Casa Equis es una obra de arquitectura peruana contemporánea, ubicada en Cañete y diseñada por Barclay & Crousse, que explora la relación entre el paisaje desértico, el clima costero y la forma construida a través de una estructura excavada en la arena.
Por Micaela Simón
En el desierto de Cañete, donde el paisaje impone sus propias reglas, Casa Equis, diseñada por los arquitectos Sandra Barclay y Jean Pierre Crousse, emerge como una obra clave de la arquitectura latinoamericana contemporánea. Concluida en 2003 y con 172 m² construidos, la vivienda establece un diálogo preciso y sensible con un territorio austero, de una potencia casi elemental.

Foto: Jean-Pierre Crousse.
A lo largo de los años, el proyecto ha sido distinguido con premios y nominaciones como el Mies Crown Hall Americas Prize (IIT Chicago, 2014), el Record Houses Award de Architectural Record (Nueva York, 2004) y menciones en la IV Bienal Iberoamericana de Arquitectura (Lima, 2004).
Su reconocimiento internacional responde a la radicalidad silenciosa de su gesto arquitectónico: crear intimidad sin negar el desierto, excavarlo para revelarlo en lugar de imponerse sobre él.

Foto: Jean-Pierre Crousse.
La propuesta parte de una idea esencial: los arquitectos imaginaron un volumen puro, casi primitivo, que pareciera haber existido siempre allí. Sobre este bloque conceptual se realizó un trabajo sustractivo: retirar materia como quien excava un sitio arqueológico en busca de vestigios precolombinos ocultos bajo la arena.

Foto: Jean-Pierre Crousse.
De esa operación nacen patios, corredores y vacíos intermedios que borran los límites entre interior y exterior, generando un flujo espacial continuo que integra la arquitectura con el horizonte árido.
Un paisaje habitado desde el vacío
La implantación responde a la pendiente natural del sitio. La casa se organiza en dos niveles que acompañan la topografía costera: arriba se ubican las áreas sociales, abiertas plenamente hacia el océano mediante grandes paños de vidrio sin marco; abajo se encuentran los dormitorios, semi enterrados y protegidos por la masa térmica del terreno. Esta disposición no solo controla la radiación solar, sino que intensifica la sensación de resguardo en un paisaje expuesto.

Foto: Jean-Pierre Crousse.
La terraza principal funciona como una extensión del desierto: una “playa artificial” donde la vida interior se prolonga hacia el exterior. Una piscina angosta y lineal acompaña esta plataforma, reforzando el horizonte continuo que une arquitectura, mar y arena.
La paleta cromática —ocres, arenas, tonos terrosos— permite que la casa se funda visualmente con su entorno, envejeciendo con él a medida que el polvo del desierto matiza su apariencia.

Foto: Jean-Pierre Crousse.
La luz natural, cuidadosamente filtrada a través de patios y cortes cenitales, modela la experiencia interior. Sombra profunda, destellos precisos y penumbras móviles construyen una atmósfera que responde tanto a criterios estéticos como climáticos.
El corredor que conecta los dormitorios se convierte en un espacio de introspección, enmarcando el océano desde la penumbra y recordando que, aun en su apertura, la casa privilegia la sensación de refugio.

Foto: Jean-Pierre Crousse.
Más que una vivienda, Casa Equis es una declaración sobre cómo habitar el desierto sin transformarlo. Su forma parece surgir de la arena y no superponerse a ella. Sus vacíos construyen vida donde otros verían solo vacío. Y su diálogo con la luz, la sombra y la materia reafirma una idea poderosa: en territorios extremos, la arquitectura no debe imponerse, sino revelar.
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