El alcalde responde cómo viene recuperando Barranco después de años de gestiones ausentes, y cómo lidia con las limitaciones presupuestarias y las principales problemáticas que aquejan a los vecinos.

Por Rodrigo Salazar Zimmermann Fotos de Javier Zea

Barranco en recuperación

Barranco fue recientemente declarado en quiebra. ¿Cómo afecta esto los planes de su gestión?
Nos pone algunas limitaciones. Estábamos organizando una compra de vehículos y en mayo salió esta declaratoria de quiebra, que vino con sanciones. Una de ellas es la imposibilidad de endeudarnos. No podíamos ejecutar el crédito que teníamos con la Caja Municipal. No podemos endeudarnos por un plazo mayor de un año.

Hemos visto trabajadores de la municipalidad visitando residencias con cartas de cobro tributario coactivo. ¿Es una estrategia que recién se implementa? ¿Funciona?
La municipalidad tenía deudas impagas, solamente en los últimos cuatro años, por poco más de S/20 millones, en arbitrios e impuesto predial. De un presupuesto de S/25 millones, estamos hablando del 20%. Hemos comenzado con la gente que paga. Si vas a pagar, te descuento, te doy facilidades, pero no amnistía, que es un pésimo mensaje.

José Rodríguez, arquitecto de profesión, tiene más de diez años de activismo en Barranco. Postuló a la alcaldía por el partido Siempre Unidos.

Hay una relación entre esta estrechez económica y la puesta en valor del distrito, principalmente por la inversión privada. La municipalidad ha estado ausente por varias gestiones.
Lo que nosotros queremos es que venga inversión, pero inversión que nos ayude a recuperar el carácter del distrito. Estamos buscando establecer estos equilibrios; que el comercio sea compatible con la vivienda, y no como ha venido pasando: en muchos casos, genera molestia a las personas que viven allí. Esto va de la mano de un trabajo de fiscalización que estamos haciendo desde el principio de la gestión, para que las personas que infrinjan las normas dejen de operar y sean sancionadas.

También la inversión privada ha hecho lo que ha querido. En una entrevista al comienzo de su gestión, dijo que Barranco era tierra de nadie.
Sí, claro. Si hemos comenzado cerrando grandes supermercados es porque el tema de que todos hacen lo que les da la gana es real. No solamente el informal. Estamos hablando de todos, de negocios con mucho prestigio. Cosas que no se permitirían en otros distritos, y con las mismas marcas. El distrito sí ha sido tierra de nadie, porque todos han estado acostumbrados a que no pasa nada.

El tráfico vehicular es otro de los problemas que afronta Barranco.

Usted va de madrugada a los locales nocturnos que infringen las normas, a cerrarlos personalmente…
Si estás relajado [como alcalde], están relajados todos. Eso implica que el alcalde tenga no solamente que disponer desde su oficina lo que hay que hacer, sino que verifique en la calle. Si eso conlleva estar amaneciéndose, despertándose con llamadas telefónicas a las tres de la mañana, bueno, pues, hay que hacerlo. Es la necesidad de echar a andar la máquina, y de decirle no solo al infractor, sino también a los trabajadores: “Oye, aquí estamos hablando en serio”. Mis rondas nocturnas son cada vez menos frecuentes porque el equipo está funcionando mejor.

Es un cambio cultural…
Exactamente.

Cambios y reformas

Los bares generan bulla nocturna; entre ellos, Dadá, Dalí, Picas, el boulevard… Y algunos no tienen licencia. ¿Qué han hecho para mejorar la situación y evitar que reincidan?
Aquí lo que importa es el beneficio del vecino. Necesitamos tener un proceso paulatino para ordenar las cosas. Cuando la municipalidad te induce a invertir sabiendo que no es posible y te mete en un lío, con la intención de chantajearte quizá después, encuentras la necesidad de resolver también ese problema. Lo que nosotros hemos hecho con todos los locales es decir: “Mira, tienes un problema de ruidos; habilita tu local, cuánto necesitas de tiempo”. Y en la mayoría de los casos ha resultado. Siempre hay que fiscalizar, porque por ahí se sale alguien. Hay otros [que] funcionan en un lugar donde, por más que los arregles, van a seguir haciendo bulla. Ahí la salida es cumplir horarios. Y hay otros a los que les hemos dicho: “A ti te dejaron funcionar acá, te hicieron invertir un montón de plata, no te dieron licencia, OK, tienes plazo hasta fin de año. A fin de año te vas”.

