Valeria Panizo presenta su libro “Franchi. Una historia de amor y superación”, que cuenta la historia de lucha que emprendió su familia cuando recibió la dura prueba de sacar adelante a su hermana mayor, que nació con una discapacidad. Los personajes de su historia son sus abuelos, su madre y toda su familia, que lucha por brindar a Franchi una mejor calidad de vida.

Por Gabriel Gargurevich Pazos

Valeria Panizo Dianderas recién había cumplido los dos meses de edad cuando su madre, Gabriela, quien en ese entonces tendría 22 años, la llevó al South Miami Hospital para que la acompañara en el proceso de rehabilitación de su hermana mayor, Franchi, quien tenía dos años más que Valeria. En el Perú solo existía el hospital San Juan de Dios, pero no se daba abasto. Además, la condición de Franchi era compleja; solo se habían diagnosticado alrededor de quinientos casos de esta enfermedad en todo el mundo; requería de atención especializada y en Miami se la podían dar. Era una enfermedad rara. Hasta ahora lo es. Se trata del síndrome de Joubert.

Valeria Panizo junto a su libro, “Franchi. Una historia de amor y superación”, inspirado en su hermana mayor.

Diagnosticaron a Franchi con este síndrome al poco tiempo de haber nacido, como narra Valeria en el libro que acaba de publicar. “Tendría un impacto en el desarrollo físico y, por lo tanto, las terapias físicas, de lenguaje y ocupacional tenían que ser permanentes a lo largo de la vida de Franchi… Los pocos casos que habían sido estudiados hasta entonces mostraban que las personas afectadas presentaban cierta torpeza y problemas musculares generalizados, así como complicaciones en los riñones, la retina ocular y el hígado”, se puede leer en una de sus páginas. “Franchi. Una historia de amor y superación” es el título de este libro que Valeria Panizo Dianderas ha escrito, editado y publicado de manera independiente. Es un conmovedor trabajo artístico y testimonial donde, página a página, nos sumergimos en un mundo de ensueño, no solo por la historia que ahí encontramos, sino también por los surrealistas collages que Valeria ha tenido a bien crear, toda vez que la publicación tuvo su origen en un trabajo de tesis, en la Universidad de Diseño y Tecnología (UDIT) de Madrid.

–Por supuesto, en el libro hablo de la inspiradora historia de Franchi, dejando muy en claro que tuvo la mejor ayuda posible. Pero el libro va más allá. Lo que también busco con la publicación es ayudar a las personas que tienen hijos con discapacidad y proponer alternativas para superar los estigmas sociales. Para escribirlo, he investigado mucho; hace veinte años o más, no existían las organizaciones y centros de ayuda que hoy existen en el Perú, pero hay mucho desconocimiento respecto a ellas, no es suficiente. Como tampoco es suficiente lo que hace el Estado por las personas discapacitadas, hace lo que puede… Por ello, el rol de la empresa privada es fundamental.

Al poco tiempo de su nacimiento, Franchi fue diagnosticada con el síndrome de Joubert, una enfermedad rara que ha inspirado el libro de su hermana Valeria.

Dice Valeria, sentada en uno de los blancos sillones de la casa de su tía. También está su abuela materna, Bessy, su madre, Gabriela, y Franchi. Son las cuatro de la tarde, y la luz del sol que entra por el ventanal las ilumina serenamente.

Genuino trabajo en equipo

En aquel pueblito, a tres horas de la ciudad de Cajamarca, Bessy Querzola era feliz a los 9 años de edad. Según sus palabras, había nacido en Lima de casualidad, toda su infancia la vivió allá, en aquella comunidad, donde jugaba con los hijos de los campesinos, y cada tanto entraba a la pequeña iglesia para limpiarla, para arreglar el altar mayor, tocar las campanas, reunir a
todo el pueblo campesino, y así, rosario en mano, organizar un rezo conjunto.
–Rezaba el rosario delante de los agricultores, y ellos contestaban el Ave María, el Padre nuestro… Mi padre era muy empático con el pueblo, era un hombre que apoyaba a los campesinos; mi padre me enseñó algo que hasta ahora agradezco, y eso tiene que ver con la ayuda social, con la compasión, con la empatía. Recuerda Bessy. Como Gabriela, la abuela Bessy ha cumplido un rol fundamental en el buen desarrollo de la vida de Franchi. La dinámica que se consolidó entre las dos –estando Gabriela en Miami y Bessy en Lima– es un ejemplo de organización y amor familiar. Gabriela habla de Bessy:

