Desde su estudio Leggett & Cahuas hasta sus proyectos de conservación con SUR, Gary Leggett nos comparte las ideas que hoy orientan su trabajo: la curiosidad como motor, la importancia del territorio y una manera de entender la arquitectura como un oficio profundamente colectivo.

Por: Luis Mauricio Málaga Fuenzalida

El arquitecto peruano Gary Leggett Cahuas se mueve con naturalidad entre varios mundos. Diseña casas, bares y proyectos culturales desde su estudio Leggett & Cahuas, enseña en la Pontificia Universidad Católica del Perú y escribe sobre ciudad y arquitectura con la misma curiosidad con la que aborda cada encargo.

Formado en Yale University y Harvard University, su trabajo ha ido ganando cada vez más visibilidad dentro y fuera del Perú, siempre con una mirada atenta al territorio y a las historias que lo atraviesan.

Entre proyectos que van desde una casa en Paracas hasta lodges de alta montaña, pasando por exposiciones, restaurantes e incluso un museo de sapos, Leggett entiende la arquitectura como una conversación constante entre ideas, personas y lugares.

En diálogo con CASAS, el arquitecto habla sobre su manera de trabajar, el optimismo necesario para ejercer la profesión y por qué, a veces, los proyectos que no llegan a construirse también pueden dejar huella.

Mobiliario del proyecto “Sobremesas”, diseñado por Leggett en colaboración con salazarsequeromedina para la Red de Ollas Comunes de Pachacámac (REDOPA).

Estructura del proyecto “Sobremesas”, donde el diseño ligero y modular crea espacios de encuentro para la comunidad.

Además de tu trabajo como arquitecto, eres profesor en la PUCP y fuiste subdirector del CIAC. ¿Cómo dialogan hoy estas facetas en tu día a día?

Creo que la práctica y la academia van de la mano. No he encontrado un equilibrio aún, pero a veces el diseño puede ser una forma de investigación. Uno va descubriendo capas de información, cometiendo errores y comprobando intuiciones o hipótesis a través del desarrollo de un proyecto.

Para compartir esa experiencia con otros, y aprender de lo que otros han hecho, bien o mal, la academia es una gran plataforma. En lo personal, me ilusiona la posibilidad de involucrar más a la universidad, especialmente a los alumnos, en proyectos de largo aliento y crear unidades de diseño o grupos de trabajo que puedan servir a la sociedad.

“Sobremesas” propone espacios de encuentro a través de mobiliario pensado para las ollas comunes.

Actualmente, por ejemplo, estoy involucrado en un proyecto de diseño de infraestructuras mínimas para caminos ancestrales y otras rutas de trekking en asociación con la PUCP, que podría beneficiarse de la participación continua de estudiantes.

Eres fundador de SUR y de Leggett & Cahuas. ¿Cuál es el enfoque de cada una de estas oficinas?

Leggett & Cahuas es el estudio de arquitectura que dirijo, con Alejandro García como jefe de proyectos. Es un formato clásico de oficina: recibimos encargos y los diseñamos de la mejor manera posible, muchas veces en colaboración con nuestros clientes.

Hemos visto de todo: casas, restaurantes, parques, laboratorios, exposiciones, muebles y hasta un museo de sapos. Ahora mismo estamos diseñando una casa en Paracas, un bar en Barranco, unos lodges de alta montaña, una casa en Italia y una exposición de Sara Flores, entre otras cosas.

“¿Nuestra filosofía? Hacer más con menos, pensar siempre en el mantenimiento y escoger bien con quién trabajamos. Hasta ahora hemos tenido la suerte de encontrar clientes que quieren hacer las cosas bien y que se involucran en el diseño con una mente abierta, sin tapujos ni prejuicios”.

¿Nuestra filosofía? Hacer más con menos, pensar siempre en el mantenimiento y escoger bien con quién trabajamos. Hasta ahora hemos tenido la suerte de encontrar clientes que quieren hacer las cosas bien y que se involucran en el diseño con una mente abierta, sin tapujos ni prejuicios. Al final, la calidad de un proyecto depende tanto de quien lo promueve como de quien lo diseña o lo construye.

SUR, en cambio, es una oficina que fundamos recientemente entre varios socios para promover y diseñar proyectos que nos interesan, sin esperar a que un cliente nos busque. Es decir, identificamos a los actores y el financiamiento necesarios para hacerlos posibles. Supervisamos todo el proceso, desde el diseño hasta la difusión y la ejecución. Estamos comenzando principalmente con proyectos de conservación, pero planeamos abrirnos a otros frentes.

Una casa diseñada por Legget en el desierto costero al norte de Lima.

A lo largo de tu trayectoria has defendido una mirada optimista de la arquitectura, incluso cuando muchos proyectos no llegan a construirse. Al mismo tiempo, eres autor de “Polis: visiones y versiones de Lima a inicios del siglo 21” y de diversos artículos sobre ciudad y arquitectura. ¿Cómo dialogan para ti esa reflexión escrita, la práctica profesional y la experiencia de los proyectos, incluso cuando quedan en el plano de la idea?

Una vez me cancelaron un proyecto en Ecuador porque erupcionó un volcán. Allí confirmé que el optimismo es una manera saludable de enfrentarse a la insignificancia.

Escribir es una forma de aclarar lo que uno piensa y, en ese sentido, es algo fundamental. Publicar, en cambio, es entrar en conversación con otros, y es ahí donde la escritura cobra un sentido mayor: el de construir un foro público, una disciplina, una comunidad de ideas.

Un lodge de alta montaña, reciclando estructuras existentes.

En el caso de la arquitectura, que es un oficio colectivo y no individual, esa comunidad es incluso más importante. Puede ayudar a devolverle al arquitecto un rol activo, y no solamente reactivo, en la producción de la ciudad y el territorio.

Después de conversar sobre tu visión, tus proyectos y esa pasión por la arquitectura que te caracteriza, si tuvieras que dejar un mensaje inspirador a las nuevas generaciones de arquitectos que sueñan con transformar nuestras ciudades, ¿cuál sería ese consejo que les darías desde tu experiencia?

¡No dar ni recibir consejos! Pero dicho eso: que lean más y que sean curiosos. •

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