La exposición del artista peruano “Alberto Guzmán (1927–2017), Obra gráfica, dibujo y escultura”, ofrece una revisión integral de la producción de uno de los artistas peruanos con mayor proyección internacional del siglo XX, bajo la curaduría de Luis Eduardo Wuffarden.

Por Micaela Simón

Instalada en el Museo del Grabado ICPNA, la muestra dedicada a Alberto Guzmán propone un recorrido por distintas etapas y soportes de su producción, poniendo en diálogo obras gráficas, dibujos y esculturas que revelan la solidez de un pensamiento artístico sostenido en el tiempo.

El conjunto permite observar cómo la investigación formal, el rigor constructivo y la libertad experimental convivieron en una obra marcada por la búsqueda constante y la autonomía del lenguaje.

Alberto Guzmán, escultor peruano. Figura clave de la abstracción en la escultura del siglo XX.

Formado en la Escuela Nacional de Bellas Artes y radicado en París desde los años sesenta, Alberto Guzmán fue una figura clave en la introducción de la abstracción en la escultura peruana. Su obra dialogó con los lenguajes internacionales sin perder referencias simbólicas de raíz precolombina y extendió esa búsqueda al dibujo y la gráfica, una faceta central de la muestra.

Acuarelas, grabados y técnicas mixtas revelan cómo el gesto y la línea no fueron estudios previos, sino parte de una exploración autónoma que acompañó su interés sostenido por la luz, la transparencia y la depuración formal.

La voz de quien trabajó a su lado

En conversación con el escultor Álvaro Roca Rey surge una mirada clave para entender al artista. Fue asistente de Guzmán durante dos años y medio en París y se volvió su amigo cercano.

“La mayor parte de los escultores hacen bocetos y planos detallados. Alberto no hacía planos. Se sentaba, empezaba a dibujar y ese dibujo ya era una obra de arte”, señala. Para él, esa manera directa y libre de trabajar definía el carácter de toda su producción. “Llegaba por las mañanas y, en vez de sufrir, se divertía con el papel”.

Muchos de esos dibujos, que luego podían derivar en esculturas en bronce, hierro o mármol, están hoy expuestos y permiten entender la continuidad entre sus exploraciones bidimensionales y tridimensionales.

La muestra incluye además piezas provenientes de colecciones privadas y del propio ICPNA, así como obras donadas recientemente por la esposa del artista al Museo del Grabado, gestión en la que Roca Rey tuvo un rol decisivo.

“la exhibición es un compendio, no muy extenso porque su obra fue muy vasta, pero reúne piezas prestadas por coleccionistas y obras que ya pertenecen a la colección del ICPNA”, señala Roca Rey.

El énfasis en el trabajo bidimensional responde, además, al espacio que la acoge. “Como se presenta en el Museo del Grabado, se ha dado un mayor peso al dibujo y al grabado, que es una parte fundamental de su trabajo y pocas veces exhibida”.

Pese a su relevancia, Guzmán tuvo un reconocimiento limitado en el Perú, donde su obra pública fue escasa y su mercado se concentró principalmente en Francia.

Para Roca Rey, esta exposición representa una oportunidad poco frecuente de acercarse al trabajo de Guzmán en el país y, al mismo tiempo, de volver sobre un rasgo esencial de su manera de entender el arte: “él no tenía facilidad para explicar lo que hacía, pero su obra hablaba mucho mejor que él, y cuando el arte habla, no miente”, concluye Roca Rey.

Suscríbase aquí a la edición impresa y sea parte de Club COSAS.