En entrevista con Cosas, Alejandro Cavero revela cómo la Ley N.° 31980 y la inversión privada buscan devolverle al Centro Histórico de Lima su alma y vitalidad, transformando la recuperación patrimonial en un proyecto que entrelaza historia, vivienda, comercio y vida urbana.
Por: Luis Mauricio Málaga Fuenzalida
El Centro Histórico de Lima ha sido durante décadas una paradoja: Patrimonio de la Humanidad, pero a la vez escenario de abandono, deterioro y ausencia de reglas claras para su conservación. Hoy, sin embargo, ese espacio vuelve a ocupar un lugar central en el debate urbano y político del país. Para el congresista Alejandro Cavero, la recuperación del centro no es solo una tarea técnica o administrativa, sino una apuesta por la identidad, el orden y la continuidad histórica de Lima como capital.
La reactivación del pasaje Nicolás de Ribera, convertido en eje gastronómico y cultural gracias a la inversión privada, es apenas uno de los signos visibles de un proceso más amplio. A su alrededor, el Centro Histórico empieza a atraer nuevos hoteles, oficinas y restaurantes en otros sectores del Damero, así como proyectos inmobiliarios de uso mixto que buscan reintroducir vivienda, servicios y actividad económica permanente en zonas largamente degradadas. Esta expansión del interés privado confirma que el centro vuelve a ser percibido como un espacio viable para invertir, trabajar y habitar.

Lima, fundada en 1535, corazón del antiguo Virreinato del Perú, sus balcones, iglesias y plazas guardan la memoria de siglos en que fue centro político y cultural de Sudamérica. (Créditos: Luis Mauricio Málaga Fuenzalida)
Ese dinamismo se articula con la recuperación estructural del patrimonio impulsada por Prolima, que ejecuta una estrategia de restauración monumental y espacio público a escala urbana. En este contexto se inscribe la Ley N.° 31980, de autoría del propio Cavero, y sus modificaciones, concebidas para ofrecer seguridad jurídica e incentivos claros, permitiendo que la inversión privada acompañe la conservación sin desfigurar el valor histórico del entorno.
En entrevista con Cosas, Cavero explica los alcances de ese marco legal, el rol del Estado en la recuperación del centro y la oportunidad histórica que enfrenta Lima: pasar de la restauración aislada a un modelo integral, donde patrimonio, inversión, vivienda y actividad económica convivan de manera ordenada, sostenible y coherente con la historia de la ciudad.
Congresista, más allá de lo técnico, ¿qué significa el Centro Histórico de Lima para Alejandro Cavero? ¿Un recuerdo personal, una frustración histórica o la aspiración de convertir a la capital en una ciudad de nivel global?
El Centro Histórico es una muestra de la enorme riqueza cultural, histórica e identitaria del país. Es Patrimonio de la Humanidad y, sin embargo, durante tres o cuatro décadas estuvo en un estado indigno. Resultaba inaceptable traer a un turista a Lima, una ciudad con una historia tan rica, y encontrar un centro histórico pobre, destruido y mal cuidado. Esa fue la principal razón que me llevó a actuar.
Un país con la historia del Perú no puede permitir que su capital histórica esté en mal estado. Lima fue la capital del virreinato más importante de España en América y una de las ciudades más relevantes de su época; durante años fue la joya del virreinato. Verla en condiciones calamitosas era inadmisible y había que cambiarlo.

“Lima fue la capital del virreinato más importante de España en América y una de las ciudades más relevantes de su época; durante años fue la joya del virreinato”. (Créditos: Leonardo Amador Yonz)
Prolima ya tenía un plan técnico de recuperación, ¿en qué momento entendiste que era indispensable otorgarle un sustento legal?
Los trabajos de Prolima comenzaron hace más de una década, con una visión clara y posteriormente un Plan Maestro bien estructurado. Era una buena visión para recuperar el Centro y un buen plan técnico, pero su implementación era demasiado lenta.
