Por: Alessia Carboni
El pasado diciembre, el mundo del arte peruano perdió a uno de sus referentes más singulares, Carlos Runcie Tanaka (Lima, 1958–2025). Apenas meses después, Pinta Lima 2026 le dedica un Special Project que funciona como homenaje póstumo, presentado por su propia familia a través de CRT Legacy, en colaboración con Fundación Pinta y la galería Henrique Faria. Del 23 al 26 de abril, sus obras vuelven a salir al mundo —con calma y con cuidado, como diría su propio Legacy—. En entrevista exclusiva con COSAS, María José Campos Runcie, directora de CRT Legacy y sobrina del artista, nos cuenta cómo fue el proceso de llevar este homenaje adelante.

Carlos Runcie Tanaka (Lima, 1958–2025).
Sin título (Intervención en el desierto Km. 40 carretera Panamericana Sur)
Fotografía: Javier Silva Meinel
Una formación sin igual
Artista peruano de ascendencia japonesa y británica, Runcie Tanaka comenzó su vida universitaria estudiando filosofía —que dejó para dedicarse por completo a la cerámica— y cultivó a lo largo de toda su vida una profunda pasión por la música y la arqueología. Fanático de Joni Mitchell y Cat Stevens, músico en Italia, aprendiz en Japón, profesor en Estados Unidos, mentor en Puno: su biografía es tan rica y diversa como su obra. Su trayectoria formativa fue extraordinariamente singular: muy pocos artistas de su generación combinaron un aprendizaje tradicional en Japón bajo la tutela de un Tesoro Nacional Viviente, una formación académica en Italia y una práctica sostenida enraizada en la cultura material prehispánica. Esa confluencia de mundos —la tradición japonesa, la visión occidental y el territorio peruano— lo acompañó siempre y se convirtió en el eje de su obra.
«Repetir y dominar la forma, haciendo esferas de arcilla, es como elevar una plegaria sin principio ni final en el tiempo. Cuando miro, escucho una música lejana».
— Carlos Runcie Tanaka, 2007

Su obra converge en el cruce de la tradición japonesa, la visión occidental y el territorio peruano.
Diálogo entre materia y desierto
Desde los años ochenta y noventa, Runcie Tanaka trabajó en el cruce entre la escultura y el oficio artesanal, componiendo instalaciones que incorporaban la música, la performance y el ritual como parte del proceso creativo. Su práctica se desarrolló a través de una vida marcada por los viajes y el encuentro profundo con la geografía, la materia y el ritual cultural: se movió principalmente entre América Latina y los Estados Unidos, manteniéndose siempre arraigado en Lima. La cerámica, en sus manos, se convierte en pregunta: ¿a qué lugar del paisaje peruano pertenecen estas piezas?

Su propuesta articula una renovación estética y un compromiso técnico dedicado a materializar objetos y relatos de manera simultánea.
La respuesta siempre fue el desierto, como un espacio de meditación. Sus esferas de arcilla —repetidas, dominadas, perfeccionadas— evocan ríos, piedras, el mar, los cangrejos: una experiencia cíclica donde la materia dialoga con lo vital. Reconocida internacionalmente por su claridad, contención e intensidad silenciosa, su obra refleja una sensibilidad forjada en la experiencia vivida más que en la teoría. Desde esa lógica, lo quebrado se vuelve un punto de encuentro con la realidad peruana, con su historia fragmentada y su tenaz posibilidad de reconstrucción.
La persistencia de la forma esférica
El Special Project reúne 12 obras: esferas de cerámica de distintas escalas y superficies producidas entre 2001 y 2007, más una esfera del 2023 que introduce una intensidad diferente dentro del conjunto. Maria Jose Campos Runcie explica que desde el inicio fue claro que querían presentar una instalación coherente con la lógica propia de Carlos: su manera muy particular de relacionar las piezas entre sí en términos de escala, ritmo y disposición en el espacio era algo fundamental a respetar. Las piezas dialogan con exposiciones que el público limeño conoce bien: La misma plegaria (Galería Wu Ediciones, 2001), Catorce / No Más (Galería Enlace Arte Contemporáneo, 2006) y Una Parábola Zen y Diez Pequeñas Historias (Centro Cultural Peruano Japonés, 2007).
Dentro del conjunto destaca especialmente la esfera roja del 2023, la única obra reciente de la selección. Maria Jose señala que el rojo era un color que Carlos reservaba para momentos muy precisos, para resaltar algo con intensidad, y que existen muy pocas piezas completamente rojas en toda su producción. Pertenece a un proyecto de instalación con cerámica roja y negra que el artista estaba desarrollando y que no llegó a presentar en vida. «Para mí, esta esfera representa el corazón palpitante, la energía que no se rinde», dice Campos Runcie. «Me gusta pensar que sus figuras rojas tienen algo de autobiográfico.»
La coordinación del proyecto fue compleja —Campos Runcie desde Europa, la familia y el equipo de Pinta en Lima, la galería Henrique Faria en Nueva York— pero lograron un montaje muy fiel a cómo Carlos concebía estas instalaciones. «Creo que estaría muy contento», reflexiona sobre lo que diría su tío si pudiera ver la muestra. «No solo por el reconocimiento, sino por cómo está configurada la instalación. Le hubiera gustado ese gesto de incluir la esfera roja entre las negras y marrones: juguetón, enérgico, pero sobrio. Con fuerza y materialidad, como siempre.»