–Mi madre era presidenta del consejo directivo del Comité de Damas de la Policía Nacional; mi padre, Fernando Dianderas, era director de la Policía Nacional. Mi madre fue la responsable de sacar adelante el Centro Educativo Especial “Milagroso Niño Jesús”, ubicado en Pueblo Libre, el primer instituto en Perú y Sudamérica en atender a niños con problemas de retardo mental leve o problemas de aprendizaje… Yo prácticamente vivía en el hospital de Miami, procurando la rehabilitación de Franchi; ahí me hice muy amiga de la jefa de la zona internacional, María Díaz, una señora cubano-americana. El caso es que se formó una hermandad entre el hospital de Miami y el Milagroso Niño Jesús; cada año, el South Miami Hospital donaba importantes equipos médicos, máquinas para radiografías, para resonancias magnéticas… En Lima no había ningún centro de hidroterapia, y mi madre fue la primera en implementar la hidroterapia en el país. También recurrió a la empresa privada en el Perú, a los bancos, por ejemplo, y pudo conseguir que le donaran buses para los niños discapacitados, para llevarlos al hospital recogiéndolos de sus casas.

Todas lo recaudado con la venta del libro de Valeria Panizo será donado al Instituto de Rehabilitación Milagroso Niño Jesús.

Bessy dice que en el centro educativo ella se encargaba de organizar talleres de cocina, deportes y artes, y en las reuniones a las que le tocaba asistir, con los altos mandos del empresariado o de la Policía Nacional, siempre conseguía alguna donación, “nadie nos negó nada”, dice, risueña. “Una vez, alguien me preguntó cómo hacía para convencer a la gente, y yo respondí que, cuando les hablaba, lo hacía con un sentimiento genuino”.

–Al final, terminé haciendo de todo para conseguir donaciones para ayudar a los niños con discapacidades. ¡Hasta terminé siendo productora de eventos! –dice Bessy con plena sonrisa. Hemos hecho conciertos con Christian Meier, con Pedro Suárez Vértiz, con los No sé Quién y los No Sé Cuántos… Todo lo que recaudábamos iba para el Milagroso Niño Jesús y para un Instituto Geriátrico pionero en el Perú… Pasaron los años y yo me quedé con las ganas de seguir ayudando. Franchi ya estaba en el Perú: decidí crear un colegio privado para niños con discapacidades donde ella pudiese estudiar. Se llamó Empezar.

La vida te da sorpresas

Franchi y Valeria comparten una especial conexión que se ve reflejada en el libro.

Valeria Panizo Dianderas creció escuchando estas historias de solidaridad, de compasión, de unión familiar con el objetivo de sacar adelante a su hermana Franchi, y fue testigo de las mismas, desde tiempos en los que se refugiaba en los brazos de su madre, en la sala de espera del South Miami Hospital, mientras su hermana se rehabilitaba. Hoy Valeria tiene 25 años, y Franchi, 28; su hermana menor, Chiara, tiene 23 años.

–Recuerdo cuando visité por primera vez el colegio que había creado mi abuela para Franchi, Empezar; yo tendría 8 años. Claro, los primeros años de mi vida crecí en los pasillos, en la sala de espera del hospital de Miami, pero fue recién esa vez, cuando visité el colegio para niños con discapacidades, que quedaba en Chacarilla, en Velasco Astete, donde tomé conciencia de todo lo que hacía mi familia por mi hermana, de todo lo que hacía mi abuela por los más necesitados. Entonces todo me pareció hermoso.

