En 2010 la acompañamos durante su matrimonio con el empresario Diego de la Puente. Dos años después vivimos con ella el nacimiento de Iago, su segundo hijo. Ahora la ex modelo nos recibe en su casa, donde ya ha empezado a colocar los cimientos de una nueva faceta.

Por Mariano Olivera La Rosa / Fotos de Sanyin Wu

Se escuchan pasos en la escalera. Ligeros, breves, apurados. Noah es el primero en aparecer en escena. Se sienta frente a mí, sobre uno de los sillones de la sala. Me mira con una curiosidad amistosa y una media sonrisa, como si estuviera listo para ser entrevistado.

¿Qué edad tienes? –le digo.

Dos –responde.

¿Y cuándo cumples tres?

Guarda silencio.

Según mis apuntes, naciste a mediados de 2015.

Me observa sin decir palabra.

¿A qué colegio vas?

Al Roosevelt –dice, aunque, en realidad, aún está en el nido. Quien está en el Roosevelt es su hermano Iago. Iago es el segundo en aparecer en escena. Lo hace dando patadas al aire, como si sostuviera una pelea de artes marciales con un oponente invisible.

Una de las engreídas de la casa es Maya, la perrita que rescataron dos días antes de la Navidad de 2016.

Es cinturón de karate –apunta Noah, a propósito del cinturón blanco que su hermano lleva atado a la cintura.

¿Tú también practicas karate? –le pregunto.

Noah responde con una demostración, dando pataditas al lado del sillón. Luego sigue a Iago al jardín y ambos regresan pateando dos pelotas de fútbol. La casa, que parece lista para protagonizar un shoot de revista, conserva la calma con estoicismo.

Anahí es la tercera en aparecer en escena, mientras sus pequeños siguen correteando alrededor con las pelotas. Veo que Iago anda afanado con el karate –le digo.

Iago practica skate, tabla y fútbol, y quiere volver al karate –responde Anahí–. Es que a los dos les gusta mucho “Ninjago” –una serie de televisión infantil–. Noah es el ninjago verde y Iago, el azul –además, son sus colores favoritos–. Les encanta disfrazarse.

¿También están con la fiebre del Mundial?

Hemos juntado figuritas, ¿no, Iago? –acaban de completar el famoso álbum Panini–. Él juega en la escuela del Barça; le encanta el fútbol, y Noah también practica fútbol en el parque.

El cuarto en aparecer en escena es Joaquín, su hijo mayor. Luego de los saludos respectivos, sube raudamente las escaleras. “Con Joaquín tengo un lazo muy grande”, dice Anahí. “A los dos nos une el arte”. Ella está por terminar sus estudios de Diseño de Interiores; él planea estudiar Ilustración en Nueva York.

De hecho, acaban de volver de allí. Cada cuatro años, desde que Joaquín tenía ocho, viajan los dos solos a Nueva York. Esta vez, el viaje fue propicio para buscar la universidad idónea. “Fuimos a SVA (School of Visual Arts); nos dieron una charla. Joaquín se enamoró de la universidad”, cuenta Anahí. “SVA se creó especialmente para enseñar Ilustración y Cartooning, es la top en la rama que a él le interesa”.

Madre e hijo ya tienen el plan trazado. Durante sus vacaciones de julio, Joaquín pasará dos semanas en el Savannah College of Art and Design, matriculado en sus programas de verano. Después, al terminar el colegio, llevará un curso de Ilustración en Lima, en la Toulouse Lautrec, y en julio del próximo año hará su portafolio en SVA, a donde, finalmente, postulará en 2020. “Si he trabajado como modelo, me he sacado la mugre, me he sacrificado y he estado lejos de él, finalmente me doy cuenta de que era para esto: para darle este futuro”, dice Anahí a modo de reflexión.

Joaquín, de dieciséis años, planea estudiar Ilustración. Arriba, dos muestras de sus habilidades.

Recuerdo que hace ocho años sentías cierto cargo de conciencia. Parabas en Miami, por trabajo, y no estabas siendo la mamá que querías…

Sí, era superdifícil balancear mi vida entre mi trabajo y mi hijo. Tenía que viajar mucho y amo a mi hijo profundamente. Me sentía culpable, en cierto sentido, porque no estaba con él todos los días, pero tenía que salir adelante, tenía que trabajar.

Ahora estás viendo los frutos de ese sacrificio.

A veces pensaba: “¿Realmente vale la pena dejar a mi hijo por trabajar acá y ganar dinero?”. Llegó un momento en que dije: “No vale la pena. Quiero estar con mi hijo todos los días”. Como modelo, ya había hecho una carrera y había podido juntar cierto dinero para estar tranquila. Pero no sabía para qué. Me daba seguridad, pero no satisfacción.

Con sus dos hijos menores: Noah, de dos años, e Iago, de cinco, en el espacio que diseñó para ellos junto con su hijo mayor, Joaquín.

La casa, el diseño y los hijos

Anahí lleva un año viviendo en una casa que diseñó a su medida. En cierta manera, aunque aún se encuentra estudiando, ha significado su primer desafío como diseñadora de interiores. Cuando la compró junto con su esposo, Diego de la Puente, solo era una casa antigua que “se caía a pedazos”. Sin embargo, ni bien puso un pie en ella, Anahí supo que tenía un enorme potencial. “Había que cambiarle todos los acabados, pero al casco de la casa prácticamente no había que hacerle nada; estaba muy bien distribuida”, recuerda.

Como diseñadora de interiores, quiere aprovechar las inspiraciones que tomó de sus viajes como modelo y empezar orgánicamente, poco a poco, paso a paso. Al interior de su casa, uno de esos “primeros pasos” resulta especial. “Joaquín tenía que hacer un proyecto para el colegio, y yo, un trabajo para el instituto”, cuenta Anahí. Se les ocurrió sacarle provecho a esa especie de depósito que había al lado del jardín.

#wynwoodwalls

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“Mi esposo me dijo: ‘¿Por qué no hacemos de ese espacio un cuarto de arte?’”. Así fue como madre e hijo unieron fuerzas y talentos en un proyecto conjunto que comenzó con una lluvia de ideas y terminó convertido en el lugar donde sus hijos menores dan rienda suelta a su creatividad y dotes artísticas.

Parece una pequeña guardería, un nido en miniatura, una colorida discoteca para niños en la que el sol entra de lado por la ventana, una pizarra está garabateada a placer y dos atriles conviven con materiales propicios para crear.

#merrychristmas #family #feliznavidad 🎄❤️

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De vuelta a la sala, la quinta en aparecer en escena es Maya, la perrita que rescataron dos días antes de Navidad, en 2016. Posa sus patas delanteras sobre mis piernas, a modo de saludo, mientras saca la lengua como quien intenta sonreír. “Maya es mi hijita mujer”, dice Anahí.

Siempre supo que quería tener tres hijos. Cuando nacieron los dos últimos, su vida ya había dado un giro radical. “Dejé el modelaje para dedicarme más a ellos”, añade. Ahora todo tiene sentido. Toca disfrutar la cosecha.

Agradecimiento: Play and Dream Perú