La captura del mandatario venezolano tras la intervención militar de Estados Unidos en Caracas ha generado distintas reacciones entre los gobiernos de la región: mientras algunos celebran el fin de un régimen al que consideran autoritario, otros alertan sobre la violación de la soberanía y el peligro de sentar un precedente que reordene, por la fuerza, el equilibrio político en América Latina.
Por: Renzo Espinosa Mangini
América Latina reaccionó de inmediato, y de manera distinta, a la captura de Nicolás Maduro tras la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela. La noticia activó una rápida recomposición del mapa diplomático regional, con gobiernos que se ubicaron en orillas opuestas frente a un hecho que reabre viejos debates.
De un lado, administraciones de perfil liberal y conservador respaldaron la operación y la definieron como el cierre de un régimen autoritario. Del otro, gobiernos de izquierda y países históricamente alineados con la no intervención pusieron el acento en la vulneración de la soberanía venezolana y en los riesgos que una acción de este tipo podría tener para la estabilidad regional.
El bloque que celebra el fin del régimen
Para algunos gobiernos, la caída de Maduro representa el desenlace largamente esperado de un régimen al que consideran autoritario y criminal. Argentina fue el primer país en alzar la voz con entusiasmo. Desde Buenos Aires, Javier Milei calificó la jornada como “histórica para la libertad” y sostuvo que el mundo es hoy un lugar más seguro. Su lectura fue clara: no se trató de una intervención cuestionable, sino de un acto necesario.
LA LIBERTAD AVANZA
VIVA LA LIBERTAD CARAJO pic.twitter.com/yexGuQfKvF— Javier Milei (@JMilei) January 3, 2026
En la misma sintonía se ubicó Ecuador. El presidente Daniel Noboa habló de manera frontal: “A todos los criminales narcochavistas les llega su hora”. Su mensaje, dirigido también a la oposición venezolana, dejó explícito el alineamiento político y simbólico con un eventual proceso de transición, al que Ecuador promete respaldo.
Panamá, a través de su presidente José Raúl Mulino, reiteró su apoyo a un proceso democrático y a la voluntad popular expresada en las urnas. La idea de una transición “ordenada y legítima” aparece como el horizonte deseable para estos países, que ven en la salida de Maduro una oportunidad para cerrar un ciclo de inestabilidad regional.
La otra orilla: soberanía, precedentes y miedo al desborde
Del otro lado del tablero, la reacción fue de alarma. Los gobiernos de Gustavo Petro en Colombia, Claudia Sheinbaum en México, Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil y Gabriel Boric en Chile coincidieron en un diagnóstico incómodo: más allá del personaje y de su régimen, la forma importa.
Petro fue uno de los más duros. Desde Bogotá, el presidente colombiano advirtió sobre el riesgo de una guerra civil prolongada y sobre el impacto inmediato que el caos venezolano podría tener en la seguridad de la frontera común. Para su gobierno, la intervención militar no solo vulnera tratados internacionales, sino que amenaza con profundizar el sufrimiento de una población ya golpeada.
El Gobierno de la República de Colombia observa con profunda preocupación los reportes sobre explosiones y actividad aérea inusual registrados en las últimas horas en la República Bolivariana de Venezuela, así como la consecuente escalada de tensión en la región.
Colombia…
— Gustavo Petro (@petrogustavo) January 3, 2026
En México, Claudia Sheinbaum se alineó con la histórica Doctrina Estrada y condenó el uso de la fuerza, insistiendo en que debe ser la ONU la que asuma un rol central para evitar una crisis humanitaria de mayor escala. Lula da Silva, en tanto, expresó su “profunda preocupación” y alertó sobre el precedente que una operación de esta magnitud sienta para el Sur Global, incluso en un contexto en el que su relación con el chavismo ya se había enfriado.
Desde Santiago, Gabriel Boric reforzó ese mismo marco conceptual: rechazo al uso de la fuerza, defensa del derecho internacional y llamado a una salida pacífica, multilateral y dialogada. Desde Montevideo, la Cancillería de Uruguay afirmó que sigue “con seria preocupación los acontecimientos recientes en Venezuela, incluidos los ataques reportados contra instalaciones militares e infraestructura civil”, a través de X.
Como Gobierno de Chile expresamos nuestra preocupación y condena por las acciones militares de Estados Unidos que se desarrollan en Venezuela y hacemos un llamado a buscar una salida pacífica a la grave crisis que afecta al país.
Chile reafirma su adhesión a principios básicos…
— Gabriel Boric Font (@GabrielBoric) January 3, 2026
América Latina responde, una vez más, sin consenso. Entre quienes celebran el derrumbe de un régimen y quienes temen el costo de ese derrumbe, el continente queda suspendido en una tensión conocida, pero cada vez más difícil de resolver.
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