La artista y activista shipibo-conibo presenta en la Bienal de Venecia una instalación de esculturas cerámicas que une espiritualidad, memoria ancestral y defensa ambiental. Junto a la participación de la artista amazónica Sara Flores, su obra lleva la cosmovisión y los saberes ancestrales de la Amazonía peruana a uno de los encuentros de arte más importantes del mundo.
Por Renzo Espinosa Mangini | Fotos: Matteo Losurdo y Michele Agostinis
En las esculturas de Celia Vásquez Yui, los animales miran sigilosos de reojo. Jaguares, serpientes, monos, armadillos y cocodrilos observan al espectador con una intensidad que incomoda y cuestiona. “¿Por qué están destruyendo nuestras tierras?”, parecen preguntar desde The Council of the Mother Spirits of the Animals, la instalación que la artista peruana presenta como parte de la actual edición de la Biennale di Venezia.
Su participación en uno de los encuentros de arte contemporáneo más importantes del mundo marca un nuevo momento para las voces indígenas amazónicas dentro del circuito internacional. Su trabajo, profundamente ligado a la cosmovisión shipibo-conibo, llega a Venecia con una propuesta que conecta arte, activismo y ecología espiritual.

La instalación «The Council of the Mother Spirits of the Animals» reúne más de cincuenta esculturas cerámicas inspiradas en la cosmovisión shipibo-conibo y en la relación espiritual entre humanos, animales y naturaleza.
Nacida en Pucallpa en 1960, la práctica de Celia entrelaza memoria ancestral, ritualidad y defensa del territorio amazónico. Como representante política del pueblo shipibo-conibo, su obra también funciona como una respuesta frente a la explotación indiscriminada de la Amazonía y las amenazas ambientales que enfrentan las comunidades indígenas.
Una asamblea de espíritus animales
La instalación reúne más de cincuenta esculturas zoomorfas de cerámica organizadas como una especie de consejo o asamblea. Las piezas se disponen sobre una plataforma que recuerda a un anfiteatro parlamentario o un espacio ceremonial, una imagen que alude a formas de comunicación entre especies y a los derechos de la naturaleza.
Para la tradición shipibo, todos los seres poseen un espíritu madre y forman parte de una misma red de existencia. “La naturaleza también es un paciente enfermo”, plantea uno de los textos vinculados a la muestra, reforzando la idea de que el deterioro ambiental también implica un desequilibrio espiritual.

Jaguares, serpientes, aves y criaturas amazónicas forman una asamblea simbólica que cuestiona el vínculo contemporáneo con el territorio y el medio ambiente.
Cada escultura está cubierta por diseños kené, el complejo lenguaje visual característico de la cultura shipibo-conibo. Más que elementos ornamentales, estos patrones funcionan como una forma de “diseño medicina”, capaz de generar transformaciones en quien observa. Según esta tradición, el arte también devuelve la mirada.
Esa relación aparece constantemente en la obra de Vásquez Yui. Sus animales no permanecen inmóviles ni perfectamente simétricos. Las líneas abstractas se mezclan con formas figurativas y convierten cada pieza en un pequeño laberinto visual cargado de movimiento y energía.

Celia Vásquez Yui en Venecia durante la presentación de «The Council of the Mother Spirits of the Animals», instalación que lleva la voz y la espiritualidad de la Amazonía peruana a la escena internacional.
Cerámica, territorio y memoria
La artista aprendió cerámica junto a su madre, heredera de una larga tradición amazónica vinculada a las culturas del horizonte policromo. Hoy trabaja también junto a su hija, Diana Ruiz Vásquez, en una colaboración intergeneracional que amplía el carácter colectivo de su práctica.
El proceso detrás de cada obra es tan importante como el resultado final. Vásquez Yui viaja a lo largo del río Ucayali para recolectar distintos tipos de arcilla, pigmentos minerales y materiales naturales que luego utiliza en sus esculturas. Algunas de esas materias primas provienen de lugares separados por cientos de kilómetros.

Las esculturas de Celia Vásquez Yui están cubiertas con diseños kené, el lenguaje visual característico del pueblo shipibo-conibo, entendido como una forma de memoria, energía y sanación.
Antes de trabajar, sigue rituales de preparación similares a los de una curandera: ayunos, cantos, abstinencia y tabaco forman parte de un proceso que conecta la creación artística con las prácticas espirituales amazónicas. “Estoy viajando sobre la tierra y debajo del agua. Estoy buscando el origen de la enfermedad”, canta uno de los sanadores shipibo que participa en la banda sonora de la instalación, grabada durante una ceremonia en la Amazonía peruana.
En ese universo, los cuerpos, los espíritus y el territorio no pueden separarse. Por eso, las cerámicas de Celia Vásquez Yui funcionan también como mapas de relaciones entre personas, animales, ríos, bosques y memorias colectivas.

Celia Vásquez Yui ha dedicado su práctica artística a preservar la memoria y los saberes del pueblo shipibo-conibo a través de esculturas que unen cerámica, espiritualidad y defensa del territorio amazónico.
Su presencia en Venecia no solo amplía el reconocimiento internacional de su obra. También lleva al centro de la conversación contemporánea una mirada indígena sobre el cuidado, la reciprocidad y la relación con la naturaleza.
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