Cuando era niño, Ricardo Velarde no tenía muchos amigos en el colegio religioso San Luis de Barranco, y tampoco salía mucho de su cuarto cuando llegaba a su casa, después de clases; le gustaban mucho los cómics y las películas de terror, misterio y suspenso de los años setenta. Su núcleo familiar estaba conformado, principalmente, por dos personas, su madre, que había enviudado, y él. Sucedió unos años más tarde, cuando estaba en quinto de primaria y se cambió al colegio Los Reyes Rojos, también en Barranco; de pronto, empezó a viajar a distintos pueblos y ciudades de la sierra peruana, como parte de su formación educativa, y conoció a narradores de historias locales; “las gentes del Ande son actores naturales, instintivos”, diría años más tarde. Una noche, en el marco de uno de los viajes que realizó con su colegio a Cajamarca, alrededor de una enorme fogata, escuchando las historias mágicas de un hombre misterioso que interpretaba a varios personajes, mientras gesticulaba con las manos, con el rostro, con la voz, se sintió embrujado y creyó experimentar una suerte de “bautizo”. En el trayecto, de regreso a Lima, lo tenía todo muy claro: se convertiría en un narrador de historias a través de sus dibujos, de los cómics; y así se convirtió en el artista de su salón en el colegio. Hoy tiene 41 años y acaba de estrenar, a nivel mundial, su primera película, “La luz en el cerro”, junto a su esposa, la artista plástica Michelle Prazak, productora del filme.

Ricardo dirige la película y Michelle, su esposa, es la productora. Ambos participaron de todo el proceso creativo.

Ricardo dirige la película y Michelle, su esposa, es la productora. Ambos participaron de todo el proceso creativo.

Mostrar mi película en la Selección Oficial del Montreal World Film Festival, en una ciudad de cinéfilos como Montreal, y en la sede principal del evento, el Cinema Imperial, fue todo un lujo. Montreal respira cine por donde la mires… –dice Ricardo.

“La luz en el cerro” fue filmada a más de cuatro mil metros de altura, en Marcapata y Coline, Cusco.

“La luz en el cerro” fue filmada a más de cuatro mil metros de altura, en Marcapata y Coline, Cusco.

“La luz en el cerro” es un thriller peruano con tintes sobrenaturales. Las actuaciones de Manuel Gold y de Ramón García, destacan por sus conflictos internos, por su crudeza, alejándolos de sus roles acostumbrados, bonachones y cómicos. Pero ¿cómo y cuándo se gesta esta película donde se ha fusionado un género universal como el thriller con elementos de la cultura andina?

BICHOS RAROS

Nuevamente, Ricardo Velarde se encontraba alrededor de una gran fogata, en un pueblo al interior del Perú, en la selva del Cusco, escuchando historias que le helaban la sangre. Era el año 2010, ya vivía y estudiaba en Inglaterra, en la London Film School, pero había venido a visitar una vieja casona que su amigo Yerko Zlatar –que luego se convertiría en el director de arte de “La luz en el cerro”– había heredado, en plena Carretera Interoceánica.

“Mostrar mi película en una ciudad de cinéfilos como Montreal fue todo un lujo”, dice Ricardo.

“Mostrar mi película en una ciudad de cinéfilos como Montreal fue todo un lujo”, dice Ricardo.

–Nos quedamos una semana en ese lugar –recuerda Ricardo–. Las noches las pasábamos con la gente de la zona, bebiendo, escuchando sus historias, que mezclaban supersticiones, leyendas y hechos históricos; fue impresionante… Ya había escrito en Inglaterra el primer borrador de una película de terror, pero cuando regresamos al Cusco Yerko y yo empecé a pensar en dejar el proyecto de terror y embarcarme en una película que ilustrara en cierto sentido esas historias que me habían contado. Luego, cuando volví a Inglaterra, Yerko me llamó y me contó que la casa había sido incendiada por invasores de tierras. Yo tomé esa tragedia como una señal. En ese momento abandoné por completo la historia de terror y empecé a escribir “La luz en el cerro”.

La artista plástica Michelle Prazak, su esposa, lo acompañó en todo el proceso creativo y luego en la posproducción. Ahora está con nosotros, en el jardín de la casa de sus padres.

–Como somos pareja, fue imposible no acompañar a Ricardo en estos procesos –dice Michelle, alta como Ricardo, con determinación–. Cuando regresaba de sus viajes para locacionar, me iba contando aún más historias que había escuchado a los pobladores en el Cusco, y los dos nos íbamos emocionando juntos por los giros que iba tomando el guion; Ricardo me describía a los personajes y yo los dibujaba; él hacía los storyboards, pero yo dibujaba a los personajes con mayor realismo; así fuimos creando este mundo de “La luz en el cerro”. Ricardo fue el motor, el director del filme, porque al fin y al cabo la historia nació de él. Yo, simplemente, puse mi granito de arena, intentando darle un punto de vista objetivo, como si fuese el público…

–Sin pelos en la lengua… –interviene Ricardo, casi murmurando, con una media sonrisa.

En el elenco contrasta la presencia de actores de trayectoria, como Ramón García, y vecinos de las localidades en las que filmaban.

En el elenco contrasta la presencia de actores de trayectoria, como Ramón García, y vecinos de las localidades en las que filmaban.

“La luz en el cerro” se filmó íntegramente en celuloide, en Super 16 mm, algo inusual en nuestro medio, y eso la reviste de una fotografía oscura y aporta una tensión dramática que termina mostrando los bajos instintos del ser humano, sin dejar de lado un ácido humor y un buen pulso narrativo.

Caudal Films es el nombre de la empresa de Ricardo y Michelle, y Ricardo se apresura a advertir que eligieron ese nombre pues hace referencia “a ese caudal o flujo de sonidos e imágenes de nuestro país, de nuestro continente latinoamericano”.

Antes de participar en el Montreal World Film Festival, “La luz en el cerro” se proyectó en el Festival de Cine de Lima, con una entusiasta y emotiva respuesta del público y la crítica; y en 2015

Por Gabriel Gargurevich Pazos
Fotos de Maricé Castañeda

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