La directora regional de Christie’s para Chile, Perú y Ecuador conducirá la velada en Playa del Golf en el Balneario de Asia
Por: María Jesús Sarca Antonio
El 28 de febrero, en Playa del Golf, el Museo de Arte de Lima organizará la XV edición de su Subasta y Fiesta de Verano junto a una celebración posterior. La conducción del remate estará a cargo de Denise Ratinoff Kramarenko, VPS y directora regional de Christie’s para Chile, Perú y Ecuador, quien dirigirá la puja presencial y virtual mediante la plataforma Bidsquare.

Como martillera público en Chile, es la única mujer especializada en subastas de arte de beneficencia, con más de 200 eventos realizados a nivel nacional e internacional. Su llegada a la XV edición de la Subasta y Fiesta de Verano del MALI resulta posible gracias al auspicio de Credicorp Capital y Pacífico Seguros.

Abrió la oficina de Christie’s en Santiago en 1995 y la dirige desde entonces, consolidando la presencia de la casa de subastas en Chile, Perú y Ecuador.
Después de tantos años en el mundo de las subastas, ¿qué es lo que aún te emociona cuando se te encuentras con una obra por primera vez?
El artista escribe la historia y yo me propuse tres cosas cuando tomé, hace 30 años, este cargo. Una fue crear la mentalidad del coleccionista: que uno pueda mirar y entender por qué el artista escribe la historia. Aunque alguien no sepa qué es el barroco, el renacimiento o el impresionismo, va a poder reconocer en qué década está ese artista por los temas, por la iconografía, por lo que expresa y pinta.
Cuando uno mira una escultura, un óleo, un dibujo sobre papel o una fotografía, esa obra le habla. Ahí despierta el interés, no solamente por entender más, sino por tenerla cerca y hacerla parte de su familia. Así empiezan las colecciones. Con los años, me di cuenta de que ahora trabajo con una segunda generación más joven, con intereses distintos a los de sus padres, y ellos empiezan a coleccionar lo que realmente les importa.
El segundo propósito fue recuperar patrimonio nacional. Si hay artistas peruanos, chilenos o ecuatorianos —los tres países que represento— y podemos traer obras de regreso, eso enriquece el patrimonio. El tercero fue internacionalizar a los artistas nacionales. Cuando recién llegué había tres artistas chilenos posicionados; hoy hay once.
El mercado primario, que son las galerías, promueve a los artistas en vía de consagración. El mercado secundario, que son las casas de subasta, vende a los consagrados. Cuando el curador valida al artista y su obra entra a colecciones importantes, museos o fundaciones, se consolida su lugar en la historia. Es interesante ver cómo, con los cambios actuales, crece el interés por formar colecciones y por la cultura como base de la sociedad. Educación y familia, base de la sociedad.
¿Recuerda una pieza que te haya conmovido, más allá de su valor económico?
Cuando era muy joven fui al Rijksmuseum en Ámsterdam y vi una obra de Rembrandt. Había leído su historia y cómo dignificaba la pobreza: usaba mendigos como modelos, pero los vestía como aristócratas para vender sus obras. Cuando vi ese cuadro se me cayeron las lágrimas. Sentí de verdad que una obra puede hablarle a uno.
Es como cuando Miguel Ángel terminó el David, lo miró y le dijo “parla”, porque pensó que era un ser vivo. El alma y la mente reaccionan distinto frente a cada obra. Yo vengo de una generación que ama la geometría. Me emociona ver cómo el arte geométrico de los años 60 y 70 hoy vuelve a inspirar a artistas jóvenes, incluso en textiles y telares.
La historia se va alimentando de lo que fue, de lo que es y de lo que será. Por eso digo que los artistas escriben la historia. El arte es alimento del alma. La cultura no es acumular datos, es una actitud de vida: responsabilidad, disciplina, honestidad, fe, confianza, esperanza. También es saber transmitir lo aprendido.
Trabajaste con arte de distintas culturas. ¿Qué particularidad siente cuando se enfrenta al arte latinoamericano frente a otros contextos?
Christie’s decidió hace poco incluir maestros latinoamericanos en subastas de arte contemporáneo e impresionista. ¿Por qué? Porque la calidad y el valor de nuestros maestros es tan relevante como el de europeos, norteamericanos o asiáticos, pero antes no tenían el mismo reconocimiento.
La última Olga de Amaral que vendimos alcanzó USD 3 millones y fue un boom. También hay obras de Frida Kahlo en cifras millonarias. Antes estaban segmentados en el área latinoamericana; ahora comparten espacio y respeto junto a los demás. Eso es una muy buena noticia.