Recuerda Valeria. No podía creer que su abuela Bessy hubiese construido un colegio de cero, ¡era el colegio ideal para Franchi! Como un ángel caído del cielo, una amiga muy querida de Bessy le había prestado la casa sin costo alguno.

–Así pude echar a andar el colegio, durante diez años. No solo había profesores, sino también psicólogos, psiquiatras y terapistas… Yo hubiera seguido adelante, pero me venció la falta de plata, para decirlo directamente; los padres de familia de los alumnos no ponían de su parte.

Dice Bessy. Y luego agrega que Franchi es su gran compañera; cuando va a tomar un café, no sé, a la San Antonio, Franchi la acompaña y es una más en el grupo de sus amigas. “Mi nieta se lleva muy bien con mi grupo, señal de que es una chica muy madura, un poco tímida, pero cuando se suelta, se suelta”.

Pero ¿qué es lo que siente Franchi –que ha estado atenta a toda la conversación en el departamento de San Isidro– respecto a todo lo que su familia ha hecho por ella? ¿Qué es lo que siente respecto al libro que su hermana ha publicado sobre su historia? Franchi mira fijamente al periodista preguntón, como si estuviese analizando su aura, y dice, casi susurrando:

–Emoción.

Luego esboza una leve sonrisa de lado. Entonces Valeria rompe el breve silencio y dice que su hermana es artista, y el periodista vuelve a preguntar: ¿Qué es lo que haces exactamente?

–Pinto y bailo.

Dice Franchi, y el hombre de prensa quiere saber si le gusta el reguetón, pero, ante el silencio de su hermana, Valeria responde por ella y dice que le gusta mucho la música disco; y su abuela Bessy agrega que su nieta Franchi donó ciento cincuenta cuadros pintados por ella a la cárcel de mujeres, cuadros que son “una belleza”, según sus palabras, sin ocultar su orgullo. Entonces el periodista contraataca, y le dice a Franchi que en el libro que escribió su hermana hay unas declaraciones de su profesora de pintura donde dice que “Franchi es un ángel”. ¿Tú te sientes un ángel?

–Sí.

–¿Por qué?

Pero Franchi baja la mirada y ya no responde más. “Es que es muy tímida”, dice Valeria, “Solo con los que no conoce”, interviene Bessy, “en la San Antonio con mis amigas no es para nada tímida”. Pero el periodista vuelve a preguntar:

–¿Por qué eres un ángel, Franchi?

–Servir a los demás…

–Si todos sirviésemos a los demás, todos seríamos ángeles. Dice el periodista. Y aprovechando que se ha creado un buen
clima, lanza otra pregunta:

–Dime, Franchi, ¿cuál ha sido el momento más triste de tu vida?

–Nunca.

–¿Y cuál ha sido el momento más alegre de tu vida?

–Cuando estaba en el colegio Empezar.

Responde Franchi como un susurro.

–¿Te sientes diferente?

–No.

Responde tajantemente, y vuelve a mirar a los ojos del periodista, ¿desafiante? El entrevistador decide dejar de molestar a la protagonista del libro, y se dirige a su autora.

–Valeria, ¿cuál ha sido el momento más difícil de tu vida?

–El divorcio de mis padres, sin duda. Todos somos los que somos por la niñez que hemos tenido. Es verdad que en los últimos años he comenzado a sanar un montón, pero de niña pasé momentos muy fuertes. Yo era la hermana del medio, y Chiara era muy chiquita para que se diera cuenta de lo que estaba pasando exactamente, así que toda la carga emocional recayó en mí; por un lado, estaba tratando de ayudar a mi hermana chiquita, y por otro, trataba de ayudar a Franchi, quería proteger a las dos. Si a los 15 años me hubiesen dicho que iba a escribir un libro sobre la historia de mi hermana ilustrado con mi arte no me lo hubiese creído.

Valeria ha ilustrado su libro con surrealistas collages.

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