Rosa Gálvez no imagina una vida que no implique dedicarse a lo que la apasiona. “No creo ser una workaholic, a pesar de que me dicen que trabajo bastante. Me gusta mucho lo que hago”, dice, enfática.

El cuidado del medio ambiente ha ocupado el primer lugar en su lista de preocupaciones desde niña, a pesar de que entonces esos temas no estaban tan en boga. “Desde primaria ya me preocupaba el problema de la contaminación del aire y del agua”, cuenta. No había otra alternativa para ella, entonces, que especializarse en algo que buscara dar soluciones a este problema.

“Actualmente, soy directora del departamento de Ingeniería Civil. A la gente le puede sorprender que una ingeniera sanitaria sea jefa de un área tan grande que implica otro tipo de ingenierías; que, siendo experta en tratamiento de aguas, conozca tan bien la mecánica de suelos, el análisis estructural, la hidráulica… Es que en la UNI son cinco años de carrera, mientras que en Canadá pueden ser solo tres o cuatro”, explica. La peruana dice estar agradecida con su institución por la sólida base que le brindó, esa que hoy en día le ha permitido ser un referente en los temas que domina. “A menudo, cuando en Quebec hay un problema medioambiental, las instituciones acuden a mí”, cuenta Rosa.

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Aunque para muchos la posición de profesor resultaría satisfactoria, Rosa decidió salir de esa zona de confort y hacer algo más: postular para senadora de Quebec, la provincia en la que ha vivido casi toda su vida. Grata fue su sorpresa cuando el mismo Justin Trudeau la llamó para comunicarle su designación, que se debe a sus méritos, según los nuevos criterios para la elección de senadores, que hace unos meses aplicó el primer ministro. “Mis temas tocan los campos de ambiente, cambio climático, educación, ciencia y tecnología. Es lo que naturalmente me interesa. Pero el Senado también podría sugerir el tema de la condición femenina, el de la inmigración o el de las relaciones con América Latina, así que en un momento dado voy a encontrar el hilo conductor entre todos esos temas”, expresa la peruana, quien no piensa abandonar su vocación. “La idea es traer mi experiencia y competencia al Senado, y la única manera de continuar vigente es manteniendo un pie en mi campo. Aunque no voy a poder seguir siendo directora de mi departamento, varios proyectos de investigación van a mantenerme involucrada con la universidad. Además, tengo bajo mi dirección a doce estudiantes a los que no puedo abandonar”.

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Rosa confiesa que su mayor interés es mejorar la calidad de vida del ser humano. “Podemos vivir sin petróleo, sin acero, sin plástico, pero no podemos vivir sin agua”, afirma. Esa convicción y pasión por lo que hace la lleva ahora a ocupar un cargo tan honorable en el país norteamericano.

Por Vania Dale Alvarado