Uno de los máximos representantes de la elegancia murió a los noventa y un años mientras dormía. El aristocrático diseñador francés, a quien le gustaba definirse como el eterno aprendiz, vistió a celebridades, como Audrey Hepburn, Jackie Kennedy y Grace Kelly. Admirador y amigo de Balenciaga, se retiró en 1995. Nunca se entendió con los diseñadores que lo reemplazaron.

Givenchy

Hubert de Givenchy falleció el sábado 10 de marzo, anunció su pareja, el también diseñador Philippe Venet.

El hombre más elegante de la moda francesa acaba de fallecer. “Monsieur de Givenchy se apagó mientras dormía el sábado 10 de marzo de 2018. Sus sobrinos y sobrinas, y sus hijos comparten su dolor”, anunció dos días después su pareja, el también diseñador Philippe Venet.

Givenchy vistió a algunas de las mujeres más bellas de su época, pero su musa, amiga y amor platónico, definitivamente, fue Audrey Hepburn. Él diseñó el vestuario que la actriz llevó en muchas de sus películas. El más icónico, el little black dress con el que Hepburn se asoma al escaparate de la joyería Tiffany & Co. en la película “Breakfast at Tiffany’s” (1961). “Su ropa es la única con la que me siento yo misma. Es más que un diseñador; es un creador de personalidad”, dijo ella sobre Givenchy. Hepburn también inspiró, en 1957, el primer perfume del diseñador francés, L’Interdit. Fue la primera vez que una actriz promocionaba la fragancia de un modisto y fue un éxito rotundo.

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El vestido que usó su amiga Audrey Hepburn en el filme “Sabrina” se convirtió en un emblema.

“Hubert de Givenchy pudo combinar dos cualidades raras: ser innovador y atemporal”, dijo Bernard Arnault, director del grupo Louis Vuitton (LVMH), que en 1988 compró la marca Givenchy. Por su parte, la propia casa de moda Givenchy, fundada en 1952, lo recordó como “un caballero que simbolizó la elegancia parisina durante más de medio siglo”.

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Durante una exhibición en su honor en el Museo de Encaje y Moda de Calais (Francia), el año pasado, Givenchy dijo: “Estoy feliz porque hice el trabajo que soñé de niño”. Murió en el Renaissance château que compartía con su pareja cerca de París. “Su funeral se celebrará en la intimidad más estricta”, concluyó Venet a través de un comunicado.

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Givenchy en la boda del príncipe Carlos Felipe de Orleans y Diana, duquesa de Cadaval.

El eterno aprendiz

Givenchy nació el 20 de febrero de 1927 en Beauvais (noroeste de París), en el seno de una familia aristocrática –su padre murió cuando él tenía dos años–. Creció admirando la belleza y elegancia de su madre, de quien heredó su atractivo y encanto, y las telas y disfraces de la fábrica de su abuelo.

En su adolescencia descubrió la impresionante obra del diseñador español Cristóbal Balenciaga, y decidió seguir sus pasos, pese a que su familia quería que fuera abogado. En aquellos tiempos, la profesión de couturier no era bien vista. Al acabar la Segunda Guerra Mundial, viajó a París con la esperanza de conocer a Balenciaga y enseñarle sus diseños. No lo consiguió, pero el viaje no fue en vano: en 1945, a los diecisiete años, estudió en la Escuela de Bellas Artes de París, donde su talento y elegancia le permitieron adaptarse rápidamente al mundo de la moda.

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Junto a la relacionista pública y modelo Bettina Graziani, en París, en 1952.

El eterno aprendiz, como se autodenominaba, empezó a trabajar en los talleres de Jacques Fath. También lo hizo con Christian Dior y Elsa Schiaparelli. Para ella creó piezas sueltas y fáciles de combinar, el paso previo al prêt-à-porter de lujo que creó en 1954.

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En su primer desfile con la Maison Givenchy, presentó una colección en blanco y negro, y su primer best-seller fue la blusa Bettina, de algodón y volantes de broderie anglaise, inspirada en la modelo Bettina Graziani.

Poco después, en un coctel en Nueva York, conoció a Balenciaga, treinta y dos años mayor que él. Fue su mentor, amigo y casi un padre. Balenciaga recomendaba a sus clientas visitar a Givenchy. De él tomó el uso del color negro y aprendió que “el vestido debe acomodarse al cuerpo de la mujer, no el cuerpo de la mujer a las formas del vestido”. Fue tal su admiración por el modisto español, que en 1994 presidió la Asociación Promotora de la Fundación Cristóbal Balenciaga e impulsó la creación del Museo Balenciaga, fundado en 2011.

Conoció a Audrey Hepburn durante las pruebas de vestuario de la película Sabrina, en 1953. Hepburn usó un vestido negro con un escote alto que cubría sus clavículas, que pasó a conocerse como decolleté o escote Sabrina. Desde entonces desarrollaron una amistad que traspasó las pantallas. Al año siguiente, la película ganó el Oscar a Mejor Vestuario. Edith Head, una de las diseñadoras de vestuario más importantes, recibió el premio, pero no reconoció a Givenchy. Se dice que desde ahí la actriz exigió que el francés diseñara la ropa de todas sus películas.

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El diseñador francés junto a su colega Yves Saint Laurent y la musa de este último, Loulou de la Falaise.

Otras celebridades como Elizabeth Taylor, Greta Garbo y Marlene Dietrich también vistieron creaciones de Givenchy. Pero sus diseños no solo fueron protagonistas de décadas pasadas: este año, Chadwick Boseman, actor de “Black Panther”, y Gal Gadot, de “Wonder Woman”, lucieron sus diseños en la alfombra roja del Oscar.

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Sus últimas colecciones las presentó en 1995, con Yves Saint Laurent, Valentino y Paco Rabanne en primera fila. “La vida es como un libro. Hay que saber voltear la página”, dijo al retirarse. Primero lo sustituyó John Galliano, y luego Alexander McQueen, Julien MacDonald y Riccardo Tisci, diseñadores a los que –dijo– nunca entendió. En 2017 asumió el rol una mujer, Clare Waight Keller, del grupo Chloé.

Tres años antes, cuando el Museo Thyssen de Madrid inauguró una exposición sobre su trayectoria, Givenchy afirmó sin disimulo: “Diría que ya no hay elegancia. Incluso entre las clientas que me dieron su confianza cuando las veo hoy”. “Su trabajo sigue siendo tan relevante ahora como lo era entonces. Lo extrañaremos mucho”, sentenció la Maison Givenchy