Una modelo es una actriz silenciosa. Afila un lenguaje que todos entienden pero que pocos son capaces de transmitir, compuesto a partir de un ingrediente infalible: su actitud. De él se desprende la manera en la que articula cada gesto, cada movimiento, el ensayo de su postura, todos los matices que requiere para conquistar a su audiencia. Lo noto a cuatro metros de Gisele, mientras observo cómo posa para la cámara del chileno Nino Muñoz, quien la retrata en casi todas sus campañas –además, es uno de sus mejores amigos y, según dicen, la persona que, en su momento, le presentó a Leonardo DiCaprio, a petición del actor–. Alrededor de la escena, un grupo de gente asiste, supervisa o simplemente espera y, más allá, una fuente de buffet nos recuerda que es la hora del almuerzo (incluye un cordero notable, salmón y ensalada de quinua; al cierre de la sesión de fotos, llegarán las caipiriñas).

Gisele es mamá de dos hijos: Benjamin (6) y Vivian (3). En este momento no considera tener más, pero no lo descarta en el futuro.

Gisele es mamá de dos hijos: Benjamin (6) y Vivian (3). En este momento no considera tener más, pero no lo descarta en el futuro.

Son las dos de la tarde y hace calor en Los Ángeles. Pero, al interior de los Milk Studios, en medio de techos altísimos, espacios muy amplios y trazos minimalistas, se percibe otra temperatura. Desde la cafetería hasta los baños, pasando por cada uno de sus cinco estudios, el lugar transmite la belleza antiséptica de una revista de modas plasmada en la vida real. Incluso los frutos secos que mastico antes de entrevistar a Gisele parecen listos para aparecer en un bodegón. Ella misma, cuando se acerca a saludarme vestida con una casaca de cuero, un short de animal print y botines de gamuza estilo western –parte del outfit de la Colección Primavera/Verano de Saga Falabella–, luce igual que en todas las campañas y pasarelas en las que la había visto hasta ahora. Las piernas perfectas, el bronceado perfecto, el cabello perfecto… Lo único que cambia en la Gisele de carne y hueso es lo esencial, el ingrediente infalible. Al saludarme, su actitud de modelo desaparece para dar paso a la Gisele cotidiana, una mujer de metro ochenta que sonríe, me da un beso, me mira fijamente con sus profundos ojos azules y dice: “¡Hola!, ¿cómo estás?” –habla un fluido “portuñol”–. Le digo que estoy encantado de conocerla y, antes de comenzar la entrevista, le regalo una colorida pollera, obra y gracia de la diseñadora peruana Meche Correa. “¡Gracias! It’s beautiful!”, agradece ella, volviendo fugazmente al inglés. Estamos listos para empezar.

DESPUÉS DE LAS PASARELAS

El 20 de julio, Gisele cumplió 36 años y los celebró en familia, con su esposo Tom Brady –legendario quarterback de los New England Patriots–, el hijo de este, John Edward Thomas (9), y los hijos de ambos, Benjamin (6) y Vivian (3). “Pasar el tiempo con ellos es lo mejor, pero también me gusta pasar un tiempo a solas, conmigo misma”, dice Gisele, siempre mirando fijamente a los ojos. “Todos mis cumpleaños practico una hora de meditación; repaso lo que ocurrió el último año, dónde estoy en este momento, las cosas que aprendí, en lo que quiero enfocarme en el nuevo año… Considero que soy una persona que está en constante búsqueda del autoconocimiento, de crecer, de aprender, de mejorar”.

En 2009, se casó con el jugador de fútbol americano Tom Brady, uno de los mejores quarterbacks de todos los tiempos.

En 2009, se casó con el jugador de fútbol americano Tom Brady, uno de los mejores quarterbacks de todos los tiempos.

¿Cuán importante es la meditación en tu vida diaria?

Desde hace algunos años, es algo que me ayuda mucho a estar más presente en todas las situaciones. La vida va aconteciendo y no nos paramos a percibirla. Es difícil. Medito todos los días diez, veinte minutos… En ese lapso, me siento y respiro profundamente. Pienso que la meditación es un espacio para conseguir ir a las partes más profundas del ser y provocar las respuestas que uno necesita, ¿verdad? Todos tenemos este espacio dentro de nosotros, mientras afuera pasan muchas cosas, y solo nosotros podemos ir a este espacio. Es especial.

Con la ocupada agenda que llevas, ¿eres capaz de saborear el momento, de disfrutar esos instantes que aportan magia a la vida?

Es un desafío, un ejercicio diario. Cuando quiero sentir, cuando quiero estar realmente presente, en lo primero que pienso es en cómo estoy respirando. Me refiero a una respiración integral, cuando siento todo el cuerpo. La respiración me trae rápidamente de vuelta al momento. Para mí, la vida no es una carrera: vivimos lo que tenemos, sin garantía de nada. La única garantía que tengo, en este instante, es que estoy aquí contigo. Después… nada se sabe.

“Tengo una familia maravillosa y muchos buenos amigos, personas muy espirituales, conectadas con el amor y la autenticidad”.

“Tengo una familia maravillosa y muchos buenos amigos, personas muy espirituales, conectadas con el amor y la autenticidad”.

¿Cómo encaras el paso de los años?

Me siento feliz, porque todas las fases de la vida son lindas; en cada una vivimos varios aprendizajes. Y también me siento muy tranquila, más segura de mí, de mi autenticidad… Muchas veces, cuando somos jóvenes, queremos agradar a todos, ¿sabes?

¿Te pasó?

Sí, cómo no. La madurez viene con el tiempo, conforme afrontas más desafíos y los vences; eso te da fuerzas, te trae algo que antes no tenías… Yo empecé a trabajar a los 14 años. Fue simplemente una oportunidad que apareció en mi vida. La tomé y, hoy, después de tanto tiempo, solo siento mucha gratitud de trabajar en esto. Tengo veintidós años de experiencia. Estoy feliz de no ser la misma persona que era cuando tenía 14. Muchas cosas han pasado en este tiempo, y una aprende mucho. Aprender es lo más lindo de la vida.

Por Mariano Olivera La Rosa

Lea la entrevista completa en la edición impresa de COSAS 600.