Son jóvenes, hacen política y no temen utilizar los métodos que usa la izquierda para pelearle las calles y la opinión pública. Han protestado ante las irregularidades del proceso electoral más polarizante de los últimos tiempos. Y van a seguir.

Por Carlos Cabanillas

Marchan y protestan, arman pancartas y funas, y no temen cancelar culturalmente a sus rivales políticos. Léase que no temen utilizar los métodos que suele usar la izquierda, desde llamar a no comprar un determinado producto o a no ir a una tienda particular, hasta no ver a un determinado periodista de TV. Y ahora que esa misma izquierda ha llegado a Palacio de Gobierno, parece lógico que la derecha salga a las calles a pitear. Pero este enroque no es solo ideológico: es también generacional. Así como los bicentenarios que marcharon en noviembre de 2020 se quejaron contra los “dinosaurios”, los que ahora protestan critican el ideario comunista de Vladimir Cerrón, la ambigüedad populista de Castillo y los tintes retro socialistas de todo el entorno de Perú Libre. En torno a esa amplia agenda giran algunos nombres que usted quizá haya escuchado. Lucas Ghersi, Andrea Lanata, Vanya Thais, Alia Bustamante, Andrés Capelletti, Fernando Calmell del Solar, Sitza Romero y Diego Acuña, además de un largo etcétera. 

No se veía un fenómeno de marchas liberales y de centroderecha de esta magnitud desde el Movimiento Libertad y el germen del Fredemo, allá por fines de los ochenta. “Se ha constituido una especie de frente que agrupa organizaciones de centro y de derecha en todo el país para defender la Constitución y el modelo económico”, teoriza el analista Alan Salinas. “Desde hace más de veinte años la derecha se desinteresó de la política”, explica Ricardo Flores ‘Rif lo’, joven empresario y activista, y otro de los nombres que aparecen en cada una de estas marchas. “Por esa razón la izquierda ha venido copando todos los poderes del Estado”. Y también ha impuesto su narrativa. 

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Ricardo Flores ‘Riflo’: esto recién empieza.

“Ahora nos toca estar vigilantes”, complementa Andrea Lanata Dentone, un rostro más experimentado, pero igualmente joven de la política nacional. “No seremos una oposición destructiva, pero defenderemos la democracia, la Constitución y la libertad económica nacional”, precisa. “Veremos si Castillo piensa en el país o en la agenda de Cerrón”. Para Lanata, la salud y la educación son demasiado importantes para dejarlas desatendidas. “Es preocupante que el presidente del Bicentenario quiera poner un premier que violó a una niña de 14 años”, agrega. “A ver si escucha un poco a su esposa, que se le ve bastante sincera”. 

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Andrea Lanata: toca ser vigilantes.

“Como es obvio, la derecha nunca ha salido a la calle a protestar ni sabía cómo hacerlo”, retoma Riflo. “Lamentablemente, al no saber lo que es una protesta en las calles, la derecha pensó que con salir unas cuantas veces iba a bastar. Como es obvio, los políticos terroristas no van a salir con una simple marcha. Se necesita mucho más que eso para sacarlos del poder. Esperemos que la derecha lo entienda así y que no se haya dado por vencida y haya tirado la toalla. Esto recién empieza”. Lanata agrega: “Estas marchas le hacen ver a la juventud que sí se puede generar un cambio y que la política puede decidir la vida de este país. La misma prensa está preocupada por su libertad”. Lanata finaliza con una reflexión: “No somos fujimoristas y la marcha no solo convoca a la derecha. Hay también gente de centro y de otras líneas políticas, incluyendo a los amigos venezolanos que han tenido que escapar de su realidad”.

El Perú dio un giro

“El país se ha estado izquierdizando”, observa el politólogo Santiago Carranza-Vélez Chirinos. Para el analista, la caída del gobierno de PPK y la prisión de los diversos líderes de la derecha acompañó el progresivo crecimiento de las ideas de izquierda a lo largo de este último quinquenio, e incluso POLÍTICA desde antes. A manera de respuesta, la derecha mundial ha renovado su lenguaje y “se han revitalizado las ideas liberales” para hacerle frente al marxismo cultural. “Ahora tenemos los Milei, los Kaiser, los Laje, las Gloria Álvarez y las Antonella Marty. El capitalismo genera pensadores en redes para todos los gustos”, comenta. “En ese marco llegaron la pandemia, las elecciones peruanas, y la derecha se dividió”, explica. Por un lado, De Soto: la variante más intelectual, liberal y tecnocrática, con congresistas como Alejandro Cavero y Adriana Tudela. Por otro, López Aliaga: movilizando jóvenes desde conservadores católicos, evangélicos y hasta hispanistas hasta alt right criollo antiestablishment. Y finalmente, Fujimori: con parlamentarias como Rosangella Barbarán. Jóvenes que también han llegado a renovar la política peruana.

Para el analista, las redes sociales han jugado un rol clave. Hay youtubers, tuiteros y facebookeros que combinan juventud con miles de seguidores. “Eso ha sido clave para su organización”. El riesgo, ahora que Castillo toma el poder, es que este conglomerado de voluntades termine rompiéndose ante la ‘humalización’ o radicalización de Castillo. “En un contexto de ultrafragmentación partidaria y electoral, esta suma de esfuerzos unida en torno al anticastillismo no asegura que haya nada orgánico en el futuro más cercano”, advierte. Esa nueva correlación de fuerzas aún está por verse. Y algo de esa ruptura ya se ha anunciado. En los propios votos, por la conformación de la mesa directiva del Congreso, la oposición se partió en dos.

