Candelabros de plata, un comedor señorial, pequeñas tazas de té de porcelana, fotos familiares en marcos de metal, dorados, plateados, un gran espejo enmarcado en pan de oro… Desde los sillones de la sala, donde estamos sentados, se puede ver todo esto alrededor, cosas que podrían haber estado en otra casa, acaso una más grande y antigua. Mauricio vive con sus abuelos maternos, Arturo y Dora Villanueva, y su madre, Roció, desde los 3 años de edad. Hace años habitaban una casa, efectivamente grande, pero ahora viven en la avenida Velasco Astete, frente al ‘Pentagonito’, ocupando dos pisos de un moderno edificio. No tiene recuerdos viviendo también con su padre, Mauricio, que se divorció de Rocío cuando él era muy pequeño… Su mirada, inquieta, indomable, se extravía en toda la sala; levanta las cejas y las contrae inmediatamente, en cuestión de segundos, como hacen los monos, y su cuello hace movimientos cimbreantes, cuando quiere explicar algo. Es muy difícil no darse cuenta de todos estos detalles expresivos cuando lo tienes al frente, vistiendo ropa deportiva, un polo amarillo fosforescente, un short plomo de tipo ropa de baño de surfer, y zapatillas moradas. Algunos tatuajes asoman en su piel. Su enamorada, Camila, está con nosotros.

Él es superhiperactivo –dice Camila, delgada, frágil, con un hilo de voz, trémula, risueña–. Deja de entrenar un día y parece un mono, saltando por todas partes… –Y suelta una breve risa, casi imperceptible.

Quizá por eso, porque nada ocho horas al día desde muy pequeño, es que ha conseguido lo que ha conseguido: ubicarse entre los mejores del mundo en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, compitiendo en doscientos metros, estilo mariposa; ganar la medalla de bronce, en la Copa Mundial de Natación en Moscú, en mil quinientos metros, estilo libre; obtener muchas medallas de oro, plata y bronce en campeonatos en Argentina, Chile y Brasil, estilo mariposa y libre; y hacerse de la medalla de plata en doscientos metros, mariposa, en los Juegos Panamericanos 2015, en julio del año pasado, en Toronto, Canadá. En ese torneo había clasificado, además, a la final de cien metros, mariposa, pero perdió el derecho a participar en la misma –a pesar de ser el favorito para llevarse el oro–, así como la presea de plata, pues dio positivo en la prueba de dopaje, que identificó un anabólico que aumenta la masa corporal: estanozolol. El 15 de marzo de este año, la Federación Internacional de Natación (FINA) dio a conocer la sanción: cuatro años de suspensión, impidiéndole competir de manera oficial en todo ese tiempo.

“Ya llevo casi un año fuera de las competencias, pero  aun así sigo entrenando, sigo haciendo buenas marcas en los entrenamientos”, asegura Mauricio Fiol.

“Ya llevo casi un año fuera de las competencias, pero aun así sigo entrenando, sigo haciendo buenas marcas en los entrenamientos”, asegura Mauricio Fiol.

EL AGUA Y LA HIPERACTIVIDAD

–Mi mamá me incentivaba el deporte para que no rompa todas las cosas de la casa –dice Mauricio, y sus palabras consiguen despojarse por un momento de esa pesadez y lamento que suele otorgarles, inevitablemente, cuando habla con la prensa nacional, luego de la prueba de dopaje. Más de una vez se ha quebrado, incluso, frente a las cámaras de televisión. Pero ahora sonríe al contar estos pasajes de su vida, y su dentadura parece descolocarse–. Tenía déficit de atención e hiperactividad, iba donde un neurólogo que me recetó Ritalin a partir de los 6 años. Ese medicamento me ayudaba a concentrarme, calmaba mi ansiedad, el impulso de no poder estar quieto… Soy bastante ansioso e impulsivo; mi madre se descuidaba unos segundos y yo ya estaba trepado en el techo de la casa.

“¿Si siempre hay un lado positivo en las cosas de la vida? Yo hasta ahora no le veo nada positivo a lo que me está pasando. Aunque ahora sé con quiénes puedo contar y con quiénes no”.

“¿Si siempre hay un lado positivo en las cosas de la vida? Yo hasta ahora no le veo nada positivo a lo que me está pasando. Aunque ahora sé con quiénes puedo contar y con quiénes no”.

Cuando llegó al colegio Los Reyes Rojos, en segundo de media, un profesor le dijo a su madre, Roció: “Tiene que dejar de tomar esas cosas; el único Ritalin que funciona con Mauricio es la natación”. Ese colegio fue uno de los tantos por los que pasó el pequeño nadador. ¿En cuáles más estuvo? En el Carmelitas, el Domingo Sarmiento, el Agnus Dei, el Casuarinas… ¿Iba de colegio en colegio por su eléctrica condición? Sí, pero también porque quería convertirse en nadador profesional, y sabía que para eso tenía que entrenar, entrenar y entrenar… Terminó en el No Escolarizado de Casuarinas.

¿Desde cuándo me sentí distinto de los demás? Desde los 6 años –se apresura a responder Mauricio–. Terminaba el colegio y no me iba a una fiesta de cumpleaños o a jugar con mis amigos, ¡me iba de frente a entrenar! Incluso comía en el carro para no perder tiempo… Mi mamá me decía: “¡Si no haces las tareas, no vas a nadar!”.

