Analí Gómez tiene unos rulos desordenados que le dan un aspecto leonino y presagian una personalidad auténtica. Posee el habla de una chiquilla avispada y los gestos de una mujer sensible. Su cuerpo es fuerte y compacto y la cadera parece descolocarse de la cintura cada vez que gira sobre la cresta de una ola. Nació con un talento excepcional para la tabla, “posee un surf fuerte, vertical y radical cuando corre de espaldas a la ola. Lo hace como un hombre, al igual que otras mujeres después de Sofía Mulanovich, y ha logrado consolidar un surfing moderno e innovador”, dice Karin Sierralta, vicepresidente de la International Surfing Association (ISA), gremio que la coronó campeona mundial en 2014.

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La surfista vive en un departamento que construyó en el segundo piso de la casa de sus padres en Punta Hermosa. Tiene una terraza con vista a la calle Francisco de Zela, cerca de la quebrada que divide el balneario entre los de “arriba”, de menos recursos económicos y más alejados del mar, y los de “abajo”, con acceso directo a la playa. Las olas no se alcanzan a ver desde su terraza, pero tiene espacio más que suficiente para guardar sus cinco tablas, colgar sus wetsuits y recibir invitados. “Soy la única ‘bullera’ de la cuadra”, dice Analí y, en tono de alegato de defensa, agrega: “Pero solo a veces. Cuando gano algo viene toda mi gente (hace con la mano como si hablara por teléfono), bien, buenazo, pin-pum, ya está”. La cuadra se cierra y empieza el ‘bailetón’.

Marita Habedank, casada con un coronel de la FAP, es una vecina de la calle donde viven los padres de Analí: Víctor Gómez y Vilma Quiroz. Mandó a colocar unas bancas de madera en el jardín de la esquina con los nombres de los vecinos grabados en el respaldar. Así, la banca del pescador y su esposa, “Víctor y Vilma”, comparte espacio con la banca del policía, del coronel, del maestro de construcción y del bodeguero. En este pequeño universo del balneario sureño creció Analí, la menor de once hermanos y la única chica de su edad en la cuadra. “La tía es la refinada del barrio”, dice sobre la vecina que la vio crecer, “ella me daba mi huevo de pascua cuando era pequeña”. Hoy, en la fachada de su casa, Marita exhibe una foto impresa en tamaño A1 de Analí surcando una ola.

Gran rugido

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En la mañana del jueves 2 de junio el Instituto Peruano del Deporte (IPD) otorgó los Laureles Deportivos en el grado de Gran Cruz a Analí Gómez, el máximo honor que puede recibir un deportista peruano. En el mismo campeonato del ISA 2014 celebrado en Punta Rocas, donde Analí se llevó la medalla de oro en la categoría Open Mujeres, la delegación peruana conformada por seis tablistas también se hacía de la presea dorada en la categoría por equipos. Para sorpresa de todos, el IPD no los tenía incluidos en la lista de los laureados de aquella mañana. Este hecho despertó la indignación de Analí al finalizar la ceremonia, visiblemente conmovida ante las cámaras de televisión que transmitían en vivo.

Cuando se le preguntó por su propia situación, la tablista reveló que ninguna marca le daba el auspicio que necesita para costear viajes internacionales, en donde requiere de una inversión mínima de 50 mil dólares por temporada para participar en los tours. Descubierta y entrenada por el legendario surfista Luis Miguel ‘Magoo’ La Rosa a los 11 años, campeona sudamericana a los 14, subcampeona mundial junior a los 19, dos veces campeona por equipos y una por categoría individual por la ISA, la única explicación que halló está en lo que le refleja el espejo contrariamente a lo que exige la publicidad del surf: no es rubia, ni siquiera castaña. Analí es afroperuana y su declaración de esa mañana, “lamentablemente soy negra”, no pasó desapercibida y el extracto de la declaración se convirtió en noticia esa misma noche.

Analí recapitula estos acontecimientos con la voz quebrada por la emoción pero con el sentido del humor intacto. “El sábado mi teléfono sonaba como nunca. Pensé: ‘¡Qué loco!, ¿qué ha pasado?, ¿a quién le debo?’”. La primera llamada era de Luciana Olivares, gerente de Marketing del BBVA Continental. “Me dijo: ‘Analí, hemos visto tu video, somos achorados como tú, queremos lanzar la campaña La Ola Digital y nos gustaría tenerte. Pensé que seguro era una de esas bromas que hacen Damián y El Toyo”. En la tarde de ese mismo día recibió la llamada de Team Movistar, y en la noche, de la marca deportiva Under Armour. “El lunes me junté con los tres. Firma acá, firma allá. Así como ellos trabajan, ping-pong, ya”, dice y agrega: “Lo que he hecho no ha sido solo para mí, he abierto las puertas a otras personas”.

Por Caroline Mercado
Fotos de Paolo Rally