En los últimos días han retirado dos pantallas luminosas de publicidad de la avenida Grau. Falta una. Ese es un problema endémico en Lima. Devalúa las propiedades, no lo deja a uno estar tranquilo. ¿Cómo lo han logrado?
Aquí ha habido un tema legal, de estudio de contratos, y de ir encontrando los puntos de los cuales adolecían para poder ir golpeando. Hemos sacado el primer letrero en la avenida Grau. A los de Vallas los notificamos un par de veces. Quedaron, primero, en bajar la intensidad, quedaron en varias cosas que no se cumplieron. Entonces, los sacas. Si el contrato es intangible, siempre queda la posibilidad de negociar con el inversionista y decirle: “Bacán, tu inversión puede ser legal, pero estás atentando contra mis vecinos; encontremos un punto en donde tú también cedas”.

El abandono de las zonas populares del distrito y el tráfico son algunos de los problemas principales de Barranco.

¿Van a permitir que ingresen nuevas pantallas publicitarias al distrito?
No. Esa condición de publicidad definitivamente no.

Los parques del malecón eran un atractivo, pero hoy son terrales. ¿Cómo lo están resolviendo?
Un problema es la provisión de agua. Gracias al apoyo de los vecinos, estamos armando un proyecto que va a permitir tener una cisterna que va a recibir el agua bombeada desde la playa y, a partir de ella, colocar otras a lo largo del malecón para tener un sistema de riego automatizado. Cuando tengamos el problema del agua resuelto, que será en unos meses, vamos a sembrar.

Próximamente van a invertir el sentido del tránsito entre las avenidas San Martín y Grau. En la gestión de Jessica Vargas se hizo este mismo piloto y funcionó muy mal. La salida hacia el norte era por la calle Centenario y se armaba un gran cuello de botella. ¿Cómo evitarán esto?
Esa no era la vía adecuada. Lo estamos pasando a una avenida paralela que tiene cuatro carriles, la avenida El Sol. Tenemos un activismo vecinal muy fuerte desde hace diez años. Cuando se hicieron los pilotos en la gestión de la señora Vargas, nosotros mirábamos qué pasaba. Hemos estado detrás de los puntos críticos. Van a ser dos fines de semana y luego una semana completa. Y si esto funciona bien, ahí recién viene la formalización del cambio de sentido de vías.

El metropolitano, que atraviesa la avenida Bolognesi, dividió en dos a Barranco.

Barranco es un distrito partido en dos por el Metropolitano. ¿Qué hace su gestión para unir el tejido social que cortó la infraestructura?
Tenemos un proyecto, sobre todo social, que busca generar mayor servicio municipal en las zonas donde más ausencia ha habido. En Malambito, un barrio bastante olvidado del distrito [en el límite con Surco], todos los fines de semana nos reunimos con los chicos del barrio. Los mismos vecinos van a visitar a sus vecinos de las zonas más complicadas del distrito. [A los niños] se les fomenta la lectura, se les hacen cursos. Después de unos meses de trabajo, las señoras del barrio fueron incorporándose. Están capacitándose con un chef para poder fortalecer capacidades productivas en el tema de la comida. Queremos generar, allí en Malambo, un punto de gastronomía popular que se incorpore dentro de la ruta turística del distrito. En paralelo a esto, estamos moviendo un proyecto que se llama Barranco camina, que busca generar un eje peatonal que conecte el Puente de los Suspiros con el Parque Raimondi de Malambo, de tal manera que la gente vea que cruzar la pista no debe ser raro.

