Carlos Alcántara es actor, productor ejecutivo, fotógrafo aficionado, esposo de la bailarina Jossy Lindley y padre de Gianfranco (29) y Lorenzo (19). Bajó diez kilos para interpretar a Ignacio en Siete semillas, la más reciente producción de Tondero, y ya alista otras tres películas para 2017. Pese a que lleva tres décadas actuando, dice que aún le falta mucho por recorrer como actor y también como futuro director.

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¿Te preocupa lo que pueda decir la crítica sobre tu trabajo?
Cuando leo una crítica con la que no estoy de acuerdo, trato de pronunciarme, pero, por salud, me han dicho que no responda; que pase saliva y que… Todo el mundo tiene derecho a opinar, pero no a malinformar ni a insultar. Puedes hacer una crítica aguda, pero no con el hígado.

Te has sentido insultado.
Si decirme “pelado de mierda” es un insulto… o “me tiene podrido este huevón; en todas las películas sale”.

¿Te refieres a críticas serias?
Sí, de cinéfilos, de críticos de cine… Insultan al director, a los guionistas… No creo que sea necesario. Todos tienen derecho a hacer el tipo de película que quieran; si quieres llamarla “comercial” y, al llamarla así, crees que estás insultando, estás mal, pues.

A propósito de cine comercial, ¿te gustaría hacer más cine “de culto”; quitarte la etiqueta de “actor taquillero”?
Mira, entre “Asu Mare 1” y “Asu Mare 2”, hice “Perro guardián”, que es una película seria que me dio la posibilidad de ganar un premio como Mejor Actor Latinoamericano en Málaga, y es curioso, porque eso es lo que siempre soñé: ganarme un premio algún día. Ahora no pienso así; me interesa hacer personajes que me saquen de mi zona de confort, que me exijan y me permitan verme distinto, y aprender con los directores y con actores de otros países. En eso estoy ahorita. Me fascina el cine, quiero terminar dirigiendo… Mi carrera está planificada para mucho, muuucho tiempo. No estoy interesado en hacer cine con poca inversión en un buen guion, en una buena dirección, en una buena fotografía, nada más que con un personaje popular y pensando en llenarse de plata. Yo no hago ese cine.

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Siempre has hablado de tu ego, de lo grande que es; de lo presente que está en ti. ¿Cómo va esa lucha?
Siento que el ego es una voz interior que te va hablando y haciendo ver cosas que no existen. Es algo interno, intenso, que te puede dañar y puede dañar a los que te rodean. Yo entendí eso y trato de controlar mi ego a diario. Todavía sigo pisando el palito, pero mucho menos. Ya sé hacia dónde apuntar, y a qué no tengo que hacer caso. Pero es bien difícil. Tengo que poner la cara; me tengo que bancar todas las críticas. Si la película no gusta, me cae a mí, y tengo que pelarle los dientes a todo el mundo, ir a los canales, a las entrevistas, a promocionar la película… y sé que al darme media vuelta, viene el machete, el raje… pero estoy forrado. Duele, pero menos. Me he puesto el mejor traje de toda mi vida: va de adentro hacia afuera. Me la pasé poniéndome armaduras y la máquina no estaba funcionando bien. En ese proceso estoy. Venía buscando, a gritos, una tabla de salvación para entender de qué se trata… Digo: hemos hecho películas muy populares, reconectado al público con su cine; tratamos de hacer un trabajo profesional… y nos siguen macheteando.

¿Te sientes exitoso?
Ahora veo el éxito de otra manera. Puede ser muy simple, compuesto de pequeños procesos y objetivos cercanos que se cumplen.

¿Antes cómo lo veías?
Antes… todo mal, mal… Era lo tangible, “¡aaaah, cuánto ha logrado, cuánto tiene, cuánto lo conocen, cuánto vale su opinión!”… Es bien loco, el proceso que he tenido. De chico, me veía muy guapo; después, me veía horrible, flaco, narizón, frentón; todo era externo… Esto que te voy a decir no tengo vergüenza en decirlo: ahora no hay forma de que me vea mal, porque me siento bien, desde adentro hacia afuera. Soy feliz con lo que me dio la vida, físicamente me acepto y, al aceptarme, estoy cómodo conmigo mismo. La gente a veces no toma conciencia de lo importante que es sentirse bien como persona.

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Lo paradójico es que la fama te motivó a ser actor. Querías ser famoso. Hasta que dejaste de disfrutarla para padecerla.
Totalmente. Ya cumplí la tontera de niño de querer ser actor para tener fama, dinero y chicas. La fama es linda si la sabes llevar bien, pero si te come, te mata. Y a mí me mató. Hasta hace un año quería dejar todo… Y hasta ahora es un poco incómodo, en el sentido de que no soy el actor que puede negarse a una firma o a una foto. Me tomo la energía que corresponde, me paro, abrazo a la persona, y creo que lo hago porque soy agradecido… Salvo que esté en un velorio; detesto que me pidan fotos en un velorio.

Ignacio, tu personaje en “Siete semillas”, en una escena dice: “No conozco a mi hijo”. Como un reproche. Tú has dicho: “En muchos momentos de mi carrera pensé en mí, en mí y en mí. Me he perdido buena parte de la crianza de mis hijos”. ¿Hoy te consideras un buen padre?
Ahora me considero un buen padre porque sé lo que es ser un buen padre. Si retrocediera el tiempo, estaría aún más presente en su vida, sobre todo en la época más difícil de la crianza, en los primeros años; hubiera trabajado menos y ayudado más a mi esposa… Más con un niño con necesidades especiales. Hay que decir las cosas, y lo hago con tranquilidad; mis hijos lo leen y saben que ahora trato de ser mejor padre.

Por Mariano Olivera La Rosa

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