Diego Delgado-Elías es hoy el diseñador e interiorista peruano más reconocido internacionalmente. Desde París, construye una obra donde memoria, material y precisión marcan el rumbo.
Por: Renzo Espinosa
Hay diseñadores que siguen tendencias y otros que construyen una forma de ver el mundo. Diego Delgado-Elías pertenece a este último grupo. Su trabajo se mueve entre lo intuitivo, una sensibilidad marcada por su historia en Perú y una disciplina afinada en Europa.
Hoy dirige un estudio con proyectos internacionales y clientes de alto perfil, pero su foco está lejos de lo superficial. Más que espacios, le interesa crear atmósferas.

Retrato del arquitecto Diego Delgado-Elías, incluido en el AD100 2025, que reconoce a las firmas más influyentes de América Latina.
Entre la memoria y la técnica
Su relación con el diseño empezó temprano, aunque sin un momento exacto. Desde niño, recuerda haber sido especialmente sensible a los espacios. “Entraba a un lugar y sentía algo sin saber por qué”, cuenta. Con el tiempo, entendió que esa reacción podía construirse.
Su infancia en una hacienda, rodeado de naturaleza y con una madre pintora, marcó su forma de observar. Dibujaba constantemente, incluso planos sin saberlo. Esa mezcla de intuición, memoria y experiencia sigue presente en su trabajo.

Interior de un edificio histórico en París, con piezas de antigüedades: lámpara art déco proveniente de un teatro demolido en Bélgica, mueble adquirido en una feria y objetos de la galería Sainte Anne; tapicería tejida por Elvia Paucar. Foto: Jules Focone.

Casa de campo en el sur de Francia, en la región de Provence, con lámparas diseñadas por Diego Delgado-Elías y tapicería tejida por Elvia Paucar. Foto: Matthieu Salvaing.
A eso se suma su paso por Europa. “Ahí encontré rigor, proporción y exigencia”, explica. Su estilo se ubica en ese punto medio: ni completamente depurado ni excesivamente decorativo. Prefiere trabajar en la tensión entre ambos extremos.
El lujo que no necesita explicarse
Trabajar con clientes exigentes no simplifica las cosas. Al contrario. “El dinero elimina cualquier excusa”, dice. Cada decisión debe estar resuelta al más alto nivel, no solo en lo estético, sino en cómo se vive el espacio.

Bar del restaurante tres estrellas Michelin Quince, renovado por Diego Delgado-Elías en 2025.

Casa de campo en la región de Provence, al sur de Francia. Cocina revestida en travertino, con fachadas en roble francés y detalles en tejido de ratán. Foto: Matthieu Salvaing.
Sobre el lujo, Delgado-Elías es claro: no tiene que ver con lo evidente. “Mucho del lujo actual es ansiedad hecha visible”, afirma. Para él, lo verdaderamente valioso es silencioso, preciso y equilibrado. Si un espacio necesita explicación, probablemente no funciona.
Más allá del minimalismo
El arquitecto observa un cambio en la manera de habitar. Durante años, el minimalismo fue una respuesta fácil: espacios neutros, controlados, sin riesgo. Hoy, esa lógica empieza a agotarse.
“Estamos menos interesados en lugares perfectos que no dicen nada”, sostiene. En su lugar, aparece una búsqueda por espacios con capas, memoria y contradicciones. Más humanos, más sensoriales. Ahí entra uno de sus conceptos clave: la atmósfera. Difícil de definir, pero fácil de reconocer. Es lo que queda cuando todo lo demás desaparece. La diferencia entre un espacio que se ve bien en una foto y uno donde realmente quieres quedarte.

Aríbalos sobre pedestales de madera añejada en roble francés.

Keros y vasijas ceremoniales en cerámica esmaltada, que representan ofrendas como spondylus y huesos de alpaca.
Aunque el diseño es su pasión, reconoce que gran parte de su trabajo está en otro lado. “Es 70% resolver problemas”, admite. Obras, presupuestos, ajustes constantes. Un proceso poco visible pero esencial. Sin esa estructura, explica, las ideas no se sostienen. En un contexto donde las referencias sobran, lo difícil no es imaginar, sino ejecutar.
Perú como laboratorio
Durante mucho tiempo, su vínculo con Perú fue más intuitivo que explícito. Hoy lo trabaja de manera directa a través de una colección de diseño propia. Se trata de más de veinticinco piezas –entre muebles, luminarias y objetos– que exploran la relación con el material, la memoria y lo simbólico. La inspiración viene de tradiciones andinas como las ofrendas a la Pachamama, pero sin caer en lo literal.

Detalle de armario bar en madera de amara, con jaladores que representan a una deidad inca.

Detalle de mesa en acero inoxidable, con figuras de deidades y tablero de vidrio modelado a mano.
El proceso incluye trabajo con artesanos y un diálogo entre técnicas manuales y procesos industriales. Piedra, madera, metal y cerámica conviven en piezas que buscan algo más que función: generar una conexión. “Es un laboratorio”, dice. Un espacio donde puede experimentar sin las limitaciones de un cliente y donde su relación con el Perú se vuelve más visible.
Perú como laboratorio
El reconocimiento internacional, como su inclusión en AD100, ha ampliado su visibilidad, pero no ha cambiado su enfoque. La exigencia, en todo caso, es mayor. Hoy, Delgado-Elías tiene claro qué le interesa: construir espacios con sentido. Lugares que no dependan de una tendencia ni de una imagen. “Lo más difícil es que un espacio siga siendo verdadero con el tiempo”, reflexiona. Cuando eso ocurre, el trabajo cumple su propósito. •
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