Entre 2001 y 2007, Runcie Tanaka desarrolló un conjunto sostenido de esferas de arcilla como eje formal, entendidas como ejercicio de repetición y dominio técnico.
El legado en manos de la familia
María José Campos Runcie, directora de CRT Legacy y sobrina del artista, es quien lleva adelante este homenaje. Vivió rodeada de su obra toda la vida —no como observadora, sino como alguien profundamente moldeada por su presencia—. Con más de una década de experiencia en diseño, experiencia de usuario y estrategia de marca global, y una trayectoria que incluye la animación, la investigación del cine animado japonés y la música, Campos Runcie aporta a su rol tanto sensibilidad como estructura. Una pasión compartida con su tío por la arqueología y por el mundo material que él habitó atraviesa todo lo que hace. CRT Legacy cuenta además con el apoyo de un pequeño círculo de familiares, colaboradores y asesores que contribuyen al cuidado, la continuidad y la gestión del patrimonio del artista.
«Ha sido un momento muy emotivo. Crecí rodeada de estas obras y verlas de nuevo en un espacio público, tan poco tiempo después de su partida, tiene un peso especial. Al mismo tiempo es emocionante: son obras que siguen conversando con el presente», afirma.
Hacia adelante, CRT Legacy tiene planes ambiciosos: llevar la obra a los lugares que Carlos no pudo alcanzar en vida, fortalecer lazos institucionales internacionales y construir el archivo de su trayectoria, con especial atención a etapas poco documentadas como su formación en Japón y sus años en Italia. María José también gestiona el Archivo Fotográfico Walter O. Runcie (AFWOR), el legado de su bisabuelo —y abuelo paterno de Carlos—, fotógrafo británico que documentó el Perú de principios del siglo XX.

Para Carlos, lo más importante siempre fue compartir su amor por el arte con jóvenes estudiantes, con los curiosos y con quienes nunca habían pisado una galería.
Campos Runcie describe a su tío como una de las personas más queridas de la comunidad artística peruana, cariñoso con todos sin importar su origen, siempre dispuesto a ayudar, una inspiración real para toda una generación de artistas. «Lo que más le hubiera importado es que la obra llegue a la gente», dice. «Para Carlos siempre fue lo más importante: compartir su amor por el arte con jóvenes estudiantes, con los curiosos, con quienes nunca habían pisado una galería. Inspirar.»
Por eso, más que una exhibición conmemorativa, el Special Project de Pinta Lima 2026 es una invitación. «Espero que quienes lo conocieron puedan saludar las obras y saludar a Carlos, que siempre va a seguir con nosotros porque sus piezas son testimonio de su vida y trabajo. Y quienes no lo conocieron: que sepan de él», concluye Campos Runcie.

“Me interesa mucho la publicación. Hay etapas de su vida, como su formación en Japón o sus años en Italia, que merecen una documentación cuidadosa.” — María José Campos Runcie
La obra de Runcie Tanaka trasciende el valor estético para situarse en un plano ético y social. A través de la cerámica, el artista estableció un discurso crítico sobre la identidad, la inclusión y la memoria histórica del Perú. Su presencia en Pinta Lima 2026, más que una exhibición conmemorativa, plantea la vigencia de sus interrogantes en el contexto contemporáneo.
El Special Project: Carlos Runcie Tanaka puede visitarse del 23 al 26 de abril en Pinta Lima 2026. El proyecto es una iniciativa de Fundación Pinta, en colaboración con Henrique Faria Gallery y CRT Legacy.
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