En exclusiva, compartimos un fragmento del nuevo libro de Isabel Allende, “La palabra mágica”, en el que repasa sus triunfos, errores y aprendizajes a lo largo de su camino literario

Por: Redacción COSAS

«Pertenezco a la primera generación de escritores de mi continente que se formaron leyendo a los maestros del boom. Eran todos hombres; fue un fenómeno machista, reflejo perfecto de una sociedad y una cultura machistas.

Las escritoras como Elena Garro, Albalucía Ángel y Rosario Castellanos, entre muchas otras, no tuvieron el mismo reconocimiento. Sus voces fueron silenciadas o ignoradas, sus obras no se criticaban, se publicaban en ediciones menores, los profesores no las comentaban. ¿No es esta una forma de censura?

El nuevo libro de Isabel Allende revisa críticamente el “boom” latinoamericano y reivindica a las mujeres en la literatura sin etiquetas reductoras.

Las mujeres no somos ni siquiera una nota a pie de página en la historia, como si jamás hubiéramos existido. Después del éxito inesperado de mi primera novela, se dijo que yo estaba a la cola del boom, pero eso fue desmentido rápidamente, porque por ser mujer no me correspondía que me incluyeran entre las vacas sagradas, o bueyes sagrados en este caso.

Eso sucedió en 1982. Desde entonces, la situación ha mejorado mucho para nosotras, las atrevidas que escribimos y procuramos abrirnos paso a codazos en el espacio tradicionalmente masculino de la literatura. En la última década hemos visto un boom de la literatura escrita por mujeres, algunas muy jóvenes.

Sobrina del expresidente de Chile Salvador Allende, Isabel Allende es la célebre autora de «La casa de los espíritus» (1982).

Tengo entendido que hoy se publican casi tantas novelas firmadas por mujeres como por hombres y, sin duda, más mujeres que hombres leen ficción. Hay un mercado para nuestro trabajo, ¡por fin! No me gusta la expresión ‘literatura femenina’, implica que la literatura es creada por hombres –blancos por lo general–, y cualquier adjetivo que se le agregue la descalifica o disminuye.

El término ‘femenina’ sugiere que se somete a las normas y valores del patriarcado. Por otra parte, ‘feminista’ posee una carga negativa, vaya una a saber por qué. Me parece prudente no autoclasificarme. Quiero que me llamen ‘escritora’ a secas. O ‘escribidora’, si lo prefieren.

«Las mujeres no somos ni siquiera una nota a pie de página en la historia, como si jamás hubiéramos existido».

Según el profesor Donald Shaw, de la Universidad de Virginia, los escritores del boom tenían una postura existencialista, crítica y negativa de la vida; en cambio, yo apuesto en favor de la solidaridad y el amor; eso me coloca en el posboom, una generación de escritores con una visión más optimista.

«Empiezo a escribir todos mis libros siempre el 8 de enero, es un día sagrado para mí».

No puedo analizar mi propio trabajo, eso corresponde a los críticos, que a menudo me destrozan, y a los profesores que a veces comentan mis libros en sus clases. La persona que soy aparece en los personajes y situaciones de mis textos.

¿Por qué escojo contar esa historia y no otra? ¿Por qué los personajes se conducen de una forma determinada? ¿Por qué repito ciertos temas obsesivamente? Porque me importan. No soy una loca optimista, soy una realista cautelosa».

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