Una vivienda de tres niveles donde la calidez de los materiales y una distribución clara acompañan el ritmo cotidiano. El proyecto Álvarez Calderón, de la interiorista Carla Cánepa, apuesta por lo simple y bien hecho.
Por: Renzo Espinosa
En el proyecto Álvarez Calderón, la diseñadora e interiorista Carla Cánepa plantea una idea directa: crear una casa que funcione bien todos los días, sin perder carácter. La vivienda, distribuida en tres niveles, responde a las dinámicas de una familia joven, con espacios que fluyen, materiales que conectan y decisiones que priorizan el uso real por encima de lo ornamental.
Desde el ingreso, la propuesta se entiende de manera clara. La madera marca el recorrido y ordena el conjunto. Está presente en distintos planos —mobiliario, revestimientos, detalles— y logra una continuidad visual que aporta calma.

Carla Cánepa apuesta por interiores cálidos y funcionales, donde los materiales y la distribución acompañan la vida cotidiana con naturalidad.
Área social: equilibrio y criterio
La sala y el comedor se resuelven con una selección precisa de piezas. Las formas orgánicas suavizan la arquitectura y hacen que el espacio se sienta más cercano. La paleta es neutra, con tonos claros que amplifican la luz y algunos acentos de color que introducen ritmo sin recargar. En este contexto, el mobiliario —todo de Sierra Muebles— acompaña con coherencia la propuesta, reforzando la calidez y el carácter del espacio.
El mobiliario no compite, acompaña. Hay una intención clara de mantener el orden visual, pero sin caer en rigidez. Los textiles —incluidas las alfombras, de Ámbito—, las mesas y los objetos decorativos suman capas sin distraer.


La terraza se integra como una extensión natural del interior, conectando materiales cálidos con la vegetación exterior.
El arte aparece como un elemento constante. No está colocado al azar: cada pieza aporta identidad y construye una narrativa silenciosa en los ambientes. Es un recurso que suma profundidad y vuelve la casa más personal.
Interior y exterior sin barreras
La terraza funciona como una extensión natural del área social. No se siente como un espacio aparte, sino como una continuación lógica. La elección de materiales —madera, piedra y fibras— refuerza esa transición y permite que todo se integre con el entorno.
La vegetación cumple un rol clave: ayuda a conectar los espacios y a generar una sensación de apertura. Las plantas acompañan la arquitectura y suavizan los límites, haciendo que el interior respire hacia el exterior.

Mobiliario de líneas sencillas e iluminación contemporánea conviven en un comedor que prioriza el orden visual y la funcionalidad.

Formas orgánicas y tonos neutros definen un recibidor donde la madera y el arte equilibran el espacio social.
Dentro de la casa, uno de los puntos más expresivos es el baño de visitas. Aquí el lenguaje cambia ligeramente: aparecen contrastes más marcados, texturas y una composición que busca llamar la atención. Es un espacio pequeño, pero con carácter, pensado como un momento distinto dentro del recorrido.
En conjunto, el proyecto mantiene una línea clara. Cada decisión —desde los materiales hasta las formas— responde a una intención concreta: hacer que la casa funcione y se sienta bien. No hay excesos ni gestos innecesarios.
El resultado es una vivienda que no solo se ve bien, sino que acompaña. Y en un proyecto residencial, eso termina siendo lo más importante. •
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