Jefferson Farfán nos recibe en su casa, mientras se recupera de su lesión de rodilla y se prepara para los partidos que la selección peruana afrontará este mes de marzo ante Bolivia y Venezuela, con el sueño de clasificar al Mundial de Qatar 2022. Veinte años después de debutar como profesional, ¿cómo siente y disfruta la vida el jugador que nos llevó a la gloria?

Por Mariano Olivera La Rosa Fotos Paolo Rally Estilismo Alexandra Carcausto

Lo primero que se tatuó en el cuerpo fue una foca. “Ya no sé si es una foca o un perro”, bromea. Lo más reciente que se ha tatuado es un león, sobre la rodilla izquierda. “Como es la rodilla que más me he jodido, dije: ‘Voy a ponerme la imagen del rey de la selva’”.

Lo primero que se tatuó en el cuerpo fue una foca. “Ya no sé si es una foca o un perro”, bromea. Lo más reciente que se ha tatuado es un león, sobre la rodilla izquierda. “Como es la rodilla que más me he jodido, dije: ‘Voy a ponerme la imagen del rey de la selva’”.

‘La Foca’ se sumerge en el agua. Pertenece a una especie en extinción, pero no está en cautiverio. Está en cuarentena; como todos. El fotógrafo dispara; inmortaliza el momento en el que una foca vestida de saco y pantalón bucea al interior de una piscina. ‘La Foca’ sale del agua. Debe cambiarse la ropa mojada. “No me demoro”, dice. Esta foca habla, pero, sobre todo, sabe jugar al fútbol.

Jefferson Farfán vive en una casa con piscina, gimnasio y canchita de fútbol. Una puerta inmensa se abre automáticamente luego de que me dan el pase por el intercomunicador. Atravieso un amplio pasillo; me topo con un auto McLaren. “Every Weapon Needs a Master”, se lee en letras negras sobre la pared del estacionamiento. Como la mayoría de futbolistas de élite, Jefferson tiene debilidad por los autos y la moda, pero no siempre pudo rodearse de lujos. Su historia es la de un hombre que soñó en grande desde chico. Y, con el tiempo, experimentó la satisfacción de ver cómo sus sueños se cumplían.

Empezando por el primero: retribuir todo lo que su madre hizo por él. “Desde que tuve uso de razón, mi mamá se sacó la mugre sola para sacarme adelante”, recuerda. “Siempre le dije que, cuando empezara a jugar, iba a corresponderle; y así fue”. Con el primer sueldo que ganó en Europa, le compró una casa y, a partir de ese punto, “todo fue bendición”.

Hoy, Jef ferson no solo encuentra satisfacción en corresponder a los suyos. De hecho, si tiene que elegir qué es lo mejor de la fama, no duda en responder: “Lo más gratificante es poder ayudar a mucha gente”. Por eso, junto con un amigo de toda la vida, el exfutbolista Roberto Guizasola, ha fundado una ONG llamada La Casa de Alejita (en tributo a la madre de Guizasola, ya fallecida), a través de la cual apoyan a niños de bajos recursos. “Eso es lo que a mí me alegra el alma”, dice ‘La Foca’ que alguna vez fue ‘Foquita’. Comenzamos.

¿Cómo vives en Lima esta época de pandemia?

Primero me agarró en Rusia. Me dio el covid allá. Estuve 28 días encerrado; me dio bien fuerte.

¿Sentiste miedo?

Sí, claro, porque pasó cuando recién empezaba el covid; prendías la tele y veías que la gente moría. Me agarró pánico: pensaba que me iba a dormir y ya no me iba a levantar.

Este año se cumplen dos décadas desde que debutaste como profesional. Si tuvieras que mirar hacia atrás, ¿con qué te quedas?

Con los momentos junto a las personas que me apoyaron desde un inicio… el profesor Óscar Montalvo (quien  descubrió su talento cuando Jefferson jugaba en las divisiones menores de Deportivo Municipal), la familia de mis compañeros del Municipal… Con todas las cosas que pasamos de niños para llegar a tener una carrera.

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¿Qué recuerdas de tu debut?

Fue contra el Deportivo Pesquero. Yo no iba a salir en lista; recuerdo que me llamaron de emergencia porque creo que se había lesionado un jugador. El ‘profe’ Jaime Duarte llamó a mi mamá, se comunicaron conmigo y fue un momento soñado. Estaba muy ansioso por debutar, tenía 16 años, y se logró.

Cuando empezaste, ¿con qué soñabas?

Con ser un jugador de élite; con estar en un Mundial. Recuerdo que el profe Montalvo me decía: “Tú vas a hacer el gol que nos lleve al Mundial”. Gracias a Dios, pude cumplir ese sueño (anotó ante Nueva Zelanda, en el playoff que nos clasificó a Rusia 2018).

¿Qué es lo más difícil que has vivido como futbolista?

Creo que lo más complicado son las lesiones. Me han tocado casi ya en el tramo final de mi carrera y las he asumido con la mayor responsabilidad del caso. Para mí, cada lesión es un reto y, gracias a Dios, nunca me han tumbado. Tengo una mentalidad fuerte, nunca he decaído, y tengo un entorno super importante que siempre me apoya; mi familia, el equipo con el que trabajo, personas que me dan fuerzas para salir adelante.

