Parte de una familia con larga tradición en Ancón, Luciana Viacava ha crecido entre el mar, el deporte y la vida del balneario. Su elección como Reina del Luau, la fiesta más importante del Yacht Club, la llevó a involucrarse en la organización y a ser la gran protagonista de la noche.
Por Renzo Espinosa Mangini Fotos: Eduardo Irujo
Aunque el verano ya comienza a irse, Ancón nos recibe con un día soleado y su calma habitual. Al llegar, Luciana Viacava (Hackensack, New Jersey, 2007) nos da la bienvenida y nos invita a pasar al departamento donde disfruta esta temporada junto a su familia.

“El luau no es solo una celebración. Es parte de una tradición”.
Lo primero que llama la atención es la espectacular vista de toda la bahía. Desde el balcón, el paisaje se arma entre bolicheras que se trasladan lentamente y yates distribuidos a lo largo del horizonte. Hay una tranquilidad particular en el balneario, como si la vida aquí siguiera el mismo ritmo de siempre.
A sus 19 años, Luciana se expresa con la familiaridad de quien ha crecido y vivido aquí toda su vida. Ancón no es solo un lugar de verano, es parte de su historia familiar. Su abuelo, Miguel Viacava, fue quien empezó a venir hace más de medio siglo, luego su padre, y hoy ella forma parte de esa tercera generación que mantiene viva una tradición que se transmite casi sin darse cuenta. “Cuando pienso en Ancón, lo primero que se me viene a la cabeza es mi abuelo”, cuenta. “Me enseñó a nadar, a esquiar, a hacer tablita. Todo acá me recuerda a él”.

“Me gusta tener todo balanceado. El deporte, la familia, los amigos”.
Este verano, su nombre quedó ligado a uno de los eventos más esperados del calendario del Yacht Club: la fiesta del Luau. Con más de cinco décadas de historia, reúne cada año a socios y amigos en una noche hawaiana de música y baile frente al mar.
Esta vez, Luciana Viacava fue la figura central de la celebración. “No lo esperaba, me tomó completamente por sorpresa”, dice, emocionada. “Más que nada por mi edad. Siempre pensé que si en algún momento me lo proponían sería más adelante”. La noticia llegó en abril del año pasado, cuando tenía 18 años. A partir de ese momento, el proceso empezó a tomar forma.
El luau, entre preparación y celebración
La organización comenzó en enero, y desde entonces Luciana estuvo involucrada en cada detalle. “Lo que tenía claro desde el inicio era que todos los que participaran fueran anconeros”, explica. Así empezó a armar un equipo cercano, casi familiar.

“Todos estamos pendientes del Luau desde que empieza la temporada. Es algo que mi generación disfruta muchísimo y que después nos tocará transmitir”
Fueron semanas intensas de ensayos, tres veces por semana, trabajando la coreografía junto a Vania Masías y su equipo. “Me fascinó el proceso; ya había tenido roles de liderazgo en el colegio, así que en cierta forma estaba acostumbrada, pero esto fue distinto. Estar en todo, desde la música hasta la puesta en escena, fue muy interesante”.
Los bikinis fueron diseñados por Raffaela Raffo, parte de otra familia vinculada al club. La falda fue trabajada con Paquita Muñoz, una figura cercana a varias generaciones de anconeros. Todo respondía a una misma idea: construir algo propio, pero conectado con la historia del balneario.
Llegada la noche esperada, la ceremonia alcanzó su momento central con la aparición de Luciana Viacava en escena. En una de las imágenes más recordadas, emergió desde el mar y fue recibida en hombros por un grupo de amigos suyos. Luego de un vibrante baile de ritmos hawaianos, recibió la corona de manos del comodoro Daniel de la Puente y, desde un trono rodeado de flores de colores encendidos, dio inicio al festejo.

“Cuando pienso en Ancón, lo primero que se me viene a la cabeza es mi abuelo. Todo acá, de alguna forma, me recuerda a él”.
“Estaba más emocionada que nerviosa”, recuerda. “Los nervios fueron antes, cuando estábamos con mis amigas preparándonos. Pero ya en la fiesta solo quería disfrutar”.
El espíritu de Ancón
Para Luciana, el Luau no es solo una celebración. Es parte de una tradición que define a quienes crecen en Ancón. “Es el evento del verano”, dice. “Todos estamos pendientes desde que empieza la temporada. Es algo que mi generación disfruta muchísimo y que después nos tocará transmitir a los que vienen. Acá todos nos conocemos”, cuenta. “Hay una lealtad y una compañía que se siente todo el tiempo”.
El mar también ha sido parte importante de su vida. Practicó natación competitiva durante varios años, participando a nivel nacional e internacional. “Lo que más me dejó fue la disciplina”, explica. “Eso me ayudó en todo, también en el proceso del Luau”. Hoy mantiene el vínculo con el agua desde otro lugar, más ligado al disfrute, haciendo wakeboard junto a sus amigas.

“Ancón no es solo un lugar de verano, es parte de mi historia”.
Esa idea de equilibrio también marca su día a día. “Me gusta tener todo balanceado”, dice. “El deporte, la familia, los amigos”. Es una forma de organizar su tiempo que ahora empieza a cambiar.
El siguiente paso está claro. Este año ingresó a la Universidad de Virginia, donde planea estudiar Economía o Negocios Internacionales. “Estoy muy emocionada por la independencia que implica irme a estudiar afuera”, cuenta.
Al preguntarle cómo se describe hoy, no duda: “Relajada, entusiasmada y ansiosa por lo que se viene”. Esa mezcla de ilusión y expectativa acompaña también una etapa en la que, aunque empieza a proyectarse fuera, seguirá llevando a Ancón consigo.
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