La primera mujer en alcanzar la presidencia del Tribunal Constitucional en el Perú revela los detalles y los desafíos de un cargo en el que quiere dejar un precedente histórico para el país. “En lugar de haber madurado políticamente, estamos regresando a situaciones bastante precarias como democracia”, asegura.

Por Carlos Hidalgo Fotos de Janice Bryson y Paula Virreira

La verdad, es una pena”, dice Marianella Ledesma, presidenta del Tribunal Constitucional (TC), respecto al último capítulo de la crisis política nacional: el impasse entre Ejecutivo y Congreso por la ley, aprobada en primera votación parlamentaria, que elimina el antejuicio político del presidente, ministros, magistrados del TC, entre otros. Según esta modificación constitucional, solo los congresistas mantendrían esta prerrogativa. Sin embargo, tras las críticas severas, el tema será sometido a las opiniones de expertos en la comisión de Constitución del Parlamento, antes de la segunda votación.

“No sé si los doscientos años de vida republicana los hemos transitado en vano, porque parece que en lugar de haber madurado políticamente estamos regresando a situaciones bastante precarias como democracia”, reflexiona. Para Ledesma, no ha sido la mejor forma de salir de una cuarentena que puso a prueba las potencialidades de un ente vital como el Tribunal Constitucional. Por esos días, mientras muchos se quedaban en sus casas, algunos violaban abiertamente las restricciones y otros afrontaban lo peor.

Ledesma, como cabeza del TC, asistió a las reuniones del consejo de Estado e hizo malabares para que la máxima entidad constitucional pudiese operar de forma virtual ante la exigencia del aislamiento social obligatorio. “Por más que haya estado de emergencia, las garantías no se han perdido. Nosotros como Tribunal tenemos que estar a la vanguardia de la tutela de esos derechos”, dice. Hoy, Ledesma analiza un escenario político tan incierto como el de la salud o la economía.

Marianella Ledesma Tribunal Constitucional (2)

Trujillana de nacimiento, Marianella Ledesma es hija de Genaro Ledesma, senador y líder de la izquierda peruana de la segunda mitad del siglo XX.

“¿No siente que el enfrentamiento político por la inmunidad se debió a una mala lectura desde el Ejecutivo?”, le preguntamos. La presidenta del Tribunal Constitucional demora su respuesta uno segundos. “Por el desarrollo de los hechos, me parece que ha existido una reacción muy emocional de ambas partes, tanto del Ejecutivo como del Congreso, que al final ha perjudicado a otras instituciones que no tenemos nada que ver en la discusión política entre estos dos poderes (de aprobarse, el levantamiento de la inmunidad alcanzaría a los magistrados del TC, jueces, fiscales y hasta al defensor del pueblo). Terminamos afectados con esta decisión no como personas, sino como institución”, señala.

La comisión de Constitución del Congreso someterá las reformas a las opiniones de constitucionalistas y expertos en la materia. Si a pesar de todo ello son ratificadas en la segunda votación, prevista para los próximos meses, Ledesma no dudará en acudir a instancias internacionales.

“Eso se dará en la medida en que el Congreso avance con la segunda votación”, dice la primera mujer en ocupar el cargo más alto en el Tribunal Constitucional. Un punto aparte que ella considera una oportunidad: “Lo que yo busco es que de manera emblemática las mujeres podamos llegar a espacios como al que yo he llegado. Esto, a pesar de que el local del TC está diseñado solo para hombres”, señala, haciendo hincapié en un detalle que, podría parecerlo, no es menor. A diferencia de sus pares hombres, no hay un baño general para las magistradas mujeres. A pesar de ser presidenta, ocupa la oficina de una antecesora, Delia Revoredo.

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“Si yo hubiese querido ocupar la oficina de la presidencia, no hubiera podido”, dice con una sonrisa que disimula cierta perplejidad. “Los ambientes no hacen a las personas, pero te pongo este ejemplo para que veas que hasta la construcción de este edificio tiene una lógica masculina”.

Presidenta del TC (4)

“Veo un movimiento nuevo, dinámico, que busca reivindicar el derecho de las mujeres”, dice Ledesma sobre el feminismo en el Perú.

