La cantante lírica que llegó a escenarios de Europa y Canadá se presentará en la Embajada del Perú en Washington, con un programa dedicado al repertorio dedicado a la música peruana
Por: María Jesús Sarca Antonio
La soprano peruana Adriana Nube presentará este jueves 5 de marzo su primer recital solista en Estados Unidos, un concierto organizado junto a la Embajada del Perú en Washington, DC. El evento forma parte de las celebraciones por los 200 años de relaciones diplomáticas entre Perú y Estados Unidos y reunirá un repertorio centrado en música peruana.

Adriana durante su concierto “Un viaje en la voz” en el Teatro Municipal de Lima. Con 19 años, la joven cantante lírica ya ha llevado su voz a escenarios de Europa y Canadá.
La soprano peruana avanza con una velocidad muy poco común. A los 19 años ya cantó en escenarios de Europa y Canadá, integró el Coro Mundial de Jóvenes, ganó un concurso internacional en Viena y fue admitida en la Berlin Opera Academy. Ahora se prepara para un nuevo hito: su primer recital solista en Estados Unidos.
“Después de haber cantado en escenarios de Europa y Canadá, este recital es un paso muy importante en mi carrera y en mi proyección internacional”, dice. No solo porque será su debut solista en el país, sino porque lo entiende también como una oportunidad de representar al Perú desde la música. “Soy licenciataria de la Marca Perú, así que esta presentación también tiene un valor simbólico muy fuerte para mí”.

El concierto se realizará el 5 de marzo en Washington D. C., en coordinación con la Embajada del Perú, en el marco de las celebraciones por los 200 años de relaciones diplomáticas entre Perú y Estados Unidos.
Donde empezó todo
Adriana creció en San Juan de Lurigancho, en un entorno donde la música estaba presente todos los días, aunque lejos del repertorio lírico. “En mi casa se escuchaba demasiado rock en español, por eso tengo un gusto enorme por Soda Stereo, Fito Páez, Andrés Calamaro. Y por parte de mis abuelos era más la cumbia, la chicha, este género tan peruano”, cuenta.
Pero antes de los escenarios internacionales, antes de Berlín, Viena o Toronto, hubo un lugar mucho más sencillo. Comenzó en un coro parroquial y cada domingo viajaba hasta el Centro de Lima para cantar durante las celebraciones religiosas, en la Basílica de San Francisco.
Ese camino empezó a definirse cuando tenía diez años y se integró al núcleo La Victoria de Sinfonía por el Perú, la organización fundada por el tenor Juan Diego Flórez. Allí su talento encontró disciplina, formación y un entorno donde la música se vivía con una intensidad distinta. Con el tiempo pasó a formar parte de los elencos centrales, alternando como corista y solista, participando en grabaciones discográficas y presentándose en los principales teatros del país.

Antes de dedicarse a la música, Adriana soñaba con estudiar diseño de modas. Fue un encuentro con Juan Diego Flórez lo que determinó su camino: “El amor por la música creció tanto que hoy es mi profesión y mi vocación”.
Decir que su sueño de infancia —ser diseñadora de modas— no se cumplió sería precipitado, pues tenía apenas 12 años cuando sucedió un momento que terminaría marcando su rumbo. “Descubrí que quería dedicarme completamente a la música durante una conversación con Juan Diego cuando tenía 12 años”, recuerda.
Desde entonces, su vocación se sostuvo por disciplina y estudio. Adriana se formó en la Escuela Peruana de Música y Arte y en la Escuela de Música Tempo —instituciones donde culminó sus estudios becada— antes de ingresar a la Universidad Nacional de Música.
Las oportunidades comenzaron a multiplicarse, ya que en 2025 fue seleccionada para integrar el elenco de L’incoronazione di Poppea, la ópera de Claudio Monteverdi que se presentó en el Opernfest de Berlín, uno de los festivales operísticos más importantes de Europa.

Adriana en la Sala Alzedo durante el concierto Mi voz. Mi vuelo. “Es un sueño que todavía estoy procesando”, admite.
Ese mismo impulso internacional la llevó también a representar al Perú en el Primer Congreso Mundial sobre Música e Impacto Social The Promise of Music, organizado por The Glenn Gould Foundation en Toronto. Allí participó junto a Sinfonía por el Perú en un encuentro que reunió a artistas y gestores culturales de distintos países para reflexionar sobre el poder transformador de la música.
Para Adriana, ese enfoque social no es un concepto abstracto. Forma parte de su propia historia. “La música me cambió la vida y quiero que también cambie la de otros jóvenes”, dice. Quizá por eso, además de los escenarios, mantiene un vínculo cercano con proyectos educativos y conciertos benéficos en Lima destinados a impulsar la formación artística juvenil.
Su carrera también la llevó a integrar el Coro Mundial de Jóvenes, con el que realizó una gira por Alemania, Italia y los Países Bajos. Aquella experiencia —conviviendo y cantando con músicos de distintas culturas— amplió su mirada artística y reforzó una idea que hoy guía su trabajo. Adriana no quiere limitarse a interpretar el repertorio tradicional de la ópera.
Una voz con identidad peruana
Su visión apunta a algo más ambicioso: construir un lenguaje propio que conecte la música clásica con las raíces sonoras del Perú. “Busco una manera de que nuestra identidad peruana esté presente en lo que hago, que cuando alguien escuche mi voz también pueda sentir algo de donde vengo”, explica.
Esa búsqueda, entre tradición europea y memoria latinoamericana, empieza a delinear su personalidad artística.

El programa incluirá el estreno de una pieza contemporánea de la joven compositora peruana Camila Guerrero, estudiante de la Universidad Nacional de Música.
Hoy, mientras se prepara para su recital en Washington, Adriana sabe que atraviesa un momento de transición: el paso entre una formación prometedora y el inicio real de una carrera internacional. “Cada escenario es una responsabilidad”, reflexiona. “Pero también es una oportunidad de seguir creciendo”.
Suscríbase aquí a la edición impresa y sea parte de Club COSAS.