Pero Rocío sabía que la conexión de Mauricio con el agua era ineludible; había ocasiones en que lo soltaba ahí, en la tina, a los ocho meses, mientras lo miraba asombrada pues el bebé flotaba, feliz, en su pequeña piscina personal. A punto de cumplir 6 años, Mauricio fue de la mano de su mamá a inscribirse en la Escuela de Natación del Club Regatas, finalizando el verano. Al poco tiempo, los profesores no podían creer que un niño tan pequeño pudiese aprender tan rápido a nadar los cuatro estilos. “Era algo inusual”, recuerda nuestro nadador.

“00,2 nanogramos de estanozolol es la cantidad que me encontraron en la sangre, una cantidad casi inmedible y que evidenciaría una contaminación, pero no un consumo deliberado”.

“00,2 nanogramos de estanozolol es la cantidad que me encontraron en la sangre, una cantidad casi inmedible y que evidenciaría una contaminación, pero no un consumo deliberado”.

Sobre todo en los veranos, todo el día estaba en el agua. Terminaba de nadar a las diez de la mañana en el Regatas, e inmediatamente cogía su tabla para ir a correr olas. Había ocasiones en que almorzaba a las seis de la tarde o siete de la noche pues no quería salir de la piscina o del mar. Cuando empezó a competir, prácticamente desde que empezó a entrenar en el club, estar en el agua se convirtió para Mauricio en un medio para poder demostrar de lo que era capaz cuando se esforzaba al máximo.

Siempre he ido feliz a las competencias, me encanta competir, a diferencia de muchos que se ponen nerviosos –dice Mauricio–. Yo entro al agua con una sonrisa. Me gusta superar los retos.

SE VIENE EL JUICIO

–Hoy es un día muy difícil para mí… Hace pocas horas me enteré de que di positivo en la prueba de antidopaje… Pido disculpas a todo mi país, a mi familia, y amigos… No entiendo qué es lo que ha pasado…

Con estas palabras, Mauricio Fiol Villanueva, 22 años, hacía pública su pesadilla, en una breve y dramática conferencia de prensa en Canadá, durante los Juegos Panamericanos 2015 de Toronto. Dos días antes había subido al podio para recibir la medalla de plata en doscientos metros mariposa, y esa tarde del julio de 2015 se encontraba descansando en la Villa Panamericana, concentrándose para la final de cien metros, estilo mariposa, donde era el favorito para ganar.

La noticia se la dio la jefa de la Misión de Toronto 2015, Maggie Martinelli, en la sala destinada al Perú, en la Villa Panamericana, acompañada de su entrenadora, Giuliana Belaunde, y el presidente del Comité Olímpico Peruano, José Quiñones. Le dijeron que tenía media hora para contarles a su familia y amigos lo sucedido, antes de emitir un comunicado a la prensa.

“Mi abogado ha trabajado en muchos casos de dopaje y ha ganado varios. Tengo muchas probabilidades de ganar este caso, voy con fe”.

“Mi abogado ha trabajado en muchos casos de dopaje y ha ganado varios. Tengo muchas probabilidades de ganar este caso, voy con fe”.

–Pero no podía dejar que nadie se me adelante. Yo iba a ser el primero en dar la noticia, no había forma. Yo soy un deportista limpio, y voy a demostrar mi inocencia, pensaba, pero el mundo se me había caído… Estaba listo para ganar la medalla de oro, estaba motivadísimo… Sentía mucha impotencia, me sentía en una pesadilla, yo sabía que no había consumido esa sustancia. No pude dormir ni comer por tres días. Hasta ahora no puedo dormir bien.

Antes de dar la conferencia de prensa en Toronto, llamó a su madre, llorando. Ella le dijo: “Vamos a llegar al fondo de todo esto”. También llamó a su nutricionista, Rubén Hinojosa, que le dijo: “Vamos a pelear esto, no es posible; yo sé que jamás has consumido esa sustancia. Vamos a hacer el rastreo de la sustancia para saber cómo así entró en tu organismo”.

Unas semanas después, en un reportaje para la televisión nacional, Mauricio afirmaba que nunca había consumido esteroides, y a veces los suplementos vitaminicos que todo deportista toma para mejorar su rendimiento no decían en las etiquetas todo lo que contenían. En ese mismo reportaje advirtieron que su nutricionista, Rubén Hinojosa, fue el mismo que trabajó con el jugador de la selección peruana de fútbol Joel Sánchez, cuando en 2012, luego de un partido ante Bolivia, dio positivo en una prueba antidoping, donde se identificó la sustancia prohibida metilhexanamina, muy común en los productos “quemadores de grasa”. En ese reportaje, Mauricio dijo lo siguiente:
–Sí sabía (del caso de Joel), aunque no lo conozco a fondo –dijo con determinación–. Pero si trabajo con él (Rubén Hinojosa) es porque confío en él. Nunca me ha ofrecido “una ayudita extra”. Yo soy un deportista limpio.

Hasta ahora, Mauricio y su familia van gastando 52 mil dólares en su defensa; ha tenido que rematar su auto y la camioneta de su madre. Según nuestro nadador, en el mundo, solo hay cuatro abogados especialistas en antidoping, y el mejor es el que han contratado. Se llama Howard Jacobs y todavía le deben 37 mil dólares por lo que resta de litigio. El juicio en el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS) se va a realizar en setiembre, y en noviembre o diciembre ya podrían saber si procede la revocación de la sanción impuesta.

Texto: Gabriel Gargurevich Pazos
Fotos: Iván Salinero/ Phoss
Estilismo: Sara Vilchez
Producción: Andrea Zorilla, Vanesa Robles
Asistente de fotografía: Javier Zea
Video: Jimena Gallarday
Dirección de arte: Gonzalo Miñano
Agradecimientos: Club Regatas

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