Padre e hija

Trujillana de nacimiento, Marianella Ledesma fue criada en medio de una curiosa conjunción. Su padre fue Genaro Ledesma, senador y líder de la izquierda peruana de la segunda mitad del siglo XX. Su madre provenía de una familia trujillana de cuño aprista. Como es fácil de suponer, la familia materna se opuso a la unión, por lo que la pareja no tuvo mejor idea que fugarse y casarse en secreto, en la playa de Buenos Aires en Trujillo, un Domingo de Ramos.

“Para mi abuelo fue una blasfemia que su hija se casara con un comunista. Era la herejía más grande, lo peor que le podía pasar”, recuerda la hoy presidenta del TC. “Mi papá siguió haciendo vida política y se separó de mi madre. Se fue a Cerro de Pasco”.

Cuando Marianella nació, su padre se encontraba preso en El Frontón. Esta constante, la del padre distante, la acompañó a lo largo de su niñez y su adolescencia. “Durante todo el gobierno militar mi padre se la pasó detenido, en prisiones, en El Sepa, en Lurigancho, por causas que él consideraba justas”, recuerda. “Tenía la práctica de defender a los trabajadores, a los sindicatos. Saber de mi padre era saber que estaba detenido”, cuenta. Poco ayudaba el abuelo materno, quien siempre que tenía oportunidad le recordaba a su madre: “Eso te pasa por haberte casado con un comunista, por haber desobedecido a tus padres”.

¿Qué edad tenía usted cuando tomó conciencia de que su padre estaba detenido por cuestiones políticas?

Habré tenido 7 u 8 años.

Marianella Ledesma Tribunal Constitucional (5)

“Tuvimos la oportunidad de encontrarnos y limar las asperezas. Creo que mi padre murió reencontrando a toda su familia, a todos sus hijos”, dice la actual presidenta del Tribunal Constitucional sobre su relación con Genaro Ledesma.

Y los reencuentros con su padre… ¿cómo eran?

Recuerdo a un hombre con barbas muy largas, que llegaba a la casa. Siempre nos enterábamos por las noticias de que estaba detenido. A veces, venía el Servicio de Inteligencia buscando información. Erala época de los gobiernos militares.

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¿Y cuándo toma conciencia de su trascendencia política?

Cuando termino la secundaria y vengo a Lima. Tenía 16 años. Era 1978 y mi papá venía del destierro, de Argentina, para ser diputado en la Asamblea Constituyente. Salíamos de la dictadura y había un movimiento social que comenzaba a empoderarse. Ahí fue cuando me di cuenta de la trascendencia política de mi padre.

Hoja de ruta

Su elección como presidenta del Tribunal Constitucional fue una sorpresa, y la calificación no es exagerada. En el Pleno del Tribunal Constitucional, Ledesma, abogada por la Universidad de San Marcos, formaba parte del denominado “bloque de cuatro” junto con los magistrados Carlos Ramos, Eloy Espinoza y Manuel Miranda, quienes votaban en conjunto en más de una causa; por lo general, en abierta discrepancia con el bloque tildado de “conservador”, integrado por Ernesto Blume, José Luis Sardón y Augusto Ferrero. Fue este último quien, siendo candidato, la propuso y su bloque, el que la eligió. Ledesma dice que la propuesta la tomó por sorpresa, pero que aceptó el reto.

“Yo puedo tener una relación fraternal y de respeto con ellos (el denominado bloque “conservador” que la eligió), pero saben cuáles son mis ideas y la mirada que debería darse desde el derecho a los casos concretos que nos toca resolver”, aclara.

¿Y cuál es esa mirada que quiere imprimir a su gestión?

Considero que el Tribunal debería ser más inclusivo. En esta gestión hemos hecho audiencias en lengua de señas, para la población que es sordomuda en el país. Tenemos noticieros en quechua, porque el 12% de los peruanos son quechuahablantes y el Tribunal también tiene que comunicar sus mensajes y sus acciones a ese porcentaje de la población. El otro aspecto es la transparencia. Ustedes han podido mirar y escuchar la deliberación sobre la inconstitucionalidad de las corridas de toros y las peleas de gallos o sobre el cierre del Congreso anterior. Queremos abrir la deliberación para que todos puedan tener una posición crítica, o no, sobre las decisiones del Tribunal.

Y, por estos días, ¿cómo se desarrolla el trabajo del Tribunal Constitucional?

Siento que hemos corrido aceleradamente en el tiempo. Hemos empezado a diseñar un Tribunal Constitucional virtual, con el trabajo remoto desde nuestras casas como regla general y con el trabajo presencial solo de manera excepcional. Queremos una institución moderna que utilice la tecnología no solo para dar un buen servicio al ciudadano, sino también para que el recurso humano no esté expuesto a contagios o a los riesgos que implica la pandemia.

