COSAS conversó con el politólogo que ofreció su mirada sobre el proceso cuestionable del último domingo 12 de abril. Además, proyectó lo que sería el panorama de la segunda vuelta nuevamente sumergida bajo la polarización
Por: Rodrigo Chillitupa Tantas
A una semana de la primera vuelta del 12 de abril, los cuestionamientos contra el sistema electoral se mantienen y consolidan con el pasar de los días. La Oficina Nacional de Procesos Electorales, con Piero Corvetto a la cabeza, no deja de ser el centro de la controversia. Y esto se complementa con la incertidumbre por no saber cuál será el desenlace final: segunda vuelta o nuevas elecciones generales. A raíz de este panorama, COSAS entrevistó al politólogo Carlos Melendez, quien ofreció su mirada de la tan convulsionada coyuntura electoral.
¿Qué lectura tienes, hasta el momento, de lo que fue la caótica jornada electoral del 12 de abril?
Que ya ni siquiera podemos organizar elecciones. Tenemos una debilidad estatal y mediocridad de personal burocrático, sumado a redes de corrupción que han penetrado el servicio público. Una organización estatal -como la ONPE- con estas características difícilmente puede hacer eficientemente su trabajo cuando más urgentemente se necesitaba dar confianza y seguridad tanto a los ciudadanos como a los candidatos.
¿Piero Corvetto debe seguir al frente de la ONPE en medio de estas graves irregularidades que aparecen cada día más?
No. De hecho, Corvetto no debió mantenerse en el cargo cuando postuló a la extensión de su jefatura. No daba confianza a todo el espectro político sino apenas a un sector y para encargarse de procesos electorales de esta magnitud en tiempos de polarización, se requieren figuras que no generen ni un mínimo de sospecha de parcialidad. Corvetto nunca proyectó ese liderazgo; ni en ese momento, ni mucho menos ahora.

Piero Corvetto, jefe de la ONPE, cuestionado por irregularidades en la primera vuelta del 12 de abril.
¿Crees que si aparecen más denuncias graves podrían desencadenar en la anulación de las elecciones generales por parte del Jurado Nacional de Elecciones?
Anular las elecciones es un paso extremo. Tendría que haber evidencia suficiente de manipulación de datos y falsificación del sistema como en Bolivia en el 2019 o alguna intervención extranjera como sucedió el año pasado en Rumanía. Me interesaría conocer el diagnóstico de las organizaciones de observación electoral, sobre todo extranjeras, al respecto. Veremos si aparecen más irregularidades reportadas debidamente.
Si fuera factible el caso que se anulen de manera parcial las elecciones generales, ¿cuál crees que podrían ser las consecuencias para quienes promueven esta idea como Rafael López Aliaga?
Depende mucho de cómo termine el conteo final de los votos. No se puede calcular, por ahora, cuáles serían las consecuencias.
¿Observas el riesgo de que la izquierda podría capitalizar aún más el descontento de la población si se convocan a nuevas elecciones?
Depende de cómo quede el conteo final. Si quedan como quienes pasan a la segunda vuelta, obviamente capitalizarían el descontento; pero si terminan terceros, podrían aparecer como quienes aprovechan el caos para su propio beneficio, lo cual le restaría los votos de la población desencantada. Más bien creo que subirían los votos en blanco y nulos que, por ahora, son la segunda “fuerza” política, solo detrás de Keiko Fujimori.

Keiko Fujimori ya está en la segunda vuelta y espera rival. Rafael López Aliaga cuestiona proceso electoral.
¿La polarización y la división podría agudizarse aún más que en el 2021 en el Perú si Keiko Fujimori y Roberto Sánchez pasan a la segunda vuelta?
Por supuesto, aunque sería una polarización asimétrica, de fuerzas que no son parejas como hace cinco años, porque el electorado de derecha ha aumentado y el de izquierda ha disminuido. Pero como siempre cabe la posibilidad de que la polarización no sea ideológica.
Si Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga son los candidatos que se disputen la segunda vuelta y sea cual sea el resultado después, ¿deberían acordar no repetir lo que pasó en el 2016 entre Keiko y PPK?
A esto me refiero con polarizaciones no ideológicas: cuando dos lideres de un mismo campo político, en vez de ceder como Alfonso Barrantes renunciando a la segunda vuelta en favor de Alan García en 1985, confrontan, al punto de poner en riesgo la gobernabilidad. Kuczynski y Fujimori, en el 2016, no comprendieron que eran dos caras de una misma moneda, como ahora López Aliaga no entiende que su electorado bien podría votar por Fujimori, o viceversa. Es hora de competencias menos virulentas.
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