En el Callao ha funcionado muy bien…
Exactamente. Si ha funcionado en el Callao, que es una zona mucho más complicada que Barranco, porque la delincuencia era muy dura, ¿por qué no lo podríamos hacer aquí?

La división del distrito también genera inseguridad. ¿Han notado si el alza en la sensación de inseguridad ciudadana está correlacionada con estadística?
Todos los lunes a las ocho de la mañana tenemos una reunión con el comisario y su equipo y nuestro equipo de Serenazgo. La frecuencia de las denuncias ha bajado en comparación a enero. La tasa de incidencia de delito también ha bajado. No estoy diciendo con esto que los problemas han desaparecido. La policía y Serenazgo están trabajando juntos. Se están haciendo muchos más operativos. Este fin de semana hubo trescientos policías haciendo operativos en Barranco; y hace dos semanas, igual. Necesitamos que el vecino se sume, que denuncie, que nos permita actuar en el momento adecuado. A partir del próximo año viene Barrio Seguro. Van a poner entre veinte y treinta policías nuevos para las zonas complicadas.

El metropolitano es otro de los problemas sociales que el distrito debe solucionar.

Su gestión aumentó el área mínima de departamentos. ¿Es por la densidad del distrito?
Los departamentos de 30 m no nos ayudan. Hay una norma del Ministerio de Vivienda que permite construir departamentos de 30 m porque promueven la vivienda masiva, pero lo cierto es que [en Barranco] no son vivienda masiva, sino alojamientos temporales que se alquilan por internet. En la medida que avancen los meses y tengamos desarrollada una serie de propuestas que tienen que ver con la zonificación del distrito, vamos a determinar unas zonas donde sí podemos crecer un poco. ¿Quieres más altura? Te la doy, pero dame área verde, que no tengo.

¿No limita eso el acceso de gente joven al distrito?
Ya ahorita con todos los departamentos de 30 m, hay bastante por ofrecer. La tasa demográfica de Barranco está bajando. En los últimos tres censos está bajando de 38 mil a 30 mil. Los edificios nuevos [con departamentos de 30 m] que están en la avenida San Martín están vacíos.

¿Eso es un fenómeno Airbnb?
Yo creo que están destinándolos a alquileres temporales.

Hace unos años hubo un intento fallido de un inversionista por comprar un terreno para hacer un centro comercial. ¿Usted la hubiera aceptado?
Sé de una propuesta comercial que estaban planteando para el estadio Gálvez Chipoco, para convertirlo en un centro comercial. No, definitivamente nosotros no permitiríamos eso de ninguna manera. Si tuviéramos un terreno baldío, no tendría nada de malo hacer un centro comercial. Si tengo que priorizar entre un centro comercial y un estadio, por supuesto que como municipalidad voy a priorizar un estadio. La defensa del estadio es la defensa de la calidad de vida de los vecinos.

¿Es frustrante ser alcalde de un distrito con tantas limitaciones?
Las limitaciones que tiene la municipalidad uno desde que es candidato las conoce. Hemos entrado con la premisa de que el distrito lo tenemos que recuperar juntos, con los vecinos. Cuando vemos que hemos tenido, en los dos primeros trimestres, récords de recaudación que nos han colocado en el segundo lugar de mejor recaudación de Lima, nos damos cuenta de que los vecinos responden. Cuando vemos que finalizando setiembre ya hemos recaudado casi el 90% de lo que estaba previsto para el año, eso también sigue demostrándonos que hay confianza. Cuando la gente confía en sus autoridades, es posible trabajar juntos. La gente viene a las juntas vecinales, que además han sido invención de esta gestión. Es señal de que piensa que vale la pena. No se puede defraudar esa confianza. Por eso nuestro lema de gestión es “A Barranco lo recuperamos juntos”.