Marianella Ledesma Tribunal Constitucional (1)

Marianella Ledesma guarda, como uno de sus bienes más preciados, la colección entera del diario de debates de la Asamblea Constituyente que su padre, Genaro Ledesma, le entregó luego de que se aprobara la Constitución de 1979.

Las votaciones

Usted votó a favor de declarar inconstitucional las corridas de toros y las peleas de gallos y perdió. Para usted, matar a un toro no es una expresión cultural.

Exactamente. Yo lo he sostenido. La cultura es una práctica social que se construye y, como todo en la vida, está en constante cambio. Lo que hace 500 años era una práctica, o una forma de arte, hoy ya no lo es. No considero, como persona de derecho, que uno se pueda sentir edificado viendo cómo maltratan a un animal.

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A este tribunal le ha tocado un periodo de la historia reciente bastante complejo: Lava Jato y la crisis política que devino de eso. Hay dos votaciones que llaman la atención: usted votó en contra del hábeas corpus de Keiko Fujimori, pero también contra la liberación de Ollanta Humala y Nadine Heredia.

Exacto.

¿Hay una relación entre ambos casos?

Bueno, sí. Son dos casos muy parecidos, jurídicamente hablando. Sigo manteniendo que el sistema judicial tiene que ser muy efectivo, y para eso necesita de estas medidas de restricciones de la libertad. Entonces, yo no puedo permitir que un sistema sea eficiente si es que limito el trabajo de los jueces y fiscales, liberando estas posibilidades de detención.

En el caso de Nadine Heredia y Ollanta Humala, ¿se justificaba la prisión preventiva por obstrucción a la justicia?

Para mí sí estaba bien justificada, como señalé en mi voto.

En setiembre del año pasado, usted sostuvo que le pidieron votar a favor del hábeas corpus de Keiko Fujimori, algo que no hizo, a cambio de mantenerse en el TC. ¿Se animará a dar los nombres de las personas que le propusieron eso?

Lo que tenía que decir ya se lo he dicho a la Fiscalía. He entregado todo el detalle de la información, todo lo que he podido. Es un tema complicado, porque yo tampoco ando con grabadoras persiguiendo lo que me puedan decir para registrarlo. Pero toda la información ya la entregué a la Fiscalía.

La constitucionalidad del cierre del anterior Congreso también fue un tema abordado por el Tribunal. ¿Para usted sí hubo una denegación de la confianza cuando no se votó la propuesta de reforma de ley para la elección de magistrados del Tribunal Constitucional?

Exactamente. Si bien en ese momento no hubo una votación expresa para denegar la confianza, sí hubo una votación manifiesta cuando se prosiguió con la elección de los miembros del Tribunal a pesar de que se había planteado una cuestión de confianza momentos antes.

Usted se ha declarado feminista…

Si es que el feminismo implica igualdad de oportunidades e igualdad de derecho, siempre voy a ser feminista.

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“No considero, como persona de derecho, que uno se pueda sentir edificado viendo cómo maltratan a un animal”, sostiene.

¿Cree que la comunidad LGTBI debe tener los mismos derechos que el resto de la población?

Como todo ciudadano, yo anhelo a que vivamos en un mundo de igualdad de oportunidades. Necesitamos construir un mundo más inclusivo en nuestro país.

¿Le molesta que digan que usted es una persona de izquierda?

No, no me molesta que me digan eso.

¿Pero no termina resumiéndola de una norma un tanto injusta, arbitraria?

Lo que pasa es que hay una confusión entre lo que uno puede creer y anhelar con la labor que uno realiza como juez. Lo mismo podría decir de los otros colegas, “estos son de tendencia de derecha, conservadora”. Ese estigma que le quieren colocar a una persona, porque tiene una mirada diferente, no le hace ni más ni menos respecto al trabajo que lleva a cabo. Acá no estamos calificando a las personas por sus ideas sino por los argumentos que dan cada vez que revisan un caso.

¿Qué cree que le hubiera dicho su papá de verla convertida en presidenta del Tribunal Constitucional?

Se habría sentido contento, satisfecho, pero no me hubiera dicho misión cumplida. Siempre, hasta el último día de nuestra vida, tenemos que hacer algo por los demás.