Ahí es cuando queda claro que no bastaba la voluntad ni el enfoque técnico: hacía falta un impulso que les diera herramientas legales concretas para avanzar con mayor rapidez. La restauración había empezado hacía mucho tiempo, pero no avanzaba al ritmo que la ciudadanía esperaba ni necesitaba, por múltiples razones: falta de recursos, ausencia de instrumentos legales y, sobre todo, falta de empoderamiento jurídico.
La Ley N.° 31980 hace precisamente eso. Es el primer caso de descentralización de competencias en materia cultural. Por eso el dictamen no lo elaboró la Comisión de Cultura, sino la Comisión de Descentralización. Uno de los grandes problemas que tenía Prolima era la inoperancia y la lentitud tradicional del Ministerio de Cultura. Muchas intervenciones no avanzaban porque no se autorizaban, porque los trámites se demoraban o porque no existía suficiente capacidad técnica para entender la complejidad de los proyectos.
Además, el Ministerio de Cultura estaba altamente politizado, ideologizado y con cambios constantes de autoridades, lo que hacía muy difícil cualquier coordinación. En Prolima, en cambio, existía continuidad institucional. Sin resolver ese problema de competencias, era imposible avanzar.
“El Centro Histórico es una muestra de la enorme riqueza cultural, histórica e identitaria del país».
Lo que hace la Ley N.° 31980 es dotar a Prolima de las capacidades necesarias para tomar decisiones en el ámbito del Centro Histórico: otorgar licencias de funcionamiento en casonas patrimoniales, regular la colocación de carteles, definir parámetros de altura, controlar el ornato urbano y autorizar refacciones o remodelaciones.
Antes, todo eso podía demorar meses o incluso años bajo el Ministerio de Cultura, convirtiéndose en un verdadero cuello de botella. Hoy, con procesos más simplificados y predecibles, cualquier vecino, propietario o inversionista del Centro Histórico tiene un marco mucho más claro y eficiente para actuar.
La Ley N.° 31980 introdujo beneficios tributarios como el crédito de hasta el 30 % del Impuesto a la Renta, ¿fue esto decisivo para reactivar la inversión privada?
Sí, claro, aunque no fue un solo factor, sino una combinación de varios elementos. Primero, era indispensable contar con una visión clara y un Plan Maestro. Segundo, había que empoderar al órgano encargado de ejecutarlo, dotándolo de respaldo legal y de las competencias necesarias. Y tercero, era fundamental impulsar tanto la inversión pública como la privada.
En cuanto a la inversión pública, la ley destina el 3% del IGV que se recauda en el Centro Histórico de Lima exclusivamente a proyectos orientados a implementar la visión del Plan Maestro. Esto genera un efecto directo sobre la inversión privada. Solo el año pasado, Prolima contó con aproximadamente 120 millones de soles provenientes de este fondo, destinados íntegramente a la recuperación del Centro.
Además, este mecanismo nos vuelve partícipes a todos. Cada vez que una persona viene al Centro de Lima y consume algo, contribuye, de una u otra forma, a la recuperación de su identidad, de su historia y de su Centro Histórico como limeño.

El Programa Municipal para la Recuperación del Centro Histórico de Lima (PROLIMA), dirigido por el arquitecto Luis Martín Bogdanovich, ejecuta el Plan Maestro del Centro Histórico de Lima al 2029 con visión al 2035, que impulsa la restauración de iglesias, monumentos y más de 170 inmuebles, así como la recuperación urbana del centro de la capital. (Créditos: Luis Mauricio Málaga Fuenzalida)
Esa inversión pública va acompañada de incentivos muy importantes para la inversión privada. Quien invierte en la recuperación, refacción o restauración de una casona patrimonial puede deducir hasta el 30% de lo invertido como crédito fiscal contra el Impuesto a la Renta. Es un incentivo muy fuerte para que más empresas apuesten por el Centro, especialmente en inmuebles patrimoniales.
Antes, intervenir una casona era prácticamente un suplicio: caro, complejo y con el riesgo de terminar enjuiciado o perseguido por el Ministerio de Cultura. Hoy, en cambio, el objetivo es atraer inversión privada, poner en valor las casonas, restaurarlas y abrirlas a los ciudadanos mediante restaurantes, hoteles, cafés, bares u otros negocios.