Luego de jugar en Holanda y Alemania, tomaste la decisión de ir al futbol de los Emiratos Árabes Unidos (entre 2015 y 2016 jugó en el Al-Jazira). Desde afuera, cuando un jugador se va a los Emiratos, se asume que quiere hacer caja, que simplemente quiere facturar.

Siempre se piensa eso, ¿no? Todo el mundo dice que jugador que va a Arabia se va a perder, se va a facturar. Pero hay un tema, ahora se han dado cuenta muchos: mi compañero (André) Carrillo está en Arabia y está siendo el mejor en la selección. Eso quiere decir que no por irse a Arabia uno va a perder el fútbol que tiene. Carrillo se cuida de la misma manera que cuando jugaba en Inglaterra y los resultados están ahí.

¿Es muy diferente jugar allá?

Para mí fue diferente porque me lesioné; me rompí el tobillo. Imagínate, estar en Arabia y encima romperte el tobillo… Fue muy difícil, pero traté de asumirlo y de recuperarme rápido y, gracias a Dios, volví con fuerza y llegué al Lokomotiv (de Moscú, donde estuvo hasta el año pasado). Tiempo atrás había tenido la oportunidad de jugar en Rusia en un par de equipos, pero no fui porque siempre había ese mito de que en Rusia hace mucho frío y hay mucho racismo… Conmigo pasó todo lo contrario. Es más, cuando fui, dije: “¿Por qué no vine antes?”.

La gente es muy cálida, me trataron muy bien; me quedé con una superimpresion de los rusos, y su fútbol me encantaba, era bastante ag resivo. El equipo no conseguía un título desde hacía catorce años; llegamos a ganar todos los títulos que hay en Rusia y jugamos la Champions League. Fue muy lindo lo que viví allá.

Ya tiene planes luego de ‘colgar los chimpunes’, pero aún no quiere revelarlos. “Es algo que en algún momento se sabrá”, comenta.

Ya tiene planes luego de ‘colgar los chimpunes’, pero aún no quiere revelarlos. “Es algo que en algún momento se sabrá”, comenta.

¿Clasificar al Mundial con la selección peruana era lo que le faltaba a tu carrera?

Cargábamos una mochila bastante pesada después de tantas eliminatorias duras que nos tocó vivir a los jugadores de mi generación. Personalmente, lo disfruté al máximo. El Perú se unió como no lo hacía desde hace muchísimos años. Fue lindo ver a los niños en los colegios con la camiseta de la selección. Esas cosas a uno lo llenaban de emoción. Nos trataban increíble, nos motivaban a seguir luchando por nuestros sueños y a darles más alegrías a los peruanos.

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De cara al proceso rumbo al Mundial de Qatar 2022, ¿eres optimista? 

¿Cómo no voy a ser optimista? Imagínate, vengo con dos rodillas rotas, un tobillo roto y sigo de pie. No pierdo la fe por nada del mundo. Hasta quemar el último cartucho, como se dice. Tenemos los jugadores, la base con la que clasificamos al Mundial pasado, cuando nadie confiaba en nosotros… ¿Por qué no ahora?

¿Ubicas a algún futbolista peruano que muestre condiciones como para pensar en futuros cracks, en otros ‘cuatro fantásticos’ (bajo este apelativo se conocía a Claudio Pizarro, Juan Manuel Vargas, Paolo Guerrero y Jefferson Farfán)?

Es difícil, no te voy a mentir… No por los ‘cuatro fantásticos’, que eso no existe. Es difícil porque muchos de los últimos jugadores con talento que han salido del fútbol peruano se han quedado en el camino. Hay pocos que llegan a la élite. Me gustaba mucho Kevin Quevedo. Estuvo en Brasil; acaba de regresar a Melgar. Para mí es un típico jugador de Alianza, con esa esencia de futbolista pícaro, encarador… Y de allí, pues… personalmente, no. No he visto un Paolo Guerrero, por ejemplo. Creo que un Paolo Guerrero no sale de aquí a treinta años. Paolo hay uno.

¿Te ves retirándote después del Mundial de Qatar?

Sí, obviamente. Creo que este sería mi último Mundial, si es que logramos clasificar. Pero lo que tengo en la cabeza es retirarme en Alianza.

¿Tienes un deadline, una edad límite para eso?

No. Puede ser en cualquier momento. A veces las cosas se dan en el momento en que uno menos lo espera.

Si Alianza no hubiera descendido a la segunda división, ¿habría existido la chance ahora?

Mi opción era estar en Sudamérica. Pasó lo de la lesión. Alianza, como otros clubes, ha sido una opción. Siempre voy a estar agradecido, más aún si es Alianza, que es el equipo de mis amores.

¿Qué pasa por tu cabeza cuando dicen cosas como que podías irte a la U o al Municipal? Incluso aseguraron que ibas a ganar 38 mil dólares mensuales en el Muni… ¿Cómo manejas esos rumores?

