Hasta la fecha, son pocos los países que, oficialmente, pueden disfrutar de Pokémon Go, la aplicación que ha puesto el mundo de cabeza. Ni siquiera su creador, John Hanke, acostumbrado a éxitos mundiales y al colapso de servidores, esperaba semejante acogida.

En 2000, fundó Keyhole Inc., empresa con la que desarrolló Earth Viewer 3D, y cuatro años después la vendió a Google por 35 millones de dólares, lo que le significó al gigante de internet el acceso a un gran mapa digital colmado de imágenes satelitales, piedra angular de lo que sería Google Earth y Google Maps.

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Pero Hanke continuó en busca de nuevos retos. “Quería construir una aplicación para incentivar a las personas a conocerse en el mundo real”, declaró para la revista del Haas School of Business, de Berkeley. Así fue como creó la compañía Niantic y, en 2012, lanzó Ingress, un juego de agentes y portales dispersos por toda la ciudad, cuyo eslogan es “It’s time to move”. “El éxito no ha llegado de la noche a la mañana”, dijo el exvicepresidente de Product Management de Google en entrevista con “Time”.

“Empezamos a trabajar en esto desde 2011, y todos los meses tenemos eventos en ciudades alrededor del mundo; solo en Japón, vamos a congregar a más de diez mil personas. Gracias a ello, vimos cómo se desenvolvían las comunidades, y cuando entendimos la dinámica, nos animamos a crear Pokémon Go. Estamos conscientes de todo lo bueno que puede traer consigo: el movimiento, el ejercicio físico que implica, descubrir nuevos lugares, el aspecto social…”.

Este cambio en la interacción entre jugadores, sumado a la imprudencia de muchos, ha causado más de un problema o situación extraña, aún cuando la aplicación es clara desde que se inicia: “Recuerda estar siempre alerta. Presta atención a lo que te rodea”. El 10 de julio, Shayla Wiggins, una chica de 19 años de Wyoming, descubrió que al costado del pokémon de agua que iba a capturar en el río Winds había un cuerpo humano flotando; cinco días después, en Pensilvania, Autumn Daiseroth, de 15 años, fue atropellada por un automóvil mientras jugaba; y hace unos días, en Baltimore, un usuario del juego se estrelló contra una unidad de policía por estar concentrado en su smartphone mientras manejaba. “Esto me pasa por jugar este tonto juego”, dijo en un video que compartió la cuenta oficial de Twitter del departamento de policía de la ciudad. Pero no todo es negativo. Lo demuestra el caso de una pareja de Michigan que, gracias al juego, notó que una casa se incendiaba y, al dar la alerta, logró que se salvara el perro que estaba en el interior.

“Al final del día, es la comunidad quien crea la historia”, afirma Hanke. “Cuando los periodistas se pregunten por qué hay personas jugándolo o les parezca raro que lo hagan en medio de la noche, la respuesta será que el juego les ha cambiado la vida, que ahora conocen a más personas y ven el mundo de una manera distinta. Esto es lo que Pokémon Go genera. Por supuesto que hay un elemento fantástico que lo hace interesante, pero en realidad todo es para mejorar la experiencia de salir a caminar o hacer algo con los amigos. Nos hemos enfocado en eso, y estoy muy seguro de que va a prevalecer sobre los aspectos negativos. Al final del día, hemos hecho algo bueno”.

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