Mariana Costa tiene 30 años, es emprendedora social, cofundadora de Laboratoria, donde empodera a jóvenes mujeres con una educación de calidad; también es mamá de una bebé de dos meses.  Acaba de compartir panel con Barack Obama y Mark Zuckerberg en el Congreso Global de Emprendedores. De su empresa han egresado más de 200 desarrolladoras web, y este año se gradúan 300. En promedio, el 70% de ellas consigue un empleo que triplica sus ingresos.

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¿Llevas bien la maternidad primeriza?
Sí, fue duro, mis respetos a las madres del mundo, pero estoy superfeliz. Ya pasó la primera parte, que es un poco caótica, ya estamos acomodados. Lo bueno es que tengo flexibilidad, no he dejado de trabajar, estoy conectada desde mi casa. Pero todavía estoy viendo cómo van a ser las cosas. Voy a tener que adaptar a mi hija a mi vida, también. Viajo bastante por trabajo; y ella va a tener que viajar conmigo.

En 2004 escribiste una emotiva “promesa al Perú”, antes de irte a estudiar a Londres. “Crecí en un Perú llamado Lima. En una Lima mejor conocida como Monterrico. Noblezas sin títulos, reyes sin coronas”, escribiste allí. ¿Alguna vez te pesó pertenecer a una familia acomodada en un país como el nuestro?
Creo que siempre lo sentí como una responsabilidad. Crecer en una ciudad que tiene extremos, y a la gran mayoría de la población viviendo en circunstancias bastante menos acomodadas que las que yo tenía siempre me dejó una sensación de “algo tengo que hacer para tratar de generar más oportunidades como las mías”.

“Perú, hoy me comprometo a dedicar mi vida a luchar por enriquecer a tu gente, por cultivar las almas que yacen en ti”, escribiste. Doce años después, ¿sientes que estás honrando esa promesa que le hiciste al país?
Creo que sí, es bonito pensarlo. Me encantó vivir en todas las partes en que viví, y hay un montón de cosas que extraño, pero me siento muy feliz de haber regresado.

A los 18 años, ¿imaginabas que a los 30 lograrías lo que has conseguido?
Siempre tuve la ilusión de hacer algo que fuese más allá de mí misma. Eso lo tuve claro y siempre traté de encontrar la forma de que mi trabajo fuera algo que pudiera generar un impacto; eso también me hace feliz. Pero no me imaginaba cómo, y creo que nunca me hubiera imaginado que iba a ser así. De repente, me hubiera imaginado trabajando en el gobierno o en un organismo internacional… Hace relativamente poco tiempo, el término “emprendedora social” ni siquiera existía. Ha sido bueno descubrir ese espacio y darme cuenta de que yo misma puedo generar ese cambio.

¿Considerarías la idea de incursionar en la política peruana?
Si bien me gusta la política, y creo que es superimportante estar informado, siento que ahora donde puedo hacer más es donde estoy, y no me gustaría poner eso en riesgo. Pero más que en política, tal vez en un futuro sí me llamaría la atención tener alguna experiencia en la gestión pública.

Acabas de estar presente como panelista en el Congreso Global de Emprendedores, rodeada por el hombre más poderoso del mundo y el joven más multimillonario del planeta. ¿Qué impresión te llevaste de las versiones en carne y hueso de Barack Obama y Mark Zuckerberg?
La verdad que superbuena. De Obama soy fan total, me encanta como político. Fue lindo ver su sencillez, estaba genuinamente interesado en mi trabajo y en el de los otros dos chicos que estaban en el panel. Es chévere ver a quien probablemente sea el hombre más poderoso del mundo tan “down to earth”, y Mark Zuckerberg también fue muy simpático con nosotros.

¿Conversaron algo fuera del panel?
Un rato, sí. Primero estuvimos con Mark como unos quince minutos; nos contó sobre la apuesta de Facebook por la conectividad, nos preguntó cómo funcionaba este tema en nuestros países, y hablamos un poco de la coyuntura mundial. Con Obama estuvimos unos cinco minutos. Fue chévere ver que cuando nos saludó, había leído un poquito de nosotros, había hecho su tarea, digamos. Y nada, se echó un par de bromas con Mark y luego fuimos al panel, y al final Obama nos contó que al salir de la presidencia, quisiera poner algo así como una fundación para trabajar con emprendedores sociales alrededor del mundo.

O sea que, de pronto, en un futuro trabajan juntos…
¡Ojala! Yo voy a estar ahí, pendiente. Cuando salga, le voy a mandar un correo.

Por Mariano Olivera La Rosa