COSAS habló con la mayor figura emergente del canto lirico nacional desde Italia. Nacido en su tierra natal Piura, Ayón-Rivas nos cuenta sus inicios, la ópera como estilo de vida y su admiración por Juan Diego Flórez

Por: Rodrigo Chillitupa Tantas

“Descubrí el potencial que tenía a los 19 años”, dice Iván Ayón-Rivas. Con estas palabras, el tenor peruano confiesa el don que le ha permitido ser incluido entre las nuevas figuras del canto
lírico internacional. Reconocido por su talento y una prodigiosa voz, ha conquistado los mejores escenarios del mundo, como el Teatro Real de la Ópera de Londres, el Teatro de La Scala de Milán, la Wiener Staatsoper de Viena, el Teatro La Fenice de Venecia, el Teatro Bolshói de Moscú y la Ópera de Sídney. “La música es mi vida. Soy músico desde que tengo memoria”, sostiene.

Nacido en las cálidas tierras de Piura, Ayón-Rivas descubrió su pasión por la música muy joven. Desde que él era un niño y cantaba como mariachi en el grupo de su padre, quien lo respaldó cuando decidió dejar sus estudios universitarios de Administración de Empresas para matricularse en el Conservatorio Nacional de Música, donde estudió dos años recordando las enseñanzas de la soprano María Eloísa Aguirre, quien fue su guía al inicio de su carrera. “Lo que aprendí con María fue la importancia de la respiración y trabajar el diafragma”, anota.

Iván Ayón-Rivas compitió en el concurso de canto lírico de Radio Filarmonía en 2013. Tras ganar ese certamen, debutó al año siguiente en Ludwigshafen/BASF, en una gala con la Orquesta Filarmonica della Scala, en el concierto benéfico de Juan Diego Flórez, bajo la batuta de Fabio Luisi. Después, en 2015 se alzó con el premio del Concorso Internazionale di Canto Premio Etta Limiti, que le permitió viajar a Italia para recibir, durante tres meses, clases magistrales de grandes del canto lírico como Roberto Servile, un reconocido barítono que fue una influencia en su progreso como tenor.

“Roberto Servile es mi referente principal tanto para la vida como para mi carrera. Él me ha enseñado la técnica de canto lírico, y habiendo hecho una gran carrera, siempre me escucha y me servía para seguir sus pasos”, enfatiza.

Junto a su padre, Iván Ayón Bonilla, músico piurano dedicado al mariachi.

El 3 de agosto de 2015 marcó un antes y un después en la vida de Ayón-Rivas, cuando se mudó definitivamente a Italia. La decisión fue difícil para el tenor, porque sacrificó estar cerca de su país, familia y amigos. Y su comienzo no resultó nada sencillo, ya que no hablaba el idioma y le costó adaptarse en Europa. Sin embargo, el éxito llegó gracias a su perseverancia y a no darse por vencido.

Ayón-Rivas logró el primer puesto del con curso Luciano Pavarotti en Italia, así como el primer puesto del concurso Viñas en España –el más antiguo de la historia del canto lírico en el mundo–. Pero el certamen que impulsó su carrera para hacerlo conocido a nivel mundial fue Operalia, cuyo presidente es el gran tenor Plácido Domingo, quien le otorgó los tres principales premios en 2021: la mejor voz, la mejor voz de zarzuela y el Premio Rolex del público.

“Ganar tres premios en Italia fue muy importante, me dio ese impulso para proyectarme. En 2021 tenía ya seis años de carrera. [Operalia] es un concurso muy mediático, me ayudó mucho para hacerme más conocido con personas y teatros que estaban presentes”, explica Ayón-Rivas.

La ópera como estilo de vida

Luego de salir triunfador en estos importantes concursos, continuó preparándose. Nunca dejó de estudiar, con disciplina y esfuerzo, para mejorar su técnica vocal y así brillar en los escenarios de grandes óperas de Europa.

En 2021, Iván Ayón-Rivas ganó tres premios Operalia, certamen fundado y presidido por Plácido Domingo.

“Mi voz ha madurado mucho desde Operalia porque he continuado con mis estudios. Sigo las clases con mi maestro. Voy madurando técnicamente, y eso es algo provechoso, porque el principio del fin de un cantante de ópera es cuando ya no estudia técnica, porque se estanca”, resalta Ayón-Rivas.

