Comunidades remotas en la sierra de Lima, ruinas precolombinas en la selva y rutas inéditas son algunas de las propuestas del explorador, quien deja de lado los contenidos filtrados de las redes sociales para mostrar el potencial económico y social de los pueblos aislados.
Por: Alessia Carboni
El camino de Gilles hacia la exploración del Perú empezó, paradójicamente, cuando se mudó a España a los 18 años. Allí descubrió una cultura outdoor que lo sorprendió: la gente salía a la montaña, acampaba y exploraba la naturaleza como parte de su rutina.
Cuanto más viajaba por Europa, más le pesaba una contradicción: ¿por qué el viejo continente lograba conectar tan orgánicamente a sus ciudadanos con sus paisajes, y en el Perú, teniendo una inmensa diversidad geográfica, no es el caso?

«Quiero que mi cuenta sea lo más genuina posible».
Después de varios años trabajando en consultoría, decidió dejar España y volver a su país natal. Su meta era recorrer el Perú con esa mirada de explorador, registrar cada rincón en video y volcar todo ese contenido en una plataforma digital para inspirar a otros a viajar.
Así nació Othón Andino. El nombre viene de su segundo nombre, heredado de su abuelo belga. De niño le daba vergüenza cargar con un nombre tan poco común; con el tiempo le tomó cariño y terminó convirtiéndose en algo que hoy siente que lo define.
Su pasión por los viajes viene de familia. Su madre le transmitió el amor por la arqueología precolombina, mientras que su padre la historia y la pasión por la naturaleza. A eso se suma el recuerdo de Harry Hildebrand, un profesor australiano que alentaba a sus alumnos a salir de la comodidad de los destinos de postal.
Detrás de las cámaras
Construir una audiencia implicó un verdadero reto personal. Al principio, Gilles evitaba mostrarse: aparecía en cámara con solo la mitad del rostro, escondiéndose detrás del paisaje. Con el tiempo entendió que la estética perfecta de las redes sociales es un formato agotado y que la conexión con su público pasaba por la transparencia.
Hoy muestra lo bueno y lo malo: el auto atascado durante horas en el barro, la ruta equivocada, el clima hostil o la frustración de llegar a un pueblo y encontrar las puertas cerradas: «Esa decisión de mostrar los contratiempos genera más confianza que los contenidos filtrados, quiero que mi cuenta sea lo más genuina posible».

«Cuanto más viajo, más me doy cuenta de lo poco que conocemos nuestro propio país”.
En sus viajes notó los profundos contrastes sociales y geográficos del país. Vio que las rutas de aventura las recorren casi exclusivamente extranjeros; el turista local rara vez sale del circuito tradicional.
También descubrió pueblos hermosos que no figuran en las guías de viajes. «Viajando por distintas partes del Perú, me di cuenta de que hay muchísimos pueblos olvidados cuya economía depende únicamente de lo que se intercambia entre los mismos vecinos. Al no haber un flujo de personas de afuera, es imposible que generen un crecimiento o prosperidad para las siguientes generaciones.
«Para mí, la manera más efectiva de cambiar esta realidad es lograr que la gente los descubra y los visite. Son pueblos preciosos, ubicados en paisajes impresionantes que casi nadie conoce, y su gente tiene muchísimas ganas de recibir viajeros. Al final, cuanto más viajo, más me doy cuenta de lo poco que conocemos nuestro propio país».
Viajar por el Perú también ha sido para Gilles ver de cerca la cicatriz de la minería ilegal en la Amazonía o la pesca con dinamita que depreda la costa. «Nadie defiende lo que no ama, y nadie ama lo que no conoce; por eso, documentar estos rincones se convirtió en mi manera de generar conciencia y tratar de eliminar esa indiferencia».

«A la hora de recomendar destinos, Gilles esquiva las aglomeraciones».
Las joyas ocultas a pocas horas de la capital
¿Cuál es ese lugar que te ha cautivado últimamente y que sientes que la gente está pasando por alto?
«Últimamente me he estado enfocando mucho en la sierra de Lima, un territorio que está muy poco explorado. Vivimos metidos en el caos de Lima Metropolitana y nos cuesta creer que la región tiene nevados, lagunas altoandinas y carreteras en medio de valles espectaculares; la gente simplemente no lo tiene en el radar. Por ejemplo, la ruta que va hacia Huancaya atraviesa zonas que están dentro de la Reserva Paisajística Nor Yauyos-Cochas. Es un lugar que te quita el aliento, pero el viaje en sí mismo ya es alucinante. Hay un desvío desde la Carretera Central, pasando San Mateo, donde te internas por completo en la sierra limeña. Esa ruta es impresionante: manejas rodeado de nevados, ves a las vizcachas corriendo por todas partes y cruzas pueblos construidos al borde de las lagunas. Es increíble».

“Nadie defiende lo que no ama, y nadie ama lo que no conoce».
¿Qué lugares específicos de la sierra de Lima consideras que rompen totalmente con el esquema del turismo tradicional?
«Un gran ejemplo son las torres de piedra de Vichaycocha. Sus formaciones de piedra son espectaculares y la zona está rodeada de cataratas y lagunas. También en el Valle Rojo de Huaral encuentras espejos de agua maravillosos como Azulcocha y Verdecocha. De hecho, si sigues subiendo por ahí, conectas con el Bosque de Piedras de Huayllay; que aunque técnicamente ya no es Lima, está relativamente cerca de la ciudad. Lima y el Perú entero están llenos de estas pequeñas joyas ocultas, pero no las vamos a descubrir si no salimos de la comodidad y nos ponemos a explorar».

«Lima y el Perú entero están llenos de estas pequeñas joyas ocultas, pero no las vamos a descubrir si no salimos de la comodidad y nos ponemos a explorar”.
Destinos en la mira internacional
¿Y fuera del Perú? ¿Que locaciones con ese perfil «pre-masivo» te han encantado?
«Guatemala es un destino con potencial para viajeros exigentes, ha atraído mucha atención internacional porque está muy orientado al turismo de aventura y naturaleza, sin haber llegado todavía a la masificación. Etiopía es otro de los lugares a los que me siento fuertemente atraído por su riqueza cultural. Además, Kirguistán y Mongolia, con sus prados verdes y su tradición de pueblos que viven en constante movimiento, me llaman mucho la atención. Socotra, una isla en Yemen que a pesar de la inestabilidad de su entorno, se mantiene aislada del conflicto regional; es un lugar completamente virgen, donde casi no hay infraestructura hotelera y puedes acampar en medio de sus bosques de árboles de sangre de dragón».

«Quiero que el proyecto me permita explorar Perú, y compartirlo con quienes tienen la misma pasión por el país».
Gilles quiere recorrer cada rincón del Perú y registrarlo con todos sus detalles y matices, indagando y hablando con su gente. Quiere que el proyecto le permita hacerlo y compartirlo con quienes tienen la misma pasión por el país.
«Me gustaría inspirar a las nuevas generaciones a no conformarse con las rutas marcadas y a entender que el Perú es un territorio que urge descubrir y proteger».
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