El llamado penisgate instala dudas sobre posibles inyecciones para alterar la talla de los trajes, pone bajo la lupa al salto de esquí y obliga a federaciones y a la AMA a reaccionar a horas del inicio olímpico.

Por: Renzo Espinosa 

Puede sonar a chiste de vestuario, pero no lo es. A pocos días del arranque de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano Cortina 2026, una teoría tan insólita como incómoda sacudió al salto de esquí: algunos atletas habrían considerado inyectarse ácido hialurónico para modificar la medición corporal con la que se define la talla de su traje. El objetivo sería ganar superficie aerodinámica y, con ella, metros en el vuelo.

La hipótesis, bautizada por la prensa europea como Penisgate, se apoya en una idea conocida dentro del deporte: el traje importa, y mucho. Un mono apenas más holgado puede traducirse en más sustentación en el aire. Estudios recientes citados por medios internacionales hablan de ganancias de hasta cinco metros si se logra ampliar, dentro del reglamento, el espacio entre el cuerpo y la tela.

El traje bajo la lupa: una medición de centímetros puede traducirse en metros de vuelo y desatar la polémica.

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El traje, pieza clave del vuelo

La Federación Internacional de Esquí y Snowboard (FIS) regula con lupa estas medidas. Cada temporada, los saltadores pasan por un escáner 3D que calcula la longitud de zancada desde el punto más bajo de la entrepierna. Con esos datos se fija la talla del traje para toda la campaña. De ahí la sospecha: si alguien altera antes la medición, podría obtener un mono legalmente más grande y competitivo.

La FIS sostiene que no existe evidencia de que estas prácticas se hayan utilizado, pero reconoce el ruido mediático y adelantó que reforzará los controles y las mediciones de cara a las pruebas olímpicas para evitar cualquier desajuste.

“El salto de esquí es muy popular en Polonia, así que os prometo que voy a ponerme con esto”, afirmó el presidente polaco de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA),

“El salto de esquí es muy popular en Polonia, así que os prometo que voy a ponerme con esto”, afirmó el presidente polaco de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA),

AMA en alerta, pero sin pruebas

La controversia creció lo suficiente como para involucrar a la Agencia Mundial Antidopaje (AMA). Su director general, Olivier Niggli, fue claro: el ácido hialurónico no figura como sustancia dopante, pero si surgieran pruebas de un método destinado a mejorar el rendimiento, el organismo lo analizaría. Por ahora, no hay investigaciones formales ni casos confirmados.

Desde el ámbito médico, las voces consultadas también bajan el tono. Especialistas recuerdan que estas inyecciones solo podrían generar, en el mejor de los casos, un engrosamiento temporal y con riesgos, sin garantías de aumento real de longitud. Nada que asegure una ventaja deportiva estable.

De rumor a debate olímpico: lo que empezó como un comentario de pasillo terminó poniendo en alerta a jueces, médicos y autoridades del salto de esquí.

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Antecedentes que alimentan la sospecha

El salto de esquí arrastra un historial de trampas vinculadas al traje. En 2025, durante el Mundial de Trondheim, varios integrantes del equipo noruego fueron suspendidos tras comprobarse que el cuerpo técnico había manipulado las costuras para ganar flotabilidad. Antes de los escáneres 3D, hubo intentos aún más burdos para sumar milímetros. El efecto paracaídas no es nuevo; la creatividad para lograrlo, tampoco.

Así, a horas de que empiecen las competencias —sábado el evento femenino y lunes el masculino—, el salto de esquí vuelve a demostrar que, además de técnica y valentía, es un deporte donde la frontera entre la innovación y la trampa se vigila centímetro a centímetro. Esta vez, con una polémica que nadie vio venir y que ya se convirtió en la primera gran historia incómoda de estos Juegos.

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