¿Cuánto puede hacer el arte por una ciudad? Viajamos a Colombia para preguntárselo a la directora de ArtBO, la feria emblemática de Bogotá, que ha logrado colocar a su ciudad en el mapa mundial del arte contemporáneo.

Por Javier Masías @omnivorus

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“Aquí pasa algo como en Art Basel, solo que más pequeño y todo en simultáneo”, explica María Paz Gaviria.

Camino a la entrevista, uno se entera casualmente del impacto. Mientras el taxi avanza entre omnipresentes edificios de ladrillo y esculturas en la calle, en la radio oyentes emocionados compiten improvisando coplas y rimas sobre el valor de la feria y sobre lo bello que es este rincón del mundo en el que ahora “se respira más bonito”. “Vamos con la familia a ArtBO y a La Candelaria”, me cuenta el taxista refiriéndose a uno de los barrios más antiguos de la capital, “y no un único día, sino varios, porque nos divierte”.

Es que toda la ciudad lo vive y lo sabe: a fines de octubre, Bogotá es un epicentro de creatividad y reflexión, y nadie quiere perdérselo.

“¿Cuánto puede lograr el arte por una ciudad?”, le pregunto a María Paz Gaviria, directora del programa de ArtBO, en la sede de la Cámara de Comercio de Bogotá, un edificio impactante en el que, horas más tarde, me tocará presenciar una inauguración, de las primeras de este nutridísimo programa. “Mucho”, me responde.

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Este año, en ArtBO se pudieron apreciar más de 3000 piezas de unos 350 artistas.

ArtBO fue creada en 2004 por la Cámara de Comercio como una plataforma para canalizar el fuerte interés de los empresarios por las industrias culturales y creativas, enfocado, principalmente, en las artes plásticas. Desde que María Paz se hizo cargo de gestionarla, el crecimiento ha sido notable. La primera edición contó con catorce galerías nacionales y quince de fuera, y ahora son setenta y cinco de dieciocho países diferentes. “Son más de 3000 piezas de 350 artistas diferentes, y toda la ciudad lo vive”, me comenta. “Y creo que eso es lo que hace potente a nuestra feria: la institución que la realiza tiene un genuino interés en promocionar a Bogotá como un escenario cultural que se integra a la ciudadanía”.

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La primera edición de la feria colombiana solo contó con 14 galerías nacionales y 15 de afuera. Ahora son 75, provenientes de 18 países diferentes.

Ese logro se debe en buena medida al rico programa –del que se habla en foros internacionales como “una brisa fresca”–, en el que coexisten los habituales proyectos especiales –la mayoría de gran riesgo y con estrellas, como Marcelo Brodsky– y secciones, como “Referentes”, dedicadas a artistas disruptores que se han consolidado en el panorama global, junto a interesantes iniciativas que permiten un mayor acceso, como 21m2, un espacio para galerías pequeñas con importantes trayectorias de seis años. Y como si no fuera suficiente, el programa no comercial es amplio, con secciones dedicadas a artistas emergentes, libros de artista y foros.

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La feria no solo ha capturado la atención de artistas y aficionados, sino de gran parte de la población de la capital colombiana, que la visita masivamente.

Y como nadie quiere perderse la fiesta –ya sabe, el taxista–, otras iniciativas se han sumado, en simultáneo, al paisaje artístico de la ciudad con apuestas propias: Odeón es una feria alternativa que empezó en 2011, que tiene lugar en el que fuera un gran cine en los años cuarenta y el teatro del TPB en los setenta; la Feria del Millón, que muestra solo obras que cuestan alrededor de un millón de pesos, poco más o menos que mil dólares; y Barcú, en las casonas de La Candelaria, con un festival que busca aglutinar la inmensa movida callejera de esta ciudad divertida y cosmopolita. “Aquí pasa algo como en Art Basel, solo que más pequeño, todo en simultáneo, como satélites que complementan la propuesta principal”, me cuenta María Paz. “Al final, la feria no es tanto un negocio privado, sino un evento para fortalecer el sector y las artes plásticas. Esa es la ventaja de que se haga desde una cámara, y es consecuente con los objetivos de la ciudad de crear espacios de ciudadanía”.

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En el marco de ArtBO, también se desarrollan en paralelo otras ferias “satélites”.

Tiene razón, ArtBO es parte del programa de artes plásticas de la Cámara de Comercio de Bogotá y su proyecto más importante, pero no el único. “Tenemos tres salas de exhibición en distintos espacios en los que realizamos hasta veinte exposiciones en un año, con iniciativas diferentes. Contamos con programas de educación no formal para artistas en la ciudad, y hace poco hicimos ArtBO fin de semana, un segundo momento en el año en el que se vinculan otra vez galerías, espacios independientes, fundaciones, museos. No es solo un Gallery Weekend, aquí se involucra todo el sector artístico, así no tenga un objetivo puramente comercial, con buses que van de un lado al otro de la ciudad expresamente por este tema, con visitas comentadas, promoción de libros de artista. La idea es recorrer la ciudad a través del arte”, refiere. ¿Qué lecciones debería aprender Lima? Saque sus propias conclusiones.