Para bien o para mal, madre hay una sola. Por lo mismo, la relación entre ellas y sus hijos es tan cercana, tan única, pero al mismo tiempo tan complicada y llena de tropiezos. Aquí presentamos algunas historias de maternidad disfuncional que, sin embargo, tienen a menudo un final feliz.

Diana Vreeland

Diana Vreeland, acompañada de su esposo Reed Vreeland, y sus dos hijos, Thomas y Frederick.

La sacerdotisa del mundo de la moda, legendaria editora de “Harper’s Bazaar” y “Vogue”, y personaje infaltable en la vida social de Nueva York, entre los años treinta y ochenta, fue una madre distante y exigente que soñaba con que sus hijos fueran tan creativos, peculiares y estilosos como ella. Profundamente enamorada –obsesionada, más bien– de su marido, el muy chic banquero Reed Vreeland, la editora envió a sus hijos desde temprana edad a internados y se dedicó, en cambio, a una fabulosa carrera que la llevó a impulsar el trabajo de fotógrafos como Irving Penn y Richard Avedon, y de Veroushka, Suzy Parker y Twiggy, entre otras icónicas modelos. Sus hijos, Thomas Reed y Frederick Dalziel, ocuparon un rol secundario en su vida.

En el documental Diana Vreeland: The Eye has to Travel, recuerdan cómo Diana los obligaba a vestirse de cierta manera, y cómo les advertía que fueran siempre los primeros o los últimos del curso, nunca los del medio. La originalidad, pensaba ella, era mucho más importante que cualquier nota escolar. Ellos, por su parte, soñaban con una madre que se comportara como el resto, por lo que su excentricidad, lejos de ser una fuente de orgullo, los complicaba.

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Si Diana no fue una madre ejemplar, no es necesariamente su culpa. Su propia madre, la socialité Emily Key-Hoffman, se avergonzaba de su hija, que nunca fue una belleza tradicional; la llamaba “monstruo” y, en una ocasión, según contó Vreeland en su autobiografía, le dijo: “Es una pena que no seas tan bonita como tu hermana y estés tan celosa de ella; por eso eres una niña tan difícil”.

Courtney Love

Frances y Courtney durante la Paris Fashion Week, en octubre del año pasado.

Han pasado veintitrés años desde la muerte de Kurt Cobain y los detalles de su aparente suicidio siguen siendo fuente de teorías conspiratorias. Una de las más populares es que, de una manera u otra, su esposa Courtney Love estaría involucrada. Eso, por supuesto, no ha ayudado en nada a que la relación entre Courtney y la hija que tuvo con Kurt, Frances Bean Cobain, sea más fácil. Durante décadas, la cantante ha sido conocida por su conducta errática y la maternidad no ha sido para ella una labor natural.

En 2009, una corte determinó que Frances, apenas una adolescente por entonces, quedaría en custodia de su abuela paterna, y eso creó una amplia brecha entre madre e hija. Por años, Courtney usó las redes sociales para enviar desesperados mensajes a su hija sin recibir respuesta alguna. Cuando Frances se casó en setiembre de 2015, su madre no fue invitada. Frances se divorció seis meses después y, desde entonces, ambas han hecho un esfuerzo para recuperar su relación, posando juntas en ocasiones en la alfombra roja, saliendo de compras en Londres o Los Ángeles, y produciendo el documental Kurt Cobain: Montage of Heck, sobre el hombre que marcó sus vidas.

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Melanie Griffith

Melanie Griffith y Dakota Johnson en la premiere de “How to Be Single”, en 2016.

La alfombra roja es un campo minado de momentos incómodos, pero pocos han sido tan embarazosos como cuando Melanie Griffith y su hija, Dakota Johnson, aparecieron juntas en la entrega de los Oscar, en 2015. Frente a millones de espectadores, una periodista de ABC le preguntó a Melanie si había visto Cincuenta sombras de Grey, la muy exitosa película protagonizada por su hija, y ella respondió que no, que no la había visto, y que probablemente no la vería. “Sería extraño”, explicó, refiriéndose quizás a las escenas de sexo del filme. “No, no sería extraño”, le contestó Dakota, visiblemente molesta, “quizás la veas en el futuro”.

El episodio quedó inmortalizado en YouTube, pero no afectó la relación entre ambas actrices que, a todas vistas, es cálida y cariñosa. Las dos posaron el año pasado para “Vanity Fair”, junto a Tippi Hedren, la legendaria actriz de “Los pájaros”, madre de Melanie. Aun así, son muy protectoras entre ellas. Según un artículo publicado en la revista británica “Ok”, Dakota culpó a su expadrastro, Antonio Banderas, por la profunda depresión que sufrió su madre después de su divorcio. “Es un hombre viejo tratando de recuperar su juventud”, habría señalado la actriz.

Debbie Reynolds

Debbie Reynolds y Carrie Fisher en el cumpleaños número 75 de Elizabeth Taylor.

Cuando Carrie Fisher y Debbie Reynolds murieron, a fines del año pasado, con un día de diferencia, su relación era tan cercana y cálida que es difícil imaginar la tensión que existió durante largo tiempo entre ellas. En sus libros autobiográficos Postcards From The Edge y Wishful Drinking, Carrie describe una niñez donde el foco de atención estuvo siempre en sus padres, nunca en ella y su hermano. Madre e hija estuvieron distanciadas durante más de una década, sin cruzar palabra.

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“El tiempo que estuvimos sin hablar fue, probablemente, el más duro de mi vida”, confesó Reynolds. Ya maduras, ambas sobrevivientes de la jungla hollywoodense, su relación se hizo tan estrecha que vivieron prácticamente juntas, en casas contiguas y compartiendo el mismo jardín.

Soon-Yi Previn

Woody, Fletcher, Mia, la bebé Dylan, Moses y Soon-Yi, ahora esposa del cineasta.

Si algo puede arruinar la relación entre madre e hija es el romance de la hija con el novio de la madre. Pregúntele a Mia Farrow y Soon-Yi Previn, quienes a comienzos de la década de los noventa se vieron envueltas en uno de los escándalos más grandes que haya visto la ciudad de Nueva York, cuando Mia descubrió que Soon-Yi era la amante de Woody Allen, hasta entonces su pareja.

Mia y Woody nunca vivieron juntos. Ella ocupaba un amplio departamento en Central Park West, junto a su clan de hijos adoptivos y naturales, mientras él disfrutaba de la soledad de un ermitaño en su penthouse, al otro lado de Central Park. Como se enteró todo el mundo, en el juicio de custodia por los hijos que tenían en común, Mia supo del affaire entre su hija adoptiva –cuyo padre es el pianista y director de orquesta André Previn– y Woody cuando visitó el departamento del célebre cineasta y encontró sobre la chimenea algunas polaroids de Soon-Yi desnuda. Ofuscada, traicionada y humillada, Mia Farrow ha convertido el desprestigio de Woody Allen en una campaña de vida, una tarea que comparte con los dos hijos naturales que tiene con él: Ronan Farrow y Dylan O’Sullivan Farrow.