El siglo pasado en el Perú fue en gran medida determinado por un grupo de mujeres adelantadas a su época, independientes y vigorosas, con voces que se hicieron oír por encima de los prejuicios de su tiempo. Mujeres que escaparon de las convenciones, que vivieron de su trabajo y que no perdieron de vista la realidad social y la política. Que estuvieron orgullosas de su peruanidad y la celebraron. Mujeres notables como Chabuca Granda, Victoria Santa Cruz, Magda Portal y Alicia Bustamante; y como las cuatro mujeres que presentamos a continuación: Mocha Graña, Elvira Luza, Piedad de la Jara y Carola Aubry, que influyeron en el arte, la cultura y la sociedad peruana de las mejores décadas del siglo XX.

Por Rebeca Vaisman

Peruanas

Mocha Graña fue una gran bailarina de marinera. En esta foto podemos verla demostrando sus dotes para el baile, junto a Germán López Torres.

En 1960, Chabuca Granda dedicó el vals “Señora y dueña” a su íntima amiga –y madrina de su hijo Carlos– Rosa Graña Garland. Mocha Graña ya era entonces una figura imprescindible de la escena cultural y de las noches de bohemia limeñas. Considerada como la primera diseñadora de modas peruana, fue, sobre todo, una de las más importantes mecenas del arte nacional: fundadora de la Asociación de Artistas Aficionados, difusora del teatro, la danza y el ballet clásico, promotora del Festival de Ancón e integrante del Comité Salvemos Lima, entre otras actividades que asumía con notable ímpetu.

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Junto a Chabuca Granda y Mario Vargas Llosa. Cuando cumplió 90 años, Mocha Graña recibió la Orden al Mérito por Servicios Distinguidos.

María Lucía Carrillo, fundadora de la escuela Mod’Art, conoció a Mocha en 1976, cuando regresó de estudiar escenografía y vestuario en París, y fue convocada para unirse al equipo del Teatro Nacional Popular, donde Mocha se encargaba del vestuario. Entre sus tantas cualidades podía contarse la de ser una excelente bailarina de marinera, y su mayordomo Manuel fue siempre su mejor pareja. En una tarde cualquiera podían darse cita en su casa de Salaverry la propia Chabuca Granda, el tenor Luis Alva, el director de teatro Ricardo Roca Rey, y algún joven integrante del Coro Nacional, recuerda María Lucía Carrillo. Mocha trataba de conectar gente, establecer vínculos fértiles que dieran vida al ámbito cultural. Y si alguien tenía vitalidad, era ella.

ELVIRA LUZA ARGALUZA (1903-2004)

Cuando el Estado peruano decidió concederle en 1975 el Premio Nacional de Cultura al maestro ayacuchano Joaquín López Antay, gran parte de la “Lima culta” puso el grito en el cielo, oponiéndose a que el “arte culto” fuese puesto al mismo nivel que la artesanía. Esto inició uno de los más importantes debates culturales de esos años, y López Antay se vio obligado a defender su obra. Lo acompañaba un grupo de pensadores y artistas que formaron una defensa férrea frente a la intolerancia elitista. Una de las más apasionadas fue Elvira Luza. Peruanista, difusora del arte popular, colaboradora de la Comisión Nacional de Cultura y miembro del Instituto de Arte Contemporáneo, dejó como legado, tras su muerte, una de las colecciones más importantes de arte popular peruano.

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Elvira Luza al lado de Marisa Mujica de Pinilla, su amiga de toda la vida.

Fue la menor de los cinco hermanos Luza Argaluza. De ellos, Reynaldo Luza alcanzó fama internacional. Pero, mientras su hermano mayor vivía entre París y Nueva York, Elvira se convirtió en toda una personalidad en Lima. Perteneció a la primera promoción de la Escuela Nacional de Bellas Artes, dirigida por Daniel Hernández: conoció a José Sabogal, se interesó por el indigenismo y por lo que crecía apartado de una Lima ajena. “Era una mujer de carácter fuerte, dominante”, recuerda su sobrino y ahijado Carlos García Montero Luza. “Viajaba a la sierra para encontrarse con los artesanos. Se internaba en los pueblos a caballo, cuando era algo impensado para una mujer en esa época”.

PIEDAD DE LA JARA LORET DE MOLA (1903-2000)

La peña Karamanduka fue fundada en 1956 por Carlos de la Jara. Luego de un par de años, se la entregó a su hermana, Piedad de la Jara. Fue una gran decisión. Bajo la dirección de ‘Piti’ –como la llamaban sus amigos más íntimos–, Karamanduka se convirtió en el lugar preferido de la bohemia limeña de clase alta y en un espacio de celebración y disfrute de la música criolla peruana.

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Carola Aubry, Mocha Graña y Piedad de la Jara celebraban su peruanidad y vivieron el criollismo. Piedad fue la pionera de las peñas: el Karamanduka se convirtió en el centro de reunión de la bohemia limeña. Y ella era la animada anfitriona que se quedaba siempre hasta cerrar el local.

Siguiendo un camino que había sido empezado por Chabuca Granda, y acompañada por su hermana Rosita, Piedad quiso que la música criolla amplíe su público y fuese apreciada también por artistas de otros rubros, por intelectuales y por sectores económicos más altos. “El Karamanduka introdujo la música criolla a los salones de Lima. Pero también fue una puerta para grandes artistas”, asegura Tita Cedrón, su directora artística, sobrina, además, de Alejandro Ayarza de Morales, alias ‘Karamanduka’, compositor a quien la famosa peña debe su nombre.

CAROLA AUBRY (1921-2003)

Fue la primera esposa del dos veces presidente Fernando Belaunde, y se divorció en una época en la que hacerlo era motivo de cejas levantadas y susurros a las espaldas. Es recordada como una mujer de múltiples talentos: fue diseñadora de modas y de joyas, y también se dedicó a pintar; fue excelente cocinera y bailarina de marinera, y su estética particular la plasmó, asimismo, en la decoración. Así la recuerda Mónica Larson, su nuera. Activa, siempre. Levantándose muy temprano en la mañana para leer todos los periódicos, revisando su enciclopedia forrada de gamuza y aficionada a los crucigramas. Siempre invitando gente interesante a su casa. Fue amiga íntima de Mocha Graña (murió apenas una semana antes que ella) y gran anfitriona de la bohemia limeña. Una mujer con un gusto tan de avanzada, que hasta hoy sus nietas siguen usando sus vestidos.

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Junto a su amiga Piedad de la Jara y el actor cómico Tulio Loza.

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