Quienes no quieren “taparse la nariz” ni “ensuciarse” las manos eligiendo un mal menor pueden terminar embarrando a todo un país por años
Por: Isabel Miró Quesada*
Una creciente corriente de opinión busca promover el voto nulo, blanco o viciado. Quienes más la han abrazado son el segmento A/B, que con un 20% de intención de viciar el voto superan incluso al E (19%) y están muy por encima del C y D. Este mismo grupo socioeconómico es quien, hace unos meses, cuando empezaba el verano, también gozaba de la más alta cifra de desconexión frente a la situación política, argumentando que estaban “priorizando su salud mental” antes que estar informados.

Es verdad que una primera vuelta, llena de vicios y corrupción, gracias al indefendible desempeño de la ONPE, ha dejado a muchos con un sinsabor fuerte. Un público desencantado con la derrota de Rafael López Aliaga. Un elector más joven que, siguiendo a Jorge Nieto y otros candidatos con menos votación, no quiere ensuciarse las manos. Y un ausentismo creciente entre quienes pueden pagar la multa de no ir a votar.
El ausentismo ya fue alto en primera vuelta, nuevamente. En los distritos más privilegiados y en el extranjero batió récords (66%). Probablemente sea de gente que cree que Roberto Sánchez solo tiene un fuerte voto en el sur. Pero se equivocan. También tiene llegada en la sierra del norte y del centro. Tiene 40% de Piura, que, en números de votos, es más que Abancay y más que Ayacucho. Y acaba de jalarse a los representantes del partido Un Camino Diferente, el del ‘huaco moche’, que acumulan cierto voto norteño de protesta contra Acuña.
Es cierto: Lima sigue concentrando un tercio del público. Y, salvo Arequipa, las ciudades del norte son más densas que sus pares del sur. Pero por eso mismo allí también hace estragos el voto viciado y el ausentismo.
Preocupa que gran parte del sector AB, que se supone es más educado, se incline por marcar viciado, quizás siguiendo el consejo de Nieto. Y a esto se le suma el ya tradicional ausentismo del voto extranjero. Por si fuera poco, un alto porcentaje de decepcionados ‘porkystas’ pretende patear el tablero e irse donde Sánchez o simplemente no ir a votar.
Todo esto configura un escenario de terror. Porque, a una semana de la segunda vuelta, las encuestas siguen mostrando una ventaja para Keiko Fujimori, pero con una bolsa de indecisos que podría resultar determinante. Según Datum para El Comercio, Fujimori obtiene 39.7% de respaldo frente al 35.4% de Roberto Sánchez, mientras que un 24.9% aún no define su voto. Ipsos para Perú21 la ubica con el 51.4% de los votos válidos frente al 48.6% de Sánchez. Incluso el IEP le otorga una ventaja de seis puntos, aunque registra un elevado 34% de indecisos.
¿Cuánto se moverán estas cifras después del debate de hoy? Esa es la gran incógnita. Y precisamente por eso resulta tan riesgoso asumir que la elección ya está decidida.
Ese sería un error grave. Porque confiar en una ventaja todavía ajustada, cuando una parte importante del electorado permanece indecisa, es entregarse al margen de error. Pasó el 2021, cuando el voto escondido del sector rural y el ausentismo pandémico le dio el triunfo a Pedro Castillo.
La frivolidad es peligrosa. Quienes no quieren “taparse la nariz” ni “ensuciarse” las manos eligiendo un mal menor pueden terminar embarrando a todo un país por años. Porque el sector rural siempre vota en bloque y, a diferencia de esta clase privilegiada, no puede «darse el lujo” de pagar multas. Y eso siempre termina inclinando la balanza.
(*) Editora general de la revista COSAS.
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