El próximo 7 de junio, el director peruano de la Orquesta Sinfónica de Fort Worth -quien también estuvo a cargo de la Filarmónica de Los Ángeles y fue galardonado con un premio Emmy- ofrecerá un concierto al mando de la Orquesta Sinfónica Nacional por invitación de Radio Filarmonía, que celebra treinta y cinco años de transmisiones ininterrumpidas al servicio de la cultura del Perú. Conversamos con él, desde Texas, donde vive junto a su esposa y sus tres hijos.

¿Con qué personaje público te irías de copas si tuvieras que elegir a uno?
Con Barack Obama.

¿Cuál dirías que es, o ha sido, tu mayor adicción?
El helado.

¿Qué es lo que más disfrutas de viajar con frecuencia?
Conocer a todo tipo de personas, en lugares diferentes.

¿Qué te gusta más de tu interacción en las redes sociales?
Que la gente tenga acceso a mí. Tengo una cuenta en Instagram para estar en contacto constante con mis hijos. Ahí pueden ver un poco de quién soy como persona, no como artista.

¿Recuerdas qué sentiste la primera vez que te presentaste ante un auditorio?
Mi recuerdo es el de una persona que canalizó la energía de otras ochenta. Es la sensación de que mi trabajo me permite que docenas de personas estén en una armonía única que, a través de mí, llega a miles más.

¿Alguna vez te ha provocado dejar tu profesión y dedicarte a algo totalmente distinto?
No. Me podría haber dedicado a la educación, pero siempre dentro de lo que sé hacer. No diría que es un cambio.

Miguel Harth-Bedoya nació en Lima en 1968.

¿Cuán trascendental es para un músico peruano cultivar su arte o profesionalizarse en el extranjero?
La mejor forma de expandirse como músico es escuchar y ser escuchado por personas de diferentes entornos.

Lea también:  Alejandra de la Puente, campeona de jiu-jitsu

¿Ubicas algún nuevo talento nacional con un futuro prometedor? ¿Quién sería?
Un trompetista, Elmer Churampi; y una pianista, Priscilla Navarro.

¿Qué música sueles escuchar cuando te pones los audífonos o vas en el auto?
Nada. Si yo elijo, escucho un podcast o noticias. Algo hablado, porque en mi cerebro siempre hay música.

¿Qué es lo que más te reconforta de ser un “músico exitoso”?
Compartir lo que hago y abrir la puerta a nuevas generaciones.

¿De qué logro te sientes más orgulloso?
De ser padre.

¿Qué recuerdo te ha marcado?
La pérdida de la vida, en este caso de una colega que también fue mi manager.

Con la Sinfónica de Carolina del Norte, en el Meymandi Concert Hall. Foto de:@miguelharthbedoya.

¿Cómo describirías lo que tus hijos han aportado a tu vida?
Crecimos en diferentes épocas y contextos, así que me han enseñado la humildad de entender cómo piensan ellos.

¿Es más complicado dedicarse a la música siendo padre?
Depende de cómo lo mires. Lo positivo es que, por ser músico, mis hijos han conocido el mundo, pero también puede ser complicado viajar todos juntos.

¿Qué aprendiste de tu padre?
Nada, nos conocimos muy tarde.

¿Y de tu madre?
De ella aprendí a compartir y ser agradecido.

¿Cuál es tu miedo más grande?
Pararme frente a una orquesta y no haberme preparado para dirigir.

¿Cuál es tu característica más acentuada?
Así suene cursi, ser feliz haciendo lo que me apasiona y siendo quien soy.

¿Qué cambiarías de ti mismo?
Nada.

El director de orquesta peruano se formó como músico y profesional en Estados Unidos.

¿Un placer culposo?
Si es placer, no puede tener culpa.

Lea también:  Retrato de una dama: entrevista exclusiva con Magaly Solier

¿Qué te hace completamente feliz?
Mi familia: unida, dinámica y contenta.

¿Cuán importante es el dinero para lograr que las cosas sucedan?
Mientras uno sepa el camino que quiere tomar, el dinero se reduce a un mecanismo para llegar hasta ahí.

¿Qué cambiarías de tu vida si pudieras volver atrás?
Nada. Si cambiara algo, no sería quien soy ahora. Se debe aprender de los logros y de las derrotas.

¿Existe algo que te falte, o que desees, que haría que renuncies a todo lo que has conseguido?
No. No me gusta pensar en lo que no tengo, porque soy más feliz con lo que sí. De hecho, es más de lo que pude haber soñado. Además, soy una persona de pocas cosas: en mi casa solo abundan las partituras y los libros.