Una mesa de cumpleaños infantil puede ser colorida y abundante sin perder elegancia. La clave está en volver a lo esencial: comida hecha en casa, detalles naturales y una estética sencilla que celebre el encuentro familiar.
Por: Isabel Maguiña
Qué suerte poder trabajar una mesa así, compartiendo el mismo criterio con mi clienta.
La idea fue volver a esa mesa de cumpleaños infantil que siempre se hacía en Lima: un lonche familiar, con primos y amigos, reflejo de lo que somos los peruanos, generosos por naturaleza. No podían faltar los clásicos: sanguchitos triples o de pollo, gelatina, cancha, todo hecho en casa.
Con el tiempo, Lima se ha convertido en una ciudad que ofrece múltiples alternativas que simplifican la vida. Sin embargo, en ese camino también hemos ido dejando de lado ciertos gestos que nos definían. Porque, si algo nos caracteriza, es que todo lo hacemos delicioso y somos espléndidos al invitar.

La mesa de dulces con flores y detalles coloridos que celebra lo simple y lo familiar.
Para conservar ese espíritu familiar, no hace falta exagerar ni, mejor dicho, sobreproducir. Es precisamente en el exceso donde muchas veces se pierde la elegancia.
Al estar ubicada en el jardín, la mesa se pensó en diálogo con su entorno: mariposas, hormigas y libélulas decoran las fuentes; topiarios de mirto y flores de colores alegres aportan frescura. Es una mesa abundante y colorida, sí, pero también natural. Los muñecos vintage de “The Tale of Peter Rabbit”, de Beatrix Potter, introducen un aire de añoranza que equilibra el conjunto.

Entre flores, colores y guiños vintage, la mesa recupera el encanto de los cumpleaños infantiles de antes.
Quizá, también, hay aquí una respuesta a la sobrecarga visual que domina muchos eventos hoy en redes sociales. Es difícil que un niño procese tantos estímulos y tanto ruido en un solo momento.
Hay una frase de Leonardo da Vinci que siempre tengo presente: “La simplicidad es la máxima sofisticación”. Una idea que resume todo: la verdadera elegancia está en saber quitar lo superfluo para quedarse con lo esencial.
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