerú puede liderar este movimiento al ser uno de los países más ricos en ingredientes, superalimentos y superfrutos gracias a su impresionante biodiversidad. Ni Estados Unidos ni Europa ni China podrán competir jamás con el Perú en ese mercado.

Camu camu

“Lo que AJE ha hecho es crear un mercado de productos amazónicos donde no lo había, pero son las comunidades nativas las que han creado microempresas que transforman los frutos en pulpas para que luego nosotros las convirtamos en las bebidas que todos buscan en las tiendas”, afirma el funcionario.

¿Qué lección nos deja esta pandemia a los ciudadanos, empresarios y autoridades?

Todos hemos sido testigos de lo que esta “paralización obligada” ha significado para nuestro ecosistema. En todo el mundo hemos visto el renacer de la flora, el regreso de la fauna. Nunca hemos tenido cielos tan azules en Lima y, sin duda, hemos respirado el aire más puro en mucho tiempo. Esta pandemia viene visibilizando que los modelos establecidos por la Revolución Industrial ya no son sostenibles. Nos lo dice la naturaleza: todavía estamos a tiempo de escucharla. Es momento de revalorizar lo natural, es momento de la revolución natural.

Tenemos una gran ventaja competitiva, y es que en el resto del mundo se reconoce lo natural, lo orgánico hecho en el Perú. Nuestros bosques producen superfrutos, que en gran parte son silvestres, y que contienen todas las vitaminas, minerales y antioxidantes para poder defenderse de las enfermedades, y eso hace una gran diferencia frente a los productos agroindustriales, donde predomina el monocultivo. El Perú es el segundo país con mayor superficie amazónica y el quinto en el mundo con mayor biodiversidad. En nuestro país hay más de dos mil comunidades que viven en la Amazonía y que son, además, las guardianas del bosque. Necesitamos empoderar a esas comunidades, darles herramientas y fomentar los negocios biosostenibles. Al apostar por la producción de bebidas con superfrutos, ayudamos a evitar que la Amazonía sea deforestada, porque damos recursos e ingresos a las comunidades que la protegen.