Eso ya no depende de mí. Como dices, son rumores, parten de la prensa, escapan de mis manos. En el momento en que tenga algo claro y seguro, lo voy a comentar, pero en este caso el tema de la U fue una broma con un hincha (Antonio García Pye, gerente de selecciones de la Federación Peruana de Fútbol). Es obvio que no iría
a la U; todo el mundo sabe por qué. Y a Muni lo respeto mucho, es el equipo en el que me inicié y le tengo mucho cariño, pero siempre he dicho que donde quisiera retirarme es en el equipo del que soy hincha, el equipo que me abrió las puertas para ir al exterior, y ese es Alianza Lima.

Quiero dejar claro que simplemente fueron rumores de la prensa. La gente tiene que entender que, a veces, uno no se puede dejar llevar por lo que sale en la prensa. Ahora estoy enfocado en mi recuperación: lo que más anhelo es recuperarme al 100% y jugar. Ya estoy en la recta final.

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El papá

Jefferson Farfán es papá de tres: Maialen (15), Adriano (13) y Jeremy (8). Hace algunas semanas, a través de su cuenta de Instagram, reveló que quisiera tener dos más. “No sé con quién, pero sí ”, admite, sonriente. Ha cruzado el charco de vuelta al Perú y quiere disfrutar de su familia. “He estado dieciséis años fuera del país; no he tenido mucho tiempo para compartir con mis hijos”, dice. “Ahora siento esas cosas que no sentía antes.

Lo podía tener todo con el fútbol, que es mi pasión, pero me faltaba completar mi felicidad. Es algo que tengo ahora que estoy cerca de mi familia. Por eso quiero jugar en Sudamérica, para estar cerca de ellos”.

¿Alguno de tus hijos podría seguir tus pasos?

El más chiquito, el zurdo: Jeremy. Le veo bastante talento. Adriano ya como que se desvió; le entró más a la hamburguesa, a Asia, a las cositas ricas… Ya está en toda la edad.

¿Te ves siendo un abuelo joven?

Nooo, a mi hijo ya lo tengo que mandar con su gorrito (risas).

Lo decía por tu hija.

No, no… No sé. Obviamente siempre les estoy hablando, aconsejando, pero tú sabes cómo está ahorita la juventud, a mil por hora. Su mamá es bastante recta con ella, así que por ahí estoy tranquilo.

¿Es complicado dar a tus hijos una vida normal? ¿Cómo los aterrizas, cómo les enseñas que lo que tienes no es lo que tienen todos los peruanos?

Les reflejo lo que yo pasé: que no todo en la vida es fácil. Yo tuve que luchar mucho para conseguir lo que tengo. Cuando les quiero regalar algo, se lo tienen que ganar.

La prensa

A lo largo de tu carrera, la prensa ha hablado mucho de tu vida privada. ¿Cuánto te molestan esa clase rumores y preguntas?

Es un tema de trabajo de prensa. Yo hago mi vida normal, como la hacía en Europa; no me escondo de nada, simplemente soy una persona pública. Entiendo el trabajo de la prensa, pero los jugadores también necesitamos un poco de privacidad, ¿no?… Pero, bueno, hay que convivir con lo que tenemos.

“Yo hago mi vida normal, como la hacía en Europa; no me escondo de nada, simplemente soy una persona pública. Entiendo el trabajo de la prensa, pero los jugadores también necesitamos un poco de privacidad, ¿no?”.

“Yo hago mi vida normal, como la hacía en Europa; no me escondo de nada, simplemente soy una persona pública. Entiendo el trabajo de la prensa, pero los jugadores también necesitamos un poco de privacidad, ¿no?”.

¿Te arrepientes de haberle dado una entrevista televisada a Rodrigo González –más conocido como ‘Peluchín’– para hablar de asuntos personales que incluso estaban judicializados (relacionados con el vínculo con Melissa Klug, madre de sus hijos menores)?

No me arrepiento de nada de lo que he hecho en mi vida. Lo hice en el momento; lo hice por algo, y creo que con eso quedaron muchas cosas claras.

¿Es verdad que cuando Magaly Medina viajó a Rusia (en 2018) para entrevistarte habían pactado la entrevista?

No. Lo que pasa es que hubo confusiones. Yo hablé con una persona de deportes del que, en ese tiempo, era el canal del Mundial. Contactaron conmigo para decirme que querían hacer una entrevista en Moscú (en esa época, Jefferson jugaba en el Lokomotiv). Llegamos a un acuerdo. Me dijeron que iban a mandar al equipo deportivo a mi casa. OK, perfecto.

Hablé con el coordinador, todo bacán, y cuando llegué a mi casa me di con la sorpresa de que no era el canal deportivo, sino la señora Magaly. Obviamente, no iba a dar la entrevista porque no había pactado eso. Iba a ser simplemente de fútbol. Llegó la señora con su esposo, y se trataba de otra cosa.

La última: ¿qué les dirías a los que piensan que eres uno de los grandes solteros codiciados del Perú? ¿Te
sientes un soltero codiciado?

¡Para nada! –suelta una carcajada–. Me siento soltero, sí, pero no codiciado.