Víctor Rojas sabía que esta vez sería diferente. Era su segunda presentación en el Super Bowl después de trece años, y de la primera no recuerda casi nada. La emoción y los nervios no le permitieron disfrutar la experiencia cuando actuó por primera vez con Janet Jackson en 2004 y salió al escenario del NRG Stadium de Houston, con capacidad para más de setenta mil personas. En ese entonces tenía veinticuatro años y se acababa de mudar a California.

Los géneros que Víctor domina van desde el jazz hasta el ballet, pasando por el funk, el hip hop y el baile contemporáneo.

Esta vez, con treinta y siete, volvió a pisar el mismo escenario con una sensación distinta. Los nervios ya no le nublaron la vista; marcó los pasos con fuerza, y, al lado de Lady Gaga, en primera fila, hizo lo que mejor sabe hacer: bailar. Fueron trece minutos de full performance; seis canciones. Luego llegaron los fuegos artificiales. “Esta vez supe vivir toda la experiencia. Lo más emocionante fue hacer este show junto a Lady Gaga y a toda la familia de artistas con la que hemos trabajado durante cinco años”, cuenta Víctor.

El camino

“My mama told me when I was young, we are all born superstars”, dice la letra de “Born This Way”, que suena con fuerza en todo el NRG Stadium. Es el intermedio del Super Bowl y, frente al público que colma el recinto, Víctor realiza su rutina de baile junto al elenco de Lady Gaga. Rápidamente, la cámara lo poncha con casual precisión: la letra describe su historia a la perfección. A los siete años, partió de Barrios Altos y viajó con su madre y su hermana rumbo a Nueva York. Solo un año después, se unió a The 52nd Street Project, un grupo que ayuda a niños sin hogar y los introduce a la música, el teatro y el baile. Allí estuvo diez años. “Pasé toda la época del colegio actuando. Podría decir que ese fue mi primer amor”, dice Víctor. Pero el verano previo a su último año escolar algo cambió: con el apoyo económico de su madre, quien apostó por él desde el principio, comenzó a entrenar en el Broadway Dance Center, donde dictan clases algunos de los más renombrados coreógrafos del mundo. “Tomé mi primera clase de baile junto a una amiga. Desde entonces, nunca lo dejé”, comenta.

El show de Lady Gaga fue el más costoso en la historia del Super Bowl.

 

A los diecinueve años empezó a bailar profesionalmente con la cantante Kelis. Luego pasó por los elencos y videoclips de Pink, Mýa, Brandy, Jennifer López, Hilary Duff, Alicia Keys, las Spice Girls y Janet Jackson. Fue con esta última con quien se dio cuenta de lo que había logrado. “Todo el trabajo que hice, el esfuerzo, el tiempo que le dediqué al baile y la inversión que mi mamá realizó se hizo realidad en mi primer Super Bowl con Janet. Sentí que había cumplido una meta personal. Fue grandísimo”, explica.

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Cuando baila, Víctor siente que escapa a otro mundo. Lo que más le apasiona de la danza es eso, que cuando la practica puede ser otro. Cada show lo eleva y lo acompaña en ese viaje surreal. Pero llega un momento en el que el beat de la música en vivo, sus compañeros de baile y los light sticks de los fans que complementan la puesta en escena lo traen de vuelta a este mundo y a este momento. “Fue muy lindo ver a tanta gente haciéndonos compañía, lista para recibir el mensaje que dábamos en el show; un mensaje de unión, amor y familia”, cuenta Víctor sobre su presentación en el más reciente Super Bowl.

A los siete años, Víctor dejó el Perú y se fue con su madre a Nueva York. Hoy tiene 37 años.

El artista considera que tiene varias familias; sobre todo en el mundo del arte. Una de ellas está integrada por los chicos de la escuela D1 de Vania Masías, a quienes dio clases de hip hop en 2009. “Ellos son mi familia de baile en el Perú; los quiero muchísimo”.

Cuando no está de gira con Lady Gaga, pasa sus días dando clases de danza en el Spelman College de Atlanta, donde ha tenido la oportunidad de enseñar a sus alumnos pasos de festejo, landó y ritmos afroperuanos. “También escucho mis valsecitos de vez en cuando”, dice, sonriente. Siente que está viviendo el verdadero american dream, y lo dice con orgullo. “Vine muy niño a este país, sin saber inglés, sin conocer a nadie, solo por un sueño… ¡Y lo viví! Me di cuenta de que si uno se esfuerza, encuentra oportunidades”, afirma. Y agrega que, al no tener control sobre la vida, solo queda trabajar duro y ser bueno con la gente. “Lo demás se acomoda”, finaliza. “Como si fueran piezas de legos”. 

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Por Paloma Verano

Publicado originalmente en COSAS 612