Del 23 al 26 de abril, se exhibirá una selección de obras, incluidas esferas de cerámica producidas entre 2001 y 2007, periodo en el que Carlos Runcie Tanaka exploró la repetición de la forma esférica como práctica casi ritual.

Por: Alessia Carboni

El pasado diciembre, el mundo del arte peruano perdió a uno de sus referentes más singulares, Carlos Runcie Tanaka (Lima, 1958–2025). Apenas meses después, Pinta Lima 2026 le dedica un Special Project que funciona como homenaje póstumo, presentado por su propia familia a través de CRT Legacy, en colaboración con Fundación Pinta y la galería Henrique Faria. Del 23 al 26 de abril, sus obras vuelven a salir al mundo —con calma y con cuidado, como diría su propio Legacy—.

Carlos Runcie Tanaka (Lima, 1958–2025). 
Sin título (Intervención en el desierto Km. 40 carretera Panamericana Sur)
Fotografía: Javier Silva Meinel

Una formación sin igual

Artista peruano de ascendencia japonesa y británica, Runcie Tanaka comenzó su vida universitaria estudiando filosofía y cultivó a lo largo de toda su vida una profunda pasión por la música y la arqueología. Su trayectoria formativa fue extraordinariamente singular: muy pocos artistas de su generación combinaron un aprendizaje tradicional en Japón bajo la tutela de un Tesoro Nacional Viviente, una formación académica en Italia y una práctica sostenida enraizada en la cultura material prehispánica. Esa confluencia de mundos —la tradición japonesa, la visión occidental y el territorio peruano— lo acompañó siempre y se convirtió en el eje de su obra.

«Repetir y dominar la forma, haciendo esferas de arcilla, es como elevar una plegaria sin principio ni final en el tiempo. Cuando miro, escucho una música lejana».
— Carlos Runcie Tanaka, 2007

Su obra converge en el cruce de la tradición japonesa, la visión occidental y el territorio peruano.

Diálogo entre materia y desierto

Desde los años ochenta y noventa, Runcie Tanaka trabajó en el cruce entre la escultura y el oficio artesanal, componiendo instalaciones que incorporaban la música, la performance y el ritual como parte del proceso creativo. Su práctica se desarrolló a través de una vida marcada por los viajes y el encuentro profundo con la geografía, la materia y el ritual cultural: se movió principalmente entre América Latina y los Estados Unidos, manteniéndose siempre arraigado en Lima. La cerámica, en sus manos, se convierte en pregunta: ¿a qué lugar del paisaje peruano pertenecen estas piezas?

Su propuesta articula una renovación estética y un compromiso técnico dedicado a materializar objetos y relatos de manera simultánea.

La respuesta siempre fue el desierto, como un espacio de meditación. Sus esferas de arcilla —repetidas, dominadas, perfeccionadas— evocan ríos, piedras, el mar, los cangrejos: una experiencia cíclica donde la materia dialoga con lo vital. Reconocida internacionalmente por su claridad, contención e intensidad silenciosa, su obra refleja una sensibilidad forjada en la experiencia vivida más que en la teoría. Desde esa lógica, lo quebrado se vuelve un punto de encuentro con la realidad peruana, con su historia fragmentada y su tenaz posibilidad de reconstrucción.

La persistencia de la forma esférica

El Special Project reúne 12 obras: esferas de cerámica de distintas escalas y superficies producidas entre 2001 y 2007 —un período en que el artista profundizó en la repetición de la forma esférica como práctica casi ritual— más una esfera del 2023 que introduce una intensidad diferente dentro del conjunto. Las piezas dialogan con exposiciones que el público limeño conoce bien: La misma plegaria (Galería Wu Ediciones, 2001), Catorce / No Más (Galería Enlace Arte Contemporáneo, 2006) y Una Parábola Zen y Diez Pequeñas Historias (Centro Cultural Peruano Japonés, 2007). Verlas reunidas hoy es una oportunidad excepcional de recorrer una de las búsquedas más coherentes y profundas del arte peruano reciente.

Entre 2001 y 2007, Runcie Tanaka desarrolló un conjunto sostenido de esferas de arcilla como eje formal, entendidas como ejercicio de repetición y dominio técnico.

El legado en manos de la familia

Quien lleva adelante este homenaje es María José Campos Runcie, directora de CRT Legacy y sobrina del artista. Vivió rodeada de su obra toda la vida —no como observadora, sino como alguien profundamente moldeada por su presencia—. Con más de una década de experiencia en diseño, experiencia de usuario y estrategia de marca global, y una trayectoria que incluye la animación, la investigación del cine animado japonés y la música, Campos Runcie aporta a su rol tanto sensibilidad como estructura.

Una pasión compartida con su tío por la arqueología y por el mundo material que él habitó atraviesa todo lo que hace. CRT Legacy cuenta además con el apoyo de un pequeño círculo de familiares, colaboradores y asesores que contribuyen al cuidado, la continuidad y la gestión del patrimonio del artista.

«Ha sido un momento muy emotivo. Crecí rodeada de estas obras y verlas de nuevo en un espacio público, tan poco tiempo después de su partida, tiene un peso especial. Al mismo tiempo es emocionante: son obras que siguen conversando con el presente», afirma Campos Runcie.

Estas piezas se presentaron en tres exposiciones clave en Lima: «La misma plegaria» (2001), «Catorce / No Más» (2006) y «Una parábola zen y diez pequeñas historias» (2007).

La obra de Runcie Tanaka trasciende el valor estético para situarse en un plano ético y social. A través de la cerámica, el artista estableció un discurso crítico sobre la identidad, la inclusión y la memoria histórica del Perú. Su presencia en Pinta Lima 2026, más que una exhibición conmemorativa, plantea la vigencia de sus interrogantes en el contexto contemporáneo.

El Special Project: Carlos Runcie Tanaka puede visitarse del 23 al 26 de abril en Pinta Lima 2026. El proyecto es una iniciativa de Fundación Pinta, en colaboración con Henrique Faria Gallery y CRT Legacy.

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