El tenor también asegura que aparte de la técnica se requiere llegar al corazón de las personas. “Es también tener suerte de que tu voz pueda gustar y que tu interpretación se llegue a trasmitir. El registro vocal siempre es el mismo, porque notas graves, agudas y sobreagudos están siempre, y si no se trasmiten, he ahí el problema”, añade.

La rutina de trabajo para Iván es de lunes a sábados en dos horarios: desde las 10 de la mañana hasta la 1 de la tarde y de 2 de la tarde hasta las 7 de la noche. “No tenemos casi días libres. Quizás entre funciones, que pueden ser uno o dos días, aprovechamos para dormir, conocer o pasar tiempo con la familia”, sostiene.

Así, entre los grandes trabajos que ha realizado el tenor peruano se encuentran “La Traviata” en Venecia, “Falstaff” en Turín, “L’Arlesiana en Berlín, “Il Corsaro” en Piacenza, “La Bohème” en Moscú, en el Teatro Regio de Turín, en La Fenice, en Roma, en el Festival Puccini de Torre del Lago y en Santiago de Chile; “L’elisir d’amore” en Las Palmas y Bari; “Rigoletto” en Florencia, bajo la batuta de Fabio Luisi, en Turín, y en Palermo dirigida por John Turturro; “La Rondine” en el Festival Puccini de Torre del Lago, “Don Pasquale” y “Gianni Schicchi” en el Liceu de Barcelona, y “Les contes d’Hoffmann” y “La Bohème” en Sídney. Además, cantó en el Gran Teatro Nacional de Lima. 

“Lo mejor que se puede hacer es seguir yendo al teatro y formar nuevos públicos”, dice Ayón-Rivas.

Los proyectos musicales no le faltan a Ayón-Rivas, porque en octubre regresa al Teatro de La Scala de Milán. El próximo año volverá a la ópera de Viena, debutará en la ópera estatal de Baviera en Múnich, después irá a Estados Unidos para ser parte de la ópera de Santa Fe y viajará a Shanghái, China, para personificar otra vez a Rigoletto. “Hay muchos teatros nuevos y óperas nuevas que llegarán en el futuro”, agrega. 

Admiración por Juan Diego Flórez

Debido a su éxito, Iván Ayón-Rivas es comparado con Juan Diego Flórez. Sin embargo, toma con calma y humildad este halago, pues sostiene que su carrera recién ha comenzado y quiere construir su propio legado. ”Somos dos tipos de voces distintas, dos generaciones distintas”, apunta. 

“Juan Diego todavía está en carrera, todavía está haciendo muchas óperas y conciertos. Entonces, no puedo considerarme sucesor de alguien que está haciendo una gran carrera. Pero sí considero que Juan Diego es el mejor tenor del mundo en este momento. Es alguien a quien admiro mucho, lo que él hace con su voz nadie más lo puede repetir”, enfatiza. 

La ópera del Perú

Finalmente, Ayón-Rivas reflexiona que en el Perú hay muchos proyectos que han comenzado recientemente para atraer gente joven a la ópera. Destaca espacios como el Teatro Segura, donde el público puede disfrutar esta pasión por el canto lírico, y que no dudaría en llevar la cultura y la música clásica a todos los rincones del país.

“No tenemos casi días libres; entre funciones aprovechamos para descansar o ver a la familia”, señala Iván Ayón-Rivas sobre su rutina diaria.

“En el Perú hay muchos proyectos que han comenzado recientemente para atraer a gente joven. La tecnología está presente hoy en día, te acostumbras en ver un minuto, quince segundos o veinte segundos de ópera en TikTok e Instagram. Lo mejor que se puede hacer es seguir yendo al teatro”, acota. 

“La ópera es muy parecida al trabajo normal. Algunas son más exigentes, otras menos exigentes. Cuando trabajé de mariachi, solo en un sábado teníamos diez contratos con públicos distintos. En cambio, cuando hago shows en el teatro me encuentro con personas que van porque les gusta la ópera o porque están descubriéndola”, menciona.  

Nuestro tenor que  triunfa en Europa también ofreció un consejo para aquellos jóvenes que desean ser cantantes líricos. “Los sacrificios son primordiales para seguir los estudios, y que los padres apoyen a sus hijos si tienen el talento para la música”, acotó. 

Suscríbase aquí a la edición impresa y sea parte de Club COSAS.