Flashes. Rascacielos. Una mansión en Florida que frecuentaban Liz Taylor y Michael Jackson. Jets privados, joyas y mucho brillo. La vida de Ivanka Trump (35) parece un cruce entre “Dynasty” y “Gossip Girl”. Cuando tenía 9 años, sus padres se separaron en una desagradable batalla mediática, lo cual la condenó a vivir expuesta al escrutinio de los demás. Podría ser la mujer más frívola de los Estados Unidos, pero su imagen púbica es sorprendentemente buena. Mientras que su padre es ostentoso, vulgar y excesivo en sus maneras, Ivanka es elegante y calmada, la chica estadounidense que todas quieren ser.

captura-de-pantalla-2016-11-26-a-las-12-27

Tiene dos millones de seguidores en Instagram. No ha pasado su vida de fiesta en fiesta y odia las comparaciones con Paris Hilton (“yo trabajo trece horas al día”, dijo al respecto). Fue top model, estrella televisiva y ahora es vicepresidenta, junto con sus hermanos Donald Jr. y Eric, de la Trump Organization, la empresa que fundó su abuelo. También tiene su propia línea de alta costura y diseña joyas que luce en sus apariciones sociales.

Es la favorita de su padre, aunque a veces es criticada por sus comentarios fuera de la realidad, tales como “mi padre es feminista”, que obvian el trato de Trump hacia las mujeres. Su influencia sobre el presidente electo ya se hizo evidente durante la campaña. Fue ella quien presentó la candidatura de su padre a las primarias y también quien lo presentó en la Convención Republicana del pasado verano. El papel de Ivanka ha sido fundamental, según los expertos, a la hora de conseguir el voto femenino y el voto joven.

Otro ejemplo de la influencia de Ivanka: en la reunión de Trump con el primer ministro japonés, Shinzo Abe, que tuvo lugar en la Trump Tower, en Nueva York, pocos días después de que Trump ganase las elecciones, se filtró una fotografía en la que se advierte la presencia de Ivanka junto a su esposo, Jared Kushner. Esto arqueó algunas cejas, pues se especula que la hija favorita de Trump tiene un papel protagónico nunca antes visto en la hija de un presidente estadounidense. La primera dama, Melania Trump, anunció recientemente que no se mudará a Washington y que permanecerá en Nueva York hasta que su hijo Barron acabe el curso escolar, y muchos auguran que Ivanka asumirá gran parte de sus funciones.

EL FACTOR J

captura-de-pantalla-2016-11-26-a-las-12-19

Ivanka y su marido Jared Kushner forman la típica “power couple”: son ricos, exitosos, trabajadores y con “pergaminos” de familia. Jared es hijo del magnate inmobiliario Charles Kushner, quien estuvo en la cárcel por estafa, además de involucrado en un escándalo al extorsionar a su cuñado por un video con una prostituta. Graduado de Harvard, heredero de la fortuna familiar, es miembro de una familia judía ortodoxa (sus abuelos sobrevivieron al Holocausto, e Ivanka se convirtió al judaísmo al casarse). Kushner fue el estratega digital de la campaña de su suegro, y probablemente sea uno de los asesores claves del presidente electo. Además de Kushner Properties, es propietario del diario “The New York Observer”.

Su carrera está llena de superlativos. Con 26 años, compró el que era el edificio más caro hasta ese momento en la Quinta Avenida de Manhattan por 1900 millones de dólares, relanzó el periódico y lo hizo rentable por primera vez en su historia, y estuvo a punto de comprar el equipo de baseball Los Ángeles Dodgers. Y por supuesto, no hay que olvidar su ya mencionado papel en la campaña presidencial de Trump. Algunos cuestionan sus motivos, pues Jared es de familia y tradición demócrata, y sospechan que esta maniobra tendría por fin último conseguir el perdón presidencial para su padre. Esto no eliminaría su expediente, pero limpiaría su nombre. Sin embargo, sus amigos han salido a defenderlo y señalan que el apoyo a su suegro se debe nada más que a una lealtad inquebrantable hacia Ivanka y su familia.

captura-de-pantalla-2016-11-26-a-las-12-28

Kushner y sus hijos ayudan a fomentar la “marca Ivanka”, de mujer guapa, trabajadora y dedicada a su familia. Con su look impecable y su sonrisa deslumbrante, Ivanka es una verdadera “millennial”: se maneja con soltura en las redes sociales y es una profesional de la marca personal. Sus post en Instagram, Facebook y Twitter –todos con cientos de miles de seguidores– mezclan fotos íntimas y familiares con comentarios a favor del empoderamiento de la mujer o la igualdad de salarios.

Cómo no, también tiene sus detractores. Recientemente, fue muy criticada cuando apareció en una entrevista para el programa “60 Minutes” con un brazalete de su marca –su favorito– valorizado en diez mil ochocientos dólares. Previamente, un ejecutivo de marketing de la empresa había lanzado una alerta a los medios para avisar que Ivanka lo luciría en la entrevista. Esto ya había sucedido con un vestido que llevó en la Convención Nacional Republicana, que se agotó en las tiendas. La llegada de los Trump a la Casa Blanca trae consigo un potencial conflicto de intereses sin precedente en la política de los Estados Unidos. Aunque esto no es ilegal, afecta negativamente a la imagen de Ivanka, a quien acusan de hacer “product placement” en sus apariciones públicas. Lo que más afecta a su marca, sin duda, es su padre. En múltiples ocasiones, Donald Trump ha hecho comentarios inapropiados sobre el físico de Ivanka, o ha dicho que si no fuera su hija saldría con ella. Por suerte, Ivanka es lista y sabe qué contestar: “Si no fuera mi padre, lo rociaría con gas pimienta”.