Alberto Rebaza y Ginette Lumbroso convierten el coleccionismo en un estilo de vida, y nos muestran cómo vivir rodeados de arte sin que se pierda la calidez del hogar. Su catálogo de arte contemporáneo determina la arquitectura y la decoración del departamento, y también la vida cotidiana de su familia.

Por Rebeca Vaisman

Fotos de Gonzalo Cáceres Dancuart

Ginette Lumbroso y Alberto Rebaza

Hace cinco años, Sebastián acompañó por primera vez a sus padres a una feria de arte internacional. Tenía solo tres años cuando Alberto Rebaza y Ginette Lumbroso lo llevaron consigo a Bogotá para ArtBo. Tras uno de esos largos días en la feria, la familia terminó en una reunión privada del coleccionista colombiano Alejandro Castaño. Sebastián era el único niño entre todos los adultos, pero no hubo oportunidad para que se aburriera: se la pasó recorriendo la casa llena de obras de arte, encontrando piezas parecidas a las que estaban en su propio hogar de Lima. “¡Papá, esto es como el nuestro!”, gritaba con entusiasmo, identificando artistas, materiales y estilos. Alberto Rebaza no pudo dejar de sorprenderse ante la mirada de su hijo.

Rebaza es dueño de una de las colecciones más importantes de arte latinoamericano reciente. Pero esta no es una presencia pomposa en su hogar, sino un proceso creativo en el cual todos los miembros de la familia participan. Hace poco, la opinión de Micaela, de 19 años, terminó de convencer a Ginette de adquirir una pieza particularmente difícil del mexicano Ricardo Rendón. La escultura de fieltro, que invita a ser tocada, ahora da textura al comedor principal. La curadoría del espacio admite varias voces.

Alberto Rebaza descubrió el arte contemporáneo cuando era un estudiante  en Virginia que viajaba con frecuencia a Nueva York y Washington, y visitaba galerías y exposiciones. Hoy, el abogado financiero es miembro del Comité de Adquisiciones de Arte Contemporáneo del Museo de Arte de Lima. “Muy aparte del interés que tenemos por la obra de arte misma, nosotros nos rodeamos de piezas con las que tenemos una conexión”, explica el coleccionista sobre su espacio vital. Así, un cuadro puede ser también el recuerdo de un viaje, y una escultura, el inicio de una relación de amistad con el creador o el galerista. El arte que rodea a los Rebaza reproduce también el dinamismo y la energía que la familia ha elegido como estilo de vida.

Galería íntima

Antes de mudarse al departamento en el edificio diseñado por el arquitecto Mario Lara, Alberto y Ginette pasaron más de una noche dibujando sus propios planos, tratando de definir la ubicación de sus obras de arte en el nuevo espacio. Sin embargo, en los cinco años que han ocupado el departamento sanisidrino, las piezas han cambiado de sitio muchas veces: haciendo lugar para obras nuevas o intercambiándose con otras en la casa de playa y en las oficinas de Rebaza. “Nosotros vivimos con el arte. Tenemos obras en nuestro dormitorio, en el baño… hasta en el clóset”, afirma Ginette. “Nos encanta cambiarlas de lugar porque, al hacerlo, renovamos nuestra energía”.

Alberto Rebaza admite que las piezas no pueden dejar de moverse: cada nueva adquisición y cada nuevo cambio inicia una conversación distinta entre las piezas. Además, cuando una obra de arte nueva llega a sus manos, quiere tenerla cerca. Disfrutarla. “La interacción que se puede tener con el arte no es estrictamente contemplativa”, reflexiona el coleccionista. “No se le debe temer al contacto o al movimiento, sobre todo con el arte contemporáneo. Nosotros no somos formales con las piezas, y queremos quitarle seriedad al coleccionismo”. No busca la apreciación, sino la convivencia.

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Al haber comprado el departamento aún en planos, pudieron pedir ciertos ajustes a la arquitectura. Preferían un espacio abierto, tipo loft.
Sobre todo, les interesaba asegurarse grandes paredes y superficies que sirvieran como bastidores a la colección. En cuando al diseño de interiores, se requería una propuesta neutral, de colores y formas que no interrumpieran la fuerza del arte. Con ayuda de las arquitectas Kathy Grimberg y Ondine Schvartzman, el departamento se vistió sobriamente con madera, blancos y grises. Se prescindió casi por completo de alfombras y adornos, y se optó por tener la menor cantidad de mobiliario posible. Sin embargo, tanto Alberto como Ginette son apasionados del diseño, y han cuidado la breve selección. Como última adquisición, están esperando la llegada de unos muebles brasileños de madera y cuero: cálidos, cómodos y mullidos. Como para sentarse durante horas y disfrutar la galería personal.

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