Cerámica de pareja shipibo conibo de Leidy Martínez (2025), a subastarse en el evento del MALI.
No solo diriges una venta: también construyes una atmósfera. ¿Cómo te preparas antes de conducir una subasta?
El éxito no depende de que yo sea buena martillera. Depende de cómo se seleccionaron las obras o experiencias y si están adecuadas a la audiencia. Tiene que haber diálogo entre lo que se ofrece y quien asiste.
Confío en el directorio del MALI, en su directora y en el equipo administrativo. El lugar elegido también genera una atmósfera familiar. El museo es la casa de todos: ahí se generan donaciones, filantropía, residencias, becas, encuentros académicos. La gente debería sentirlo como su segunda casa.
La preparación no es un ritual personal, porque cada subasta es distinta, con objetos, públicos y energías diferentes. Uno motiva profesionalmente para que la gente sienta deseo de adquirir algo y entienda que además está colaborando. ¿Qué hace más feliz a uno? Compartir.
¿Cuánto hay de intuición en leer la sala y saber cuándo insistir, cuándo pausar o cuándo cerrar una puja?
Uno mira detrás de la retina. Nos enseñan a martillar de forma muy profesional. Hay profesores de teatro, fonoaudiólogos, psicólogos. Observan tus movimientos, tu concentración en distintas personas, el manejo del silencio y del ritmo. Hay técnicas para mantener el interés y ser ágil sin aburrir.
¿Sientes que, de algún modo, el martillo también traduce historias entre artistas, obras y coleccionistas?
Exactamente. Uno explica lo medular de cada lote. Es un minuto por lote, no se puede dar una clase de historia. Hay que decir lo esencial para despertar interés. Por ejemplo: “Este es un telar de la zona de Ayacucho tejido colectivamente con la familia ancestral, punto”. Y empieza la dinámica. Eso mantiene al público concentrado y despierto.
Has participado en numerosas subastas benéficas. ¿Qué diferencia hay entre vender para el mercado y vender para una causa cultural?
He hecho subastas comerciales; la primera que me mandó Christie’s fue el castillo de Bendinat en 1999. Pero prefiero cien veces las de beneficencia, por eso me especialicé en profesionalizarlas.
Hoy son tan profesionales como las comerciales, pero puedes nombrar a la persona, hacer un comentario amable, motivar. En las comerciales es directo: lote, precio, martillo. En beneficencia hay más cercanía, siempre con discreción. Lo más importante es la confianza en que el dinero irá a un fin cultural.
¿Has visto casos donde una subasta haya cambiado el destino de una institución cultural?
La subasta tiene un propósito de recaudación y difusión. Más que cambiar el rumbo, enriquece áreas. En el Museo Tamayo el dinero fue para ampliar la sala contemporánea. En el Museo Nacional de Bellas Artes de Chile, para emplazar esculturas que no podían mostrarse.
El museo debe mantener patrimonio, educar y ser casa de estudio para la comunidad. Los niños deberían visitarlo desde pequeños, dibujar, escuchar música, familiarizarse con la historia y el arte actual.
El catálogo de la Subasta de Verano del MALI
¿Qué te llamó la atención del catálogo peruano de este año?
Preciosa. La tengo en mis manos y estoy impactada. Está hecho en forma muy profesional, parece subasta comercial. Las descripciones, los precios conservadores razonables, todo muy bien trabajado. Los retablos de Ayacucho, los textiles, las fotografías de Chambi… yo me los compraría todos, en serio. Muy lindos.

Vista de Machu Picchu de Martín Chambi (1932), a subastarse en en el evento del MALI.
Desde tu experiencia, ¿qué fortalezas ves en el arte peruano dentro del panorama latinoamericano?
El arte colonial peruano es una joya y se respeta mucho como patrimonio. Recuperar obras que están fuera del país es fundamental. Las colecciones que he visto en Lima son de nivel internacional. El arte moche tiene una antigüedad comparable con la cultura egipcia. Es una maravilla.
¿Crees que el mercado internacional está preparado para valorar mejor el arte tradicional y popular, como el que aparece en este catálogo?
Las cosas del catálogo no aplicarían para subastas de Christie’s, porque muchas son obras colectivas: textiles, cestería, cerámica tradicional. No tenemos una categoría para eso. Sí podrían entrar fotógrafos como Chambi, pero no piezas comunitarias de generación en generación.
¿Qué necesita el arte peruano para tener mayor presencia en grandes circuitos de coleccionismo global?
Cada artista debería estar manejado por un curador o galerista que lo valide. Del mercado primario pasar al secundario. Las galerías deben llevarlos a ferias, bienales, publicar libros. Hay galerías excelentes en Perú que pueden lograrlo.

Agua Viva de Otto Placht (2017), a subastarse en el evento del MALI.
¿Qué le diría a alguien que nunca ha participado en una subasta y siente que “no es para él”?
Si no puedes comprar, no importa. Asiste para aprender. Cuando uno aprende, crece; cuando crece, se motiva y termina agradeciendo. Participar es un regalo, porque hay obras muy lindas. Para mí esto no es un trabajo, es una forma de vida. Amo lo que hago. Entender el lenguaje de los artistas en todas las disciplinas es algo que motiva cada día y por lo que doy gracias.
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