Cofundadora de Barclay & Crousse, la arquitecta consolida una obra reconocida internacionalmente por su relación con el territorio, la experiencia colectiva y la construcción de espacios públicos significativos
Por: María Jesús Sarca Antonio | Fotos: Arturo Caballero
El estudio de la arquitecta peruana Sandra Barclay está rodeado de libros, planos y maquetas que funcionan como archivo vivo de su pensamiento arquitectónico. Algunas piezas conservan las primeras intuiciones de proyectos que luego se volverían fundamentales en la arquitectura peruana contemporánea, como el Museo de Sitio de Paracas o el Lugar de la Memoria. Desde ese espacio de trabajo, con vista directa al océano Pacífico, Sandra nos recibe para consolidada desde la firma Barclay & Crousse y reconocida a nivel internacional por su enfoque sensible al territorio y al clima.

Instalaciones Universitarias de la Universidad de Piura (UDEP) se integra al bosque seco del norte peruano mediante patios, sombras y ventilación natural, priorizando el confort climático y el encuentro académico.
Desde Lima y la costa del Pacífico hasta museos y campus educativos, Sandra es parte de la dupla de Barclay & Crousse junto a su esposo Jean Pierre Crousse. Su trabajo —desarrollado entre Europa y Perú— propone edificios atentos al paisaje, al clima y a la memoria social, con especial énfasis en espacios públicos, culturales y educativos, una visión consolidada desde la década de 1990 en Lima, París y distintas regiones del país.
Una vocación nacida en casa
Nacida en Lima en 1967, Sandra tuvo un acercamiento temprano al oficio. Su padre, arquitecto, diseñó su hogar, experiencia que marcó su mirada desde la infancia. Entre una figura paterna racional y una madre intuitiva, Barclay reconoce una identidad propia: “No soy perfeccionista para nada. Me gusta que las cosas se queden un poco indefinidas”.
Ese contacto inicial con planos, obra y pensamiento constructivo influyó en una decisión vocacional temprana que la llevó a estudiar Arquitectura en la Universidad Ricardo Palma. Más adelante, continuó su formación en la Escuela de Arquitectura de París-Belleville, institución clave en su desarrollo conceptual y crítico.
La etapa francesa definió su manera de entender el espacio desde el interior, el vacío y la luz. Allí también se consolidó una formación rigurosa, atravesada por referentes académicos que ampliaron su lectura del proyecto arquitectónico como sistema cultural y social, más que como ejercicio formal. Por ejemplo, en edificios públicos, el ejercicio implica anticipar deseos colectivos: “Tienes que ponerte en el lugar de quienes lo van a usar, imaginar deseos que muchas veces no están expresados, sino latentes”.
Barclay & Crousse
Durante sus años universitarios en Lima conoció a Jean Pierre Crousse. La relación creativa se afianzó en Francia, donde ambos iniciaron una colaboración profesional que derivó en la fundación de Barclay & Crousse Architecture en 1994. El punto de inflexión llegó con el concurso para el Museo de Bellas Artes André Malraux, en Le Havre, proyecto que permitió abrir oficina y desarrollar una práctica conjunta sostenida durante varios años.

Sandra Barclay junto a Jean Pierre Crousse, su esposo y socio, con quienes comparten una trayectoria profesional y familiar; ambos transmiten su legado a sus dos hijos: un arquitecto y una ilustradora.
El estudio se trasladó definitivamente a Lima en 2006. Desde entonces, la firma consolidó una metodología basada en la lectura precisa del contexto. Cada proyecto parte del reconocimiento del lugar, la topografía, el clima, los materiales disponibles y las dinámicas sociales. No existe una estética repetitiva ni una firma visual única; el sello aparece en la coherencia entre territorio, programa y experiencia humana.
Proyectos que definen una trayectoria
Cada proyecto responde a un entorno específico, sin recetas replicables. Barclay subraya la importancia de «sentir el lugar». La obra de Sandra se despliega en múltiples escalas y programas. En arquitectura educativa, destacan el Aulario de la Universidad de Piura (UDEP) y las Instalaciones Universitarias de la UDEP, reconocidas por su integración climática y espacial en el bosque seco del norte peruano. En edificios educativos, su enfoque prioriza áreas de encuentro como parte del aprendizaje: “Nos dimos cuenta de la enorme importancia de los espacios de aprendizaje informal”. En contextos tropicales, como en Piura, el clima define la forma: “No puedes habitar sin sombra”, explica, al describir espacios abiertos donde “las ideas fluyen mejor”.

Instalaciones Universitarias de la UDEP, que se integra al bosque seco del norte peruano mediante patios, sombras y ventilación natural, priorizando el confort climático y los espacios de encuentro académico.
En el ámbito cultural, el Museo de Sitio de la Cultura Paracas se convierte en una referencia regional por su implantación respetuosa en el desierto y su materialidad austera. Ya habían trabajado en casas en la costa: «Eran como un laboratorio. Pensábamos: si estas casas son de uso estacional, ¿por qué cerrarlas completamente? ¿Por qué no abrirlas al paisaje, al clima, al territorio?». Sirvieron como punto de partida para tener en claro cómo habitar el desierto. «Ahí no podíamos usar aire acondicionado, así que trabajamos con alturas generosas, ventilación natural y dispositivos ambientales para filtrar la luz y evacuar el calor», comenta.

Museo de Sitio de la Cultura Paracas, levantado sobre las ruinas del edificio anterior destruido por el terremoto de 2007. El proyecto refleja el interés de Sandra por la arquitectura precolombina, a la que define como “una gran lección para lidiar con una región, una cultura, un clima específico”.
Por otro lado, uno de los proyectos más representativos es el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM), ubicado en los acantilados de la Costa Verde, en Lima. Este edificio plantea una reflexión distinta, donde la arquitectura cumple un rol de acompañamiento. “La arquitectura es un marco que acompaña la lectura del dolor”, sostiene. El edificio dialoga con el territorio y con el proceso constructivo: “Dejamos las imperfecciones, las huellas del trabajo manual. Nos gusta que se lea que hubo personas trabajando con cariño”.
“El cuerpo siempre busca la luz”, afirma. En el museo, el recorrido asciende hacia la iluminación natural y se apoya en ventilación cruzada. Sobre Lima, es categórica: “Tiene un clima extraordinario. Es un lujo”. Esa condición permite liberar una plaza pública, porque “un edificio público tiene que ofrecer una plaza para todos”.

Maqueta del proyecto Lugar de la Memoria, donde el edificio se integra a la lógica territorial de acantilados y quebradas de la bahía de Lima, evocando la memoria del paisaje a través de su forma.

Lugar de la Memoria, Lima, obra cultural que dialoga con el litoral y propone una lectura amplia de la memoria, vinculada tanto al territorio como a la historia reciente del país.
Arquitectura doméstica y territorio
En el ámbito residencial, la obra de Barclay & Crousse también propone una lectura sensible del lugar. Viviendas como Equis House, en la costa de Cañete, se integran al desierto mediante volúmenes fragmentados que respetan la topografía y establecen un diálogo continuo entre interior y exterior.
Otros proyectos como Casa D3, Casa F, Casa 03, Casas 3G y el Conjunto Casas Vedoble exploran la relación entre topografía, recorrido y vida cotidiana, tanto en la costa como en entornos urbanos. En uso mixto y escala urbana, sobresalen el Centro Empresarial Gambetta en Francia y edificios residenciales como Edificio MG y Edificio AS en Lima. A ello se suman obras de hospitalidad como el Restaurante Amar de Lima, donde el paisaje costero estructura la experiencia del usuario.

Implantada en el paisaje costero, la vivienda se concibe como un volumen que dialoga con el terreno. “Comenzamos concibiendo un sólido puro que pareciera haber estado siempre allí”, explica el estudio.

Equis House propone una vida cotidiana con espacios que buscan crear la intimidad necesaria para vivir en el desierto y «domesticarlo», mediante una secuencia continua donde interior y exterior se integran.
Reconocimientos y proyección internacional
La trayectoria de Sandra Barclay recibió múltiples distinciones. Entre ellas destacan las obtenidas en 2013, cuando fue reconocida con el Premio CICA a la Arquitectura Latinoamericana y el Premio Bienal de Arquitectura Latinoamericana en la Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires, ambos por el proyecto del LUM. En 2014 recibió el Hexágono de Oro por la misma obra. En 2016 obtuvo el Premio al Diseño Arquitectónico por el Museo Paracas en la XX Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito. En 2018 ganó el Premio Mies Crown Hall Américas por el Aulario de la Universidad de Piura, entre otros reconocimientos.
Entre las más recientes figuran Arquitecto de las Américas 2024 por la Federación Panamericana de Asociaciones de Arquitectos y la nominación al Mies Crown Hall Americas 2024. En 2019 obtiene el Doctor Honoris Causa por la Universidad de Piura, además del Premio Obra del Año de Plataforma Arquitectura y el Premio Internacional del Real Instituto de Arquitectura de Canadá como proyecto preseleccionado.

Sandra Barclay en su estudio, ubicado cerca del malecón Grau, en Lima, rodeada de maquetas, libros, archivos y reconocimientos que dan cuenta de su trayectoria.
Actualmente, Sandra Barclay y su estudio se encuentran desarrollando el proyecto de la Facultad de las Artes Escénicas de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Desde esa práctica activa, la arquitecta entiende su trabajo como un proceso continuo, inseparable de su vida personal. “No puedo disociar ser madre y ser arquitecta. Para mí eso es lo más importante”, afirma.
Su mirada, cargada de experiencia, reflexiona sobre su vida y lo que aún le falta vivir de ella: “La carrera es solo una parte; la otra gran parte es la experiencia de acompañar a los hijos”.
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