No una sino varias derechas

Las marchas contra los partidarios del lápiz han convocado a activistas, políticos, empresarios y simples ciudadanos de opciones diversas. Así como hay liberales, también hay conservadores, centristas, libertarios y miembros de otros frentes. 

Una arista de esta marcha, por ejemplo, tiene un claro origen aprista. Y es que, aunque el partido siempre se ha considerado de izquierda democrática desde sus raíces, también se reconoce como la vacuna contra el comunismo. Ahí destacan rostros como el del ayacuchano Andrés Capelletti, la aprista de cuna Sitza Romero y los excandidatos Úrsula Silva, Renzo Ibáñez y Carla García. Esta última se ha convertido también en un referente mediático desde su tribuna televisiva en Willax: su programa sabatino “Políticas”. Por allí han desfilado varios de los nuevos rostros de la política peruana. 

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Ayacuchano Andrés Capelletti: coordinador nacional.

Capelletti ha recorrido Ayacucho, Apurímac, Cusco, Arequipa, Moquegua, Puno, Ica, Junín, Piura, Trujillo, Tacna y Cajamarca como coordinador nacional del Colectivo Ciudadano por la Democracia. Capelletti ha organizado marchas, mítines y caravanas en todo el Perú para mostrarle a la opinión pública que las mayorías quieren libertad y democracia. “Y no quieren comunismo”, dice. Su trabajo es la prueba palpable de que este no es un movimiento pasajero de algunos cuantos limeños, como lo busca caricaturizar la narrativa de la izquierda. Capelletti sabe de lo que habla cuando critica al comunismo. Su padre, Marcial Capelletti, un profesor de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, fue salvajemente asesinado en 1989 por Sendero Luminoso, en pleno salón de clases.

La arequipeña Sitza Romero, excandidata al Parlamento Andino con Renovación Popular, también es hija y nieta de apristas. Su abuelo fue diputado de la estrella y su hermano fue alcalde. Pero ella, decepcionada de las argollas, decidió abrirse paso buscando nuevos aires políticos. Como Capelletti, ella representa la resistencia sureña contra la izquierda. Un rol difícil que la obligó a hacer campaña en las plazas de Moquegua, Cusco, Puno, Tacna y Arequipa. Aunque logró 114 mil votos, no le bastó para entrar. Y en la segunda vuelta ayudó a organizar los frentes nacionales contra Perú Libre y en favor de Fuerza Popular. Pero, como dicen varios de los entrevistados, esta causa trasciende a ese partido. Y va más allá de estas elecciones. 

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Sitza Romero: bastión arequipeño y municipal.

Joaquín Ormeño, por su lado, es un joven empresario que desciende de una familia que se hizo de la nada, desde abajo, literalmente. Él también ha formado parte de esta nueva hornada que viene a refrescar la política peruana. “No podemos dejar que la izquierda domine la historia cuando la realidad nos da la razón”, explica. Desde los Emiratos Árabes Unidos, donde se encuentra por un viaje laboral, el joven recuerda la estirpe política y empresarial de su familia. 

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Joaquín Ormeño: legado político y empresarial.

La lucha por la Constituyente

“Yo soy un Chicago Boy”, dice un provocador Lucas Ghersi, exabogado de la Universidad de Chicago. Es una respuesta al tuit donde Vladimir Cerrón dice que el pedido de funcionarios de alto nivel de Pedro Francke le huele a los Chicago Boys, en alusión a los economistas que reformaron la economía Chile en los setenta. 

Alia Bustamante también participa en la lucha contra la anunciada Asamblea Constituyente. Ella es comunicadora e hija del electo congresista Ernesto Bustamante. Al ser contactada se encontraba justo en el estudio Ghersi, organizando la firma masiva de planillones contra el temido cambio de Constitución.

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Alia Bustamante: comunicadora y activista.

Diego Acuña, comunicador y periodista, también participa activamente de esta causa. Hace una precisión a esta casa editora: no quisiera afectar su labor periodística al verse mezclado en un reportaje sobre activismo político. De esta manera deja bien en claro que, si bien ha participado y viene actuando políticamente en las marchas, ejerciendo su derecho ciudadano, también se considera, por sobre todo, periodista, e intenta separar ambos ámbitos de su vida. Desde su programa en UCI y su actual espacio en Willax, también llamado “Edición especial”, Acuña también ha protagonizado, periodísticamente hablando, algunos de los episodios que han marcado a esta joven generación política. 

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Diego Acuña: nuevo rostro de la TV.

“Este es un proyecto que nace de la sociedad civil”, precisa Lucas Ghersi sobre la lucha de firmas contra el cambio de Constitución. “Lo lanzamos con mi padre desde la página El Pollo Farsante”. Para Lucas, la Asamblea Constituyente abriría la puerta a la concentración de poder absoluto. “No puedo ser abogado en un país donde no existe el Estado de derecho, por eso voy a defender esta Constitución sin miedo a nada y cueste lo que me cueste”, adelanta. Cree que el robo de su celular fue ‘dirigido’, y reafirma que su lucha es personal e independiente. No tiene ninguna afiliación política ni recibe financiamiento de nadie, confirma Ghersi. Dos características que se repiten más de una vez entre los protagonistas de estas marchas.

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Lucas Ghersi: la Constituyente es una amenaza.

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