Por mi trabajo como surfer profesional, viajo al menos veinte veces al año. Es parte de mi vida; me encanta. Y, desde hace cinco años, voy todas las temporadas a Hawái, en la época en la que hay más y mejores olas, entre octubre y marzo. Regreso a Lima para pasar la Navidad y el Año Nuevo, pero vuelvo a Hawái los primeros días de enero para el primer campeonato en Pipeline, una de las olas más agresivas y tubulares no solo en Hawái, sino en todo el mundo. Siempre que voy, me quedo en la casa Volcom, frente al mar, y, desde mi cama, veo las olas de Pipeline. Nada me obstruye la vista.

La temporada de olas más esperada por los tablistas de todo el mundo tiene lugar en Hawái, un paraíso terrenal difícil de comparar.

Hay dos formas de llegar a Hawái. Lo que casi todo el mundo hace es viajar vía Los Ángeles hasta Honolulu. La otra es ir por Dallas. Esas son las más cortas (en promedio, son catorce horas de vuelo desde Lima). Yo siempre trato de hacer el trayecto Lima-Los Ángeles de noche. Duermo todo el vuelo y llego temprano y descansado para subirme al otro avión. Y a Hawái llego a media tarde, para ver el sunset o correr unas olas.

En los años cincuenta, el Aeropuerto Internacional de Honolulu era uno de los más transitado de Estados Unidos.

La vibra es alucinante: Hawái es un sitio diferente. Es un lugar donde históricamente un montón de tablistas van a medirse y a hacerse notar. La onda es increíble, la gente es muy buena; siempre hay una mano dispuesta a ayudar. Pero los últimos años se ha llenado de gente, sobre todo en el mar. La localía en el surf existe y, mientras más gente pugna por las olas, los locales se inquietan y se ponen un poco agresivos.

“Siempre que voy, me quedo en la casa Volcom, frente al mar, y, desde mi cama, veo las olas de Pipeline. Nada me obstruye la vista”. (Foto de Chris Rivera)

La regla número uno en este deporte es que siempre tienes que esperar tu turno. Es como entrar a la casa de alguien. Eres el invitado y tienes que hacer lo que te dice el local. Felizmente, con los años, me he ido ganando un puesto y ya los conozco a todos; por eso, esta última temporada fue cuando más y mejores olas agarré. Además, pude competir en la Triple Crown y en el campeonato de Volcom, y tuve la oportunidad de viajar dos veces a Jaws. La primera fui con Kodiak Semsch y Sebastián Correa. Fuimos a conocer la playa y a ver el ambiente. Y la segunda fui con Álvaro Malpartida y José Plaza. Fue una experiencia que nunca voy a olvidar. Jaws es una ola enorme, de las más grandes del mundo, y no revienta siempre, pero esa vez lo hizo.

Miguel Tudela

Miguel participará en el primer campeonato del año en Pipeline. (Foto de Andrew Christie)

En general, antes de ir a pasar la temporada allá, cuido mi alimentación lo más que puedo, trato de no excederme con la comida, y preparo mi rutina de entrenamiento para los diferentes campeonatos en los que participo durante el año. Hago gimnasio, piscina y entrenamientos en el mar.

Si alguien está yendo a Hawái por primera vez, le diría que aproveche el momento, que observe y aprenda, que la ola llegará.

Por Miguel Tudela

Publicada originalmente en Buenavida n° 1