La idea es que la inversión pública del Estado vaya de la mano con la inversión privada de los ciudadanos, para devolverle vida a un Centro Histórico que, durante mucho tiempo, después de las seis de la tarde, quedaba abandonado, oscuro y sin actividad.

“No tiene sentido atraer hoteles o inversiones si el entorno sigue siendo inseguro y vulnerable». – declaró Cavero mientras recorría con nosotros las calles y jirones que componen el centro histórico de la ciudad (Créditos: Leonardo Amador Yonz)
¿También se contempla consolidar el centro histórico como un espacio residencial y financiero?
Sí, y es importante decirlo: en el Centro de Lima vive mucha gente. El problema es que una parte importante de esa población lo hace en viviendas tugurizadas y en condiciones muy precarias. Precisamente por eso, la ley contempla que hasta el 20% del fondo generado por el 3% del IGV pueda destinarse a proyectos de vivienda social en el Centro Histórico.
El Centro tiene un problema habitacional serio, y la ley lo aborda de manera directa. Con estos recursos se puede generar vivienda social en el propio centro de la ciudad, haciendo compatible la recuperación del patrimonio histórico con la destugurización y la mejora real de la calidad de vida de quienes ya viven allí.
«Muchas intervenciones no avanzaban porque no se autorizaban, porque los trámites se demoraban o porque no existía suficiente capacidad técnica para entender la complejidad de los proyectos».
El Centro tiene que volver a ser un lugar donde la gente viva y donde la gente trabaje. Allí funciona una enorme cantidad de instituciones públicas: el Ministerio de Economía, la Cancillería, el Ejecutivo, el Congreso, el Poder Judicial, el Ministerio Público, entre otros. La idea es complementar esa fuerte presencia pública atrayendo también oficinas privadas y promoviendo vivienda formal.
Nuestro Centro Histórico, a diferencia de lo que ocurre en otros países, dejó de ser hace mucho tiempo un centro vivo y articulado a la ciudad. Lo que ocurrió fue, más bien, un éxodo. Muchas de las actividades que naturalmente deberían estar en el centro migraron hacia distritos como Miraflores o Barranco, y este quedó abandonado.
La idea es revertir ese proceso porque aquí tenemos un patrimonio que no existe en otras partes del mundo: un Centro Histórico que es Patrimonio de la Humanidad.
¿Cuál es el propósito de la Ley Modificatoria N.° 32552, que permite que el 3 % del IGV generado en el sector sea reinvertido en él mismo?
Este modelo permite que los recursos destinados a la recuperación del Centro Histórico sean predecibles y sostenibles en el tiempo. Ya no dependen, como ocurría antes, de la voluntad política del alcalde de turno.
Es cierto que en los últimos años ha existido una continuidad institucional positiva en Prolima. Los últimos tres o cuatro alcaldes han permitido esa continuidad y han entendido el valor estratégico de la recuperación del Centro. Pero no existe ninguna garantía de que eso vaya a mantenerse indefinidamente en el futuro.

“La ley destina el 3% del IGV que se recauda en el Centro Histórico de Lima exclusivamente a proyectos del Plan Maestro.” (Créditos: Leonardo Amador Yonz)
Por eso es fundamental que haya un fondo permanente y exclusivo para la implementación de este plan. Un fondo que permita restaurar progresivamente el Centro Histórico con recursos previamente definidos y que no esté sujeto a que una autoridad considere este tema más o menos importante y decida asignarle más o menos presupuesto.
Este esquema de autonomía financiera es lo que asegura que la recuperación del Centro no sea episódica ni coyuntural, sino una política pública sostenida en el tiempo.
Con la inclusión del Rímac, ¿puede el orden del Damero de Pizarro replicarse en Jirón Trujillo, o se necesita una estrategia distinta?
Sí, efectivamente. Originalmente, la ley establecía que el 3% del IGV recaudado en el Centro Histórico de Lima se destinara exclusivamente a los proyectos de recuperación contemplados en el Plan Maestro. El problema era que muchos de esos proyectos están ubicados en el Rímac, porque el Centro Histórico no abarca solo el Cercado de Lima, sino también distritos como el Rímac y Breña. Sin embargo, estos distritos no formaban parte de la fuente de generación de los recursos.
Lo que se hizo fue incorporarlos al esquema. Hoy, al igual que en el Cercado de Lima, el 3% del IGV que se genera en el Rímac se destina directamente a los proyectos de restauración del patrimonio contemplados en el Plan Maestro para ese distrito. Esto es clave, porque el Rímac es un distrito con muchos menos recursos que la Municipalidad Metropolitana de Lima y necesita una fuente de financiamiento estable para recuperar su Centro Histórico.
“Cada vez que una persona viene al Centro de Lima y consume algo, contribuye a la recuperación de su identidad y de su historia”.
Además, la ley no solo permite invertir estos recursos en proyectos de inversión, sino también en actividades de operación, intervención y mantenimiento. Este punto es fundamental, porque restaurar sin mantener conduce inevitablemente al deterioro. Se requieren recursos para limpieza, conservación, pintura, iluminación y servicios urbanos conexos, que muchas veces no están contemplados en los proyectos de inversión originales.
La idea es que la recuperación sea integral y sostenible. No se trata solo de restaurar una iglesia o un edificio patrimonial y dejarlo ahí, sino de asegurar un proceso continuo de mantenimiento que garantice la sostenibilidad financiera, urbana y patrimonial del Centro Histórico en el largo plazo.
Muchas recuperaciones del Centro Histórico de Lima han sido pasajeras, ¿qué garantiza que esta vez sea sostenible y qué lecciones se toman de otros centros históricos como los de Quito y Cartagena de Indias?
En una ciudad como Lima, a los tres meses el polvo vuelve a cubrir las paredes y lo “colorido” desaparece si no existe una capacidad real de mantenimiento en el tiempo. Por eso no basta con restaurar: hay que sostener.
La idea de un fondo sostenible y predecible la conocí a partir de la experiencia de Quito. Allí, luego de un terremoto que afectó gravemente la ciudad, se creó un patronato con un fondo permanente que permitió una recuperación sostenida del Centro Histórico. Hoy uno visita Quito y encuentra un centro histórico en condiciones extraordinarias, probablemente mejor conservado que el de Lima, aun cuando —a mi juicio— Lima tiene un patrimonio incluso más valioso y bello.
¿La diferencia? Que el Estado destinó recursos de manera constante a lo largo del tiempo. Y eso es algo que como país nos ha faltado históricamente, no solo en Lima, sino en general. Si vamos al fondo del problema, el Perú no invierte en cultura. El presupuesto anual del Ministerio de Cultura ronda los 800 millones de soles y es uno de los más bajos del Estado. En restauración de patrimonio arqueológico y monumental prácticamente no se invierte nada. Tenemos más de 25 mil sitios arqueológicos: huacas convertidas en basurales, sin iluminación, sin cerco y sin saneamiento físico-legal.

“Quedó claro que no bastaba la voluntad ni el enfoque técnico: hacía falta un impulso con herramientas legales concretas.” (Créditos: Leonardo Amador Yonz)
Es paradójico, porque el patrimonio cultural no es un gasto, sino una inversión profunda. Si se recupera y se sostiene en el tiempo, puede generar un enorme desarrollo económico: turismo, inversión privada, empleo e identidad urbana. Con la riqueza patrimonial que tiene el Perú, la puesta en valor del patrimonio podría ser una herramienta clave de desarrollo.
Muchos gobernantes no han tenido la visión de entender el enorme potencial económico, cultural y social que implica invertir seriamente en la recuperación y mantenimiento de nuestro patrimonio.
Históricamente, áreas como la Plaza San Martín han sufrido informalidad y violencia, ¿esta ley le suma herramientas a la ciudad para ordenar el Centro Histórico?
El Centro Histórico de Lima arrastra problemas estructurales que, en realidad, son problemas de toda la ciudad. Van mucho más allá de la restauración del patrimonio y tienen que ver con inseguridad, comercio informal, desorden urbano y, en algunos casos, manifestaciones violentas que terminan destruyendo bancas, plazas y muros para lanzar piedras contra la policía. Esa es una realidad que no podemos negar, y que se expresa con claridad en espacios como la Plaza San Martín.
Ahora bien, esas responsabilidades no recaen directamente en la ley ni en Prolima, sino en la Municipalidad de Lima. Es deber de la municipalidad acompañar este esfuerzo legal con herramientas que ya existen: una gerencia de fiscalización que ordene el Centro de manera sostenida y una gerencia de seguridad ciudadana que lo patrulle y garantice el orden.
La recuperación del patrimonio, financiada con recursos públicos y con el esfuerzo de todos los contribuyentes, tiene que ir acompañada de servicios básicos de ciudad: seguridad, fiscalización y control efectivo del comercio informal. Y esto no debería exigirse solo en el Centro Histórico, sino en toda Lima.
“El Centro tiene que volver a ser un lugar donde la gente viva y donde la gente trabaje».
Lo que ocurre en la Plaza San Martín se repite en muchas otras zonas de la ciudad. Basta caminar por la avenida Abancay, por detrás del Congreso o por el jirón Andahuaylas para constatar cómo el comercio informal ha tomado pistas y veredas. Eso no es un problema patrimonial, sino un problema de gestión municipal.
Es evidente que la recuperación del Centro, con todos los incentivos fiscales y tributarios que ha creado la Ley N.° 31980 para atraer inversión pública y privada, necesita que las autoridades acompañen ese esfuerzo. No tiene ningún sentido atraer hoteles de alto nivel o grandes inversiones si el entorno sigue siendo inseguro y vulnerable.
Por eso, el tema de la seguridad y el orden es absolutamente central. Lamentablemente, hemos tenido autoridades más concentradas en la campaña política que en la gestión de la ciudad, y esas deficiencias terminan espantando el capital. Si queremos consolidar la recuperación del Centro, tenemos que trabajar seriamente en estas dimensiones conexas: seguridad, orden y control del espacio público. Sin eso, el esfuerzo legal queda incompleto.
De cara al 2035, ¿imaginas al Centro de Lima consolidado como un “Soho” limeño —con marcas, orden y vida urbana— o crees que debe aspirar a un modelo distinto para dejar atrás la decadencia?
Yo no diría que Lima tenga que compararse con nada. Creo que Lima, si se recupera bien, debería convertirse en un referente en sí misma. No se trata de si Lima se va a parecer a Palermo, a Soho o a cualquier otro barrio de otra ciudad; más bien, otras ciudades deberían apuntar a parecerse a Lima.
Lima tiene todo para construir una identidad propia: su historia, su arquitectura, su estilo artístico y su trayectoria como ciudad. No necesita copiar modelos externos para ser valiosa ni para salir de la decadencia.

Entre casonas históricas y antiguas plazas, el Centro Histórico de Lima recupera dinamismo con restaurantes, cafeterías y bares de calidad que devuelven vida a sus calles. (Créditos: Luis Mauricio Málaga Fuenzalida)
A mí, personalmente, una de las cosas que más me ilusiona es pensar que de aquí a diez o quince años pueda estar caminando por el Centro de Lima y ver un centro ordenado, restaurado y bonito; sentarme a tomar un café en alguna placita y decir que, aunque sea con un granito de arena, contribuí a que eso fuera posible.
Eso es lo más gratificante: poder disfrutar tu propia ciudad. Creo que esa es la mayor satisfacción que puede tener cualquier ciudadano. Poder traer a un turista, pasear por el Centro con orgullo, mostrarle la ciudad con el pecho inflado y decir: qué orgullo ser peruano y tener una ciudad así.
Hoy ocurre lo contrario. Muchas veces traes a alguien y sientes vergüenza al ver el desorden, el deterioro y el abandono. El día en que eso cambie, el día en que podamos mostrar nuestro Centro Histórico con orgullo, será el momento en que uno pueda decir, con total tranquilidad, que todo valió la pena.
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