Echamos una mirada a las opiniones y los sentimientos de Fernando de Szyszlo, a través de las múltiples entrevistas que concedió a COSAS durante los 25 años de nuestra revista.

Leer (1997)

“Hasta los 14 años tuve asma y pasaba mucho tiempo en cama. Ahí comencé a leer a Julio Verne y Sabatini, pero rápidamente pasé a Dumas y Víctor Hugo. Y luego la novela francesa del siglo XIX, Balzac, Flaubert, la novela rusa del siglo XIX, Tolstoi, y más adelante, el mundo de la novela contemporánea. Algunas veces me he quedado toda una noche leyendo. En París, por ejemplo, leí por segunda vez ‘La Montaña Mágica’ en un día. Con Proust, a quien descubrí a los 18 años, también me he quedado leyendo hasta las 4 de la mañana”.

Navidad (1999)

“Como la Navidad es una fiesta familiar, la comparto con mis seres queridos y con la familia de mi esposa. Pero conforme pasa el tiempo, es más melancólica, sobre todo ahora que no tengo a mi hijo Lorenzo junto a mí. Cuando uno tiene memoria, la tristeza pesa más que la alegría que esta fiesta pueda representar. Y conforme uno es mayor, los recuerdos ocupan un espacio más importante en la vida. Se va acumulando todo, como una computadora, pero con la diferencia de que no se puede borrar ni modificar nada, por más inaceptable que sea un hecho. Los momentos son irrecuperables. Es duro ver que en cada Navidad se tiene menos personas queridas al lado, que los amigos van muriendo o que cada vez tienen menos entusiasmo por la vida. Y estas fiestas te obligan a sentarte a pensar sobre eso”.

París (2003)

¿Qué significo para usted la experiencia de vivir seis años en París? 

“Siempre digo que allí descubrí dos cosas: primero, que no sabía pintar los cuadros que quería pintar. Tenía que comenzar otra vez desde cero, porque había aprendido a pintar en una magnífica escuela, la Universidad Católica, pero con la técnica posimpresionista, que no era lo que yo quería para expresarme. Hice copias de cuadros del Renacimiento para aprender as pintar como yo quería. Y lo segundo que aprendí fue que era latinoamericano, que éramos una masa de intelectuales, artistas, formados en la cultura occidental, pero que en Europa éramos como los parientes pobres. No nos sentábamos en la mesa del banquete sino en una mesa chiquita, al costado. Eso fue muy importante. Y las amistades que hice en esa época duraron para siempre”.

Muerte (2003)

-¿Qué es la muerte?

“La ausencia de vida, y la vida es lo poco que tenemos. La muerte es el final, es una cosa horrible; yo no creo en nada más allá de la muerte. El único tesoro que reconozco y que tengo es la vida, estar vivo, poder disfrutar; leer, escuchar música, ver a mis amigos. Cuando uno tiene cierta edad, el pensar que todo eso va a desaparecer se hace más cercano y es muy impresionante, muy grave, pero no tiene remedio”.

Lorenzo (2008)

-Usted, sin embargo se ha mantenido productivo, activo socialmente. ¿De dónde sacó la fortaleza para sobrellevar la muerte de un hijo? 

“Yo siempre me he refugiado en la pintura. Además, la presencia de Lila, mi actual esposa, ha sido muy importante porque me ha ayudado en ese trance horrible que es perder a un hijo. Es un escándalo: los padres no entierran a los hijos, los hijos entierran a los padres. Dalí decía: “Un pintor está casado con la pintura y la engaña con su mujer”. Así fue mi vida y por eso pude sobrevivir a la muerte de Lorenzo. Blanca no tuvo ese apoyo. Era una poeta que escribía poco y no tuvo alguien a su lado que la apoyara. Fue terrible la muerte de Lorenzo”.

Vivir (2008)

-¿Qué es lo que más valora de la vida? 

“Estar vivo. André Gide, el escritor francés de comienzos del siglo XX, en un libro que se llama “Les nourritures terrestres” (“Los alimentos terrenales”), dice: “J’appelle Dieu tout ce que j’aime. Et j’aime tout” (“Llamo Dios a todo lo que amo. Y amo todo”). Estar vivo es eso: es el deslumbramiento de estar en uso de las facultades para disfrutar lo maravillosa que es la vida”. 

60 años pintando (2009)

-Acaba de regresar de Bogotá para celebrar con pinturas recientes el aniversario de Fórum. ¿Es usted incansable? 

“Me moriría sin trabajar. Llevo un horario de oficina. Después de desayunar, leo los periódicos y me pongo a trabajar. Almuerzo, y sigo hasta las cinco y media o seis de la tarde, siempre con luz de día. Y los domingos, almuerzo con amigos, pero pinto, siempre pinto. Cuando salgo de Lima, hago viajes muy cortos. A Nueva York, de donde acabo de regresar, voy para ver museos y mantenerme al tanto de lo que pasa en el mundo”.

Retrospectiva en el MALI  a los 86 años (2011)

“Desde hace sesenta y seis años no he dejado de pensar en mi país, en mi paisaje, en mis amigos. Creo que eso me ha dado la fuerza de seguir buscando la verdad; quizá, en un siguiente cuadro la encuentre…”

Legado (2016)

-¿Es consciente de que es uno de los peruanos vivos con menos chances de ser olvidado?

“Ojalá… Es tan complicado; uno nunca sabe qué es. Ningún artista sabe el valor real de su trabajo. Rilke, a propósito de Rodin, decía: “Ha llegado a la fama, pero ¿qué es la fama sino la suma de las incomprensiones que se acumulan alrededor de un hombre nuevo?”. Se necesita que pase cincuenta años para saber si existes o no, Meissonier, el pintor francés del siglo XIX, en su momento era el pintor más caro, todos los museos tenían sus cuadros. Ahora cuesta menos que una de estas muestras de arte contemporáneo”.