En su primera entrevista con la prensa peruana tras su travesía en el Perú, Oliver Sonne cuenta detalles de cómo llegó a formar parte de la selección peruana. ¿Cómo vivió su encuentro con el Perú pese a no haber hecho su debut oficial? ¿Vestirá la camiseta de la selección peruana en la próxima fecha doble ante Bolivia y Venezuela? El reportaje incluye una sesión con fotografías nunca antes publicadas y detalles inéditos contados por sus propios padres, Anita y Morten Sonne; el origen de la sangre peruana revelado por su abuela materna Elsa Christensen; y el estrecho vínculo con el modelaje explicado por su agente Cesar Perin.

Por Kike La Hoz Fotos Cesar Perin y archivo familiar

Antes de poner un pie en Lima, antes de recibir su DNI, antes de reunirse con Juan Reynoso en Copenhage, antes de ser descubierto en internet, Oliver Sonne era tan solo un chico danés con una abuela peruana. Ese país andino al otro lado del Atlántico era apenas la elección casual y esporádica en un juego de FIFA en PlayStation o el sabor de un plato de nombre desconocido con ingredientes indefinibles que paladeaba cada vez que visitaba a la ‘Abuelita’ el fin de semana.

Mientras en el Perú pocos se resistían a entregarse a la fiebre mundialista desatada por la selección de Ricardo Gareca, Oliver Sonne vivía su propio mundial fuera de Dinamarca. Entre mediados de 2017 y el inicio del certamen en Rusia 2018, el chico danés, que había crecido con el sueño de volverse futbolista algún día, empezaba a descubrir que podía serlo como David Beckham. Las principales pasarelas del mundo pasaron a ser su campo de juego preferido. En Milán, París, Nueva York y Madrid, las camisetas, los shorts y los chimpunes cedieron su lugar a casacas Calvin Klein, poleras JW Anderson, camisas Fendi, zapatos Loewe, chaquetas Isabel Marant y cárdigans Massimo Dutti.

La portada de otoño-invierno 2017 de “Vogue Hommes”, publicada pocas semanas antes de que la selección peruana lograra su clasificación, lo presentaba como la nueva aparición del modelaje internacional. “Sus ojos azules como lagos, una nariz esbelta y recta, cabello castaño dorado cortado en una melena hasta los hombros y una mirada desconcertantemente andrógina que está muy de moda”, así lo describía. Los flashes de los famosos fotógrafos de moda Inez & Vinoodh parecían iluminar su destino. Mientras los peruanos pensaban en Francia como el rival más difícil del grupo mundialista, Oliver ya había conquistado París como imagen de la campaña primavera-verano 2018 de Loewe. El célebre fotógrafo Steven Meisel lo convertía en un rostro inolvidable.

Oliver Sonne

Oliver Sonne en la portada de Vogue Hommes.

 

A fines de 2017, Nueva York lo veía posar para el lente de su tía Helena Christensen, ex miss Dinamarca 1986 y top model de Victoria’s Secret. La Semana de la Moda en la Gran Manzana lo esperaba junto a su primo Mingus Reedus, hijo del actor Norman Reedus, de la serie “The Walking Dead”. Las pasarelas habían desplazado al fútbol en sus pensamientos. “Empecé a creer que nunca llegaría al punto en el que podría convertirme en profesional”, diría en julio de 2018 a CNN Sport, pocos días después de que la selección peruana perdiera en su debut mundialista ante Dinamarca. El Perú era apenas una idea estacionada en ese conjunto de recuerdos que jamás desaparecen, pero que tan solo se activan sutilmente con una mención ocasional. Una curiosidad entrañable.

La familia de Oliver Sonne, compuesta por sus padres Morten Sonne y Anita Christensen, y su hermana mayor Sarah-Sofie.

Cinco años después, todo ha cambiado. Oliver redescubrió el fútbol. La selección peruana no pudo clasificar nuevamente a un mundial. Oliver decidió priorizar las canchas en lugar de las las pasarelas. La selección peruana empezó a generar dudas. Oliver fue descubierto por el youtuber Cristhian Hinostroza. La selección peruana decidió convocarlo tras un año de gestiones. Y entonces, los caminos de ambos se cruzaron en Lima por primera vez. El lateral derecho del Silkeborg IF de la Superliga danesa se reconectó con ese origen peruano que sonaba a leyenda familiar. “Siempre he sabido de dónde vengo, pero nunca había pensado que era una posibilidad ir al Perú y jugar por ellos”, diría meses antes en una entrevista con Discovery+. “Todo sucedió de manera rápida”.

Demasiado rápida. Un vuelo procedente de Ámsterdam. Un mar de manos en su llegada al aeropuerto Jorge Chávez. Abrazos de sus compañeros en el hotel Hyatt Centric de San Isidro. Saludos en spanglish de Yoshimar Yotún. El anuncio de que estaría en la banca ante Chile. Su primera conferencia. La exclusión de la nómina ante Argentina. Los goles de Messi. El descubrimiento de que ese país tan dulce del que le habló su ‘abuelita’ también suele enojarse. Un mar de periodistas detrás de él. Una camiseta número 13 en el bolso. Un ticket de avión de regreso a Dinamarca. Y aquí la primera entrevista a un medio peruano tras esos diez días enigmáticos en Lima que jamás olvidará.

¿Cómo te sentiste al llegar al Perú?

Fue una experiencia loca. Por supuesto, todos los fans fueron muy amables y dulces al estar allí cuando llegué al aeropuerto. Fue una gran experiencia para mí. Abrumadora.

¿Así te imaginabas que sería el país?

Mi abuelita decía que la gente era muy amable y muy acogedora. Entonces, esperaba que la gente me mostrara mucho amor. Pero me sorprendió que hubiera tantos fans, especialmente en el aeropuerto, pero también en Instagram, enviándome mensajes de texto sobre lo mucho que quieren que represente a su país. Fue único.

¿Qué te contó tu abuela sobre el Perú?

Ella dijo que la comida es increíble, primero que nada. Dijo que la gente tiene sus emociones muy a flor de piel. Muestran mucho amor cuando las cosas van bien. Y, por supuesto, pueden ser bastante rudos si las cosas no van bien. Eso es bueno, es parte de nuestro negocio